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Cuentos sin palabrotas

CUENTOS SIN PALABROTAS, ANTOLOGÍA DE CUENTOS VENEZOLANOS Alfaguara, serie roja. Compilador: Fedosy Santaella. Pedro Emilio Coll José Rafael Pocaterra Leoncio Martínez Julio Garmendia Salvador Garmendia Ednodio Quintero Francisco Massiani Armando José Sequera Arturo Uslar Pietri Otrova Gomas Eduardo Liendo Laura Antillano Gabriel Jiménez Emán Roberto Echeto Enrique Enríquez Milagros Socorro Omar Mesones Eloi Yague Mireya Tabuas En este libro están prohibidas las PALABROTAS. Pero no te creas que las PALABROTAS de las que hablo son ésas que conocemos como groserías, palabras gruesas, gazapos, improperios, insultos, sapos, culebras y no sé cuántas denominaciones más. Para mí, las PALABROTAS son las palabras que algunos usan para que la gente crea que son GRANDES escritores. Es decir, hay quienes usan palabras tan altisonantes que parecieran haber hecho un doctorado en pomposidad, palabras como muy maquilladas que se presentan cual señores en trajes de gala y caminando con zapatos de charol...

Las peripecias inéditas de Teofilus Jones (fragmento)

Entonces algo cambió. El ejército tomó las calles. Hubo tanques en todas las esquinas y botas en todas las puertas. Cada maniobra, cada acto, cada atropello y cada exceso, tuvo una razón de ser. Única, exclusiva, inextricable. Todo se justificó por la falta de lluvias, por la falta de agua, por el racionamiento, por el bien de la Nación. La matanza de las mascotas, por la falta de agua; el horario reducido de la corriente eléctrica, por falta de agua; el cierre de clínicas, universidades, canales de televisión y de periódicos, por falta de agua; la barba y el uniforme, por falta de agua; la reubicación de los ciudadanos, por falta de agua; el racionamiento de la comida, por falta de agua… No había argumento que pudiera rebatir semejante excusa. ________ Las peripecias inéditas de Teofilus Jones. Fedosy Santaella, Alfaguara, 2009.

De los ingleses y los franceses en 1878

El tomo VIII del libro T he Society of Arts Artisan Reports on the Paris Universal Exhibition of 1878 dedicado a las imprentas, nos presenta un interesante y minucioso detalle sobre los distintos países que llevaron su tecnología editorial a París. El reporte está hecho por los ingleses William Bright y Peter Lowson, y fue publicado un año más tarde del gran evento (1879). Bright nos dice que la exposición fue «extremely poor» en lo que atañe a la impresión, y nos cuenta que, aun así, los franceses fueron los más destacados. Las descripciones más interesantes que Bright nos regala son las de las máquinas de M. Marinoni, «eminent mechanichian». Son tres, y una de ellas, la «Petit Journal», puede imprimir 40.000 mil ejemplares en una hora. Dice también que aquellas máquinas son manejadas por jóvenes aprendices, huérfanos de un orfanato ubicado en Auteuil. Pero lo realmente interesante se encuentra hacia el final del libro, y corre por cuenta de Lowson. Luego de que nuestro inglés descr...

Eleazar

Eleazar fue uno de los primeros que creyó en mí. Lo conocí en la Central, fui su alumno de taller de narrativa. Yo iba poco a sus clases, no por él, sino porque en ese entonces yo no hacía más que beber. Él me dijo al final: «Te puse 16, hubieras podido salir mejor, pero nunca ibas». Luego empezamos a salir. Anduvimos por el O Gran Sole. Allí, una vez, recitó de memoria un poema de Fayad Jamis que hablaba del sombrero de un hombre en París, ¿o de un ahorcado en un café? Sí, se trataba de «El ahorcado del café Bonaparte». Fue la primera vez que escuché a un poeta recitar a otro poeta. Eleazar tenía una memoria poética excepcional, seductora, y además era igualito a Omar Sharif, pero de baja estatura. Su voz, su voz era la que debía tener un poeta. Profunda, con ribetes de bosque y de riachuelos. Voz de místico sereno y de loco iluminado. También estuvimos por Tío Pepe, y por el Triana Tropical. Terminábamos en la madrugada en una arepera de El Rosal, tomando hervidos de carne. Eleazar ...

LA COMPLEJA SIMPLICIDAD DE ENSEÑAR NARRATIVA

Práctica y estudio En ese extraño y descabellado trabajo de intentar la enseñanza de la escritura narrativa, me he encontrado con ciertas necesidades que la gente tiene. Y cuando hablo de gente, me refiero a personas que no son licenciados en Letras, o escritores noveles con algunas pretenciosas habilidades. Me refiero, cuando hablo de gente, a ingenieros, abogados, contadores, personas de profesiones científicas o humanísticas que nada tienen que ver con la escritura creativa. Cuando esta gente comienza a escribir, se enfrenta a algunos problemas fundamentales de la práctica, y por supuesto, con más de un prejuicio. Claro, uno también choca contra esos prejuicios, y es toda una lucha sacárselos de encima. Pero digamos antes que todo esto está basado en mi experiencia personal. No pretendo el dogma, ni mucho menos. Así he ido yo trajinando por esa vía, y esto he aprendido, siempre a la par de mis ideas y concepciones literarias, siempre desde la honestidad. Así que nada de lo dicho ac...

Paradojas de la estulticia

"Respeta, imbécil", escribió el anónimo.