Ir al contenido principal

De los ingleses y los franceses en 1878



El tomo VIII del libro The Society of Arts Artisan Reports on the Paris Universal Exhibition of 1878 dedicado a las imprentas, nos presenta un interesante y minucioso detalle sobre los distintos países que llevaron su tecnología editorial a París. El reporte está hecho por los ingleses William Bright y Peter Lowson, y fue publicado un año más tarde del gran evento (1879).

Bright nos dice que la exposición fue «extremely poor» en lo que atañe a la impresión, y nos cuenta que, aun así, los franceses fueron los más destacados. Las descripciones más interesantes que Bright nos regala son las de las máquinas de M. Marinoni, «eminent mechanichian». Son tres, y una de ellas, la «Petit Journal», puede imprimir 40.000 mil ejemplares en una hora. Dice también que aquellas máquinas son manejadas por jóvenes aprendices, huérfanos de un orfanato ubicado en Auteuil.

Pero lo realmente interesante se encuentra hacia el final del libro, y corre por cuenta de Lowson. Luego de que nuestro inglés describe muy seriamente todas las maquinarias que observó, se detiene de pronto, en los últimos párrafos, a hacer una comparación entre los ingleses y los franceses. Dice Lowson, por ejemplo, que cuando un hombre y una mujer de la clase trabajadora inglesa se casan, la mujer deja su trabajo y se dedica al cuidado del hogar, de su marido y más adelante de los hijos. Luego, con molestia, nos informa que las mujeres francesas no dejan de trabajar, y que cuando tienen hijos, los meten en guarderías, donde pagan 30 o 40 francos y a veces un kilo de azúcar por mantenerlos allí. Nos dice además que los niños están en esa situación hasta aproximadamente los 4 años. Preocupado, también nos cuenta que muchas muertes han ocurrido «in this system of baby farming». Lowson no se explica mayormente, lo que resulta lamentable. No obstante, sí aclara que las autoridades están mirando más de cerca la situación.

Y así, Lowson continúa con su crónica, sin dejar de mostrar su creciente inconformidad y desacuerdo con el estilo de vida francés. Juzgo acá interesante transcribir lo que Lowson escribe:

«This manner of life, common amongst the working classes, appears to me to be altogether unsound. There is not that home feeling amongst them that there is with us; the greater part of the time is spent away from home, and home is but a place to sleep in. As both the husband and the wife are engaged at work in the day time, their meals are obtained at restaurants, or at the wineshops, and in the evening it is common to see the man and the wife meet each other there or come in together, and sit down at the table to enjoy their dinner.»

Cuando uno lee esto no puede dejar de pensar en nuestra vida moderna, en nuestros niños, en nuestros preescolares, en nuestros almuerzos afuera, en nuestros encuentros en restaurantes. Somos, sin duda, antiguamente modernos. Claro, también es interesante ver la concepción del rol de la mujer en las dos culturas, donde por supuesto, los ingleses no salen bien parados ante los ojos de las lectoras de hoy.

Tampoco pude dejar de pensar que nuestra herencia es definitivamente romance, latina. Porque sin duda, ese estilo de vida que el inglés describe, y con el cual está en desacuerdo, es muy parecido al nuestro, y muy distinto, hoy en día, al norteamericano, por ejemplo. Pienso pues en Vito Modesto Franklin, el duque de Rocanegras, así como en Guzmán Blanco y en nuestra pretendida París tropical. Veo allí una huella «francesa» (yo diría más bien latina, en contraste absoluto con la visión existencial del anglosajón) en nuestra cultura. Quizás me equivoco, posiblemente. No tengo todo el panorama ante mí. Lo que sí no deja de resultar maravilloso es esta crónica inglesa en torno a la «clase trabajadora francesa» de 1878. Un delicioso descubrimiento.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Bienal José Rafael Pocaterra

El presidente del Ateneo de Valencia, José Napoleón Oropeza, clausuró el día 14 de Julio el VIII Coloquio Latinoamericano de Literatura y dio a conocer a los ganadores de las Bienales José Rafael Pocaterra, Enrique Bernardo Nuñez y Canta Pirulero. El premio de la Bienal de literatura "José Rafael Pocaterra", mención narrativa fue para el libro "Postales sub sole" de Fedosy Santaella. El premio de la Bienal de literatura "José Rafael Pocaterra", mención poesía, para el libro "Al ras del vidrio" de Belkis Arredondo. El premio de la bienal de ensayo "Enrique Bernardo Nuñez" fue para la obra "Mundo de tinta y papel, la cultura del libro en la Venezuela Colonial" de Diego Augusto Rojas Ajmad. La bienal de literatura infantil "Canta Pirulero" se le dio a "Una gambeta y otras historias de fútbol" de Maén Carolina Puerta.

UN VAMPIRO EN MARACAIBO, HUMOR Y TERROR DEL SIGLO XXI

Disculpen la poca profundidad con que voy a empezar, pero no me aguanto las ganas de decirles que en esta novela hay una redada de burros. Sí, una redada policial, donde los burros no son los policías (aunque pudiera ser), sino donde estos mentados hombres de ley cercan, atrapan, arrinconan a unos burros pensando que atraparán a un brujo fugitivo que se transformó, precisamente, en jamelgo. Nada más cuando conocemos el título del libro, nos nace de inmediato una sonrisa cómplice. Uno dice: “No ya va, acá hay algo que no está bien. ¿Qué carajos tiene que ver un vampiro con una ciudad donde el sol y el calor son parte fundamental de la vida de sus ciudadanos, incluso de noche?”. Con Un vampiro en Maracaibo (Alfaguara, 2008), Norberto José Olivar ha unido mundos aparentemente incongruentes. De allí que su título nos extrañe y al mismo tiempo nos arranque esa sonrisa sabrosa: Los vampiros y Maracaibo son dos mundos contrarios, y quizás por eso, porque son dos mundos de remotísima o nula ...

Las arrecheras contra la Fundación

En la revolución paratópica todo debe ser hecho con arrechera. El héroe idealista revolucionario habla de vacaciones revolucionarias, y habla de ellas con arrechera. No son vacaciones por vacaciones, son vacaciones para vengar, para ocupar los espacios de los otros . El adepto revolucionario debe llegar a la playa con su cava, sus shores, sus niños y su señora y sentarse frente a una playa cristalina con arrechera, mirando feo a todo el mundo, como un perro rabioso que ha tomado un espacio a juro. Son vacaciones que no son vacaciones, son vacaciones con una misión. La misión seria, categórica, guerrillera, de ocupar el espacio que, según la paratopía , es un espacio usurpado (tramposamente) por los otros . Así que, con una misión tan importante, la idea del entretenimiento, del solaz, no existe; incluso es falta, error, pecado. Lo que existe es seriedad idealista revolucionaria y mucha arrechera. El adepto revolucionario debe estar en la playa, de vacaciones sí, pero arrecho. La arre...