sábado, mayo 02, 2015

Apeliotes





La niña cruzó la calle. Saltaba alegre en su sombra, y la seguía un remolino de hojas que la amaban. Iba tomada de las manos de sus padres, y aun así, era tan ella misma, tan completa y libre, tan frescor de río, granos, frutas y llovizna esperada. En esta tarde, aquella niña cruzó un campo, y no una calle.


miércoles, abril 22, 2015

Datoo


A Jewish woman of Gibraltar in a fiesta dress, John Frederick Lewis



Me llevarás, seré la brisa que te acompañe, pasaré mis dedos entre tu pelo, como lo hago ahora, mientras duermes. No moriré, me llevarás, cuidaré de ti.

miércoles, abril 15, 2015

Matsukaze




¿Pero qué es esto? ¿Qué tanto quieren las palabras?
Se empeñan en convertirse en ensalmo, en poema, exigen un pretendido rol de salvadoras, hacerse visibles en la escritura, tomar las tierras de la gracia. No hay garganta que soporte tanta sequía, no hay boca que algo pueda decir en el lecho cuarteado, entre las piedras. Nada que ganar, ningún triunfo.
Pero las palabras insisten y anhelan ser la traducción de un verbo que adentro resuena, cierto temple del alma, cierta belleza.
¿Pero de verdad, qué les pasa?
Deberían asumirse aire, simple aire, culpables ellas también del torbellino, de los altos muros que avanzan hacia nosotros y nos cercan. Tanta palabra acumulada ya no dice sino que brama. Maremoto de polvo, grisalla.
Algunas tendrían que pedir perdón, mirarse hacia adentro y callar.
Las palabras, todas, deberían callar, y escuchar su sonido, su simple sonido de brisa ligera, una tarde de verano, entre los pinos.
La mano, sin anotar, contemplativa, abierta, dejando ir.

domingo, abril 05, 2015

Doldrums



 
Dalí a la edad de 6 años, cuando creía que era una niña, 
levantando la piel del agua para ver a un perro que duerme a la sombra del mar


Esta piel de madera, carcomida por la intemperie de los años; estos corredores por donde circulara el aire, día tras día, como un fuego, lamiendo; estas sobras del mundo, deshidratadas. Y la claraboya, y el mar, quién sabe si para siempre separado. 

De lo vivido, poco queda: un decirse de palabras secas, acaso una añoranza imaginada, algún lamento con celaje de pregunta.

¿Esto fue todo? 

¿Tal es la recompensa? 

¿Valió la pena?

Pero así lo hemos querido. Pedimos la calma, la imploramos cuando ya el ardor del temporal nos consumía, al borde del abismo con el abismo mirando. Pedimos la calma y la calma ha sido concedida, este vacío de esquinas fatigadas, estos huesos al sol y el horizonte, el mar, como ensayo, como falsa esperanza.

Qué extraña sabiduría es el desapego de la mirada.


miércoles, marzo 25, 2015

Sueño con árbol



 John Constable, An oak tree in a hayfield


Fui la sombra de un árbol, y le di cobijo a un cabrero que había estado mucho tiempo al sol; a una pareja que llegó y se besó en silencio; a unos niños que jugaban allá afuera y luego se acostaron a masticar tallos de hierba; a una mujer que se sentó a mirar el horizonte y nada más; a uno que vino a llorar en silencio, y a un caballo, que se reclinó y murió. Su sombra se hizo trote por el campo.