miércoles, marzo 25, 2015

Sueño con árbol



 John Constable, An oak tree in a hayfield


Fui la sombra de un árbol, y le di cobijo a un cabrero que había estado mucho tiempo al sol; a una pareja que llegó y se besó en silencio; a unos niños que jugaban allá afuera y luego se acostaron a masticar tallos de hierba; a una mujer que se sentó a mirar el horizonte y nada más; a uno que vino a llorar en silencio, y a un caballo, que se reclinó y murió. Su sombra se hizo trote por el campo. 


lunes, marzo 23, 2015

Monzón



Ships Deck, Gerald Robillard


Perdure la gracia en quien no haya necesitado los excesos del aire.

Sólo hemos sabido de aquel que no tuvo la virtud de administrar la distancia. Arrastrado, revolcado, su piel tensada, curtida de golpe por el vaho caliente del bramido, sin gaviero, sin faros, temperamental entre los escollos, sin soga para el mástil ni cera para los remeros, apretando los dientes, sujetándose a la borda, rasgando la madera, así tan sólo para escuchar el canto, el abalorio de los sentidos.

Para nada astuto, para nada sabio.

Al llegar a tierra, lo vimos bajar con la sal en los labios y cierta alegría de idiota.

Fue juzgado por ello, por su maldad caprichosa, digamos. 

Se sabe y poco importa: no se escribe un libro sano sobre los naufragios y las resurrecciones. 

Cruzada y exilio, toda borrasca pide abismo, y todo abismo convoca la calma. 

Pero hay quien no necesita salvarse, y siempre tomó precaución de la intemperie. 

O fue cobarde.

jueves, marzo 19, 2015

Harmattan


Arbre du Sahel balayé par le vent de l'harmattan, Catherine Baum


Alguien toca a nuestra puerta, nos ofrece vacunas de dudoso origen.  No abro, no confío. Entrarían además el polvo, sus voces, los espíritus. 

Dijiste que el calor nos sería benigno, que sanaríamos. Y sí, refrescó, un poco, poco ha sido en nuestros cuerpos. Adentro, en nuestras cabezas, algo se inflama.

Todo alivio es efímero, y esto es como el amor. Te elevas y después el tormento, la tierra devastada e infértil. Las semillas del oware han quedado esparcidas. La tabla rota sobre la mesa. Ya el juego no es posible, nada se siembra entre las grietas. Y afuera la calima tapa el sol, y los aviones no emprenden el vuelo. En la ventana, la silueta de la mezquita se engaña a sí misma. Ha muerto Dios, han muertos los dioses. En cambio los espíritus envuelven el mundo. Están en el polvo, ellos son el polvo y la ruina. No es posible el retorno, ya no. 

Dijiste que sanaríamos, atravesamos el mar, nos fuimos lejos. Siento que nunca partimos, y que ya la niebla nos respira en los pulmones, para siempre. Esto es como el amor, ¿comprendes?

viernes, marzo 13, 2015

Vahaje



 Summer Breeze, Alice Dalton Brown


En la cara, el roce, un ensalmo y el silencio, quedándose. Como si el universo entero nos perdonara, y del olvido ni siquiera el recuerdo. Como después de la guerra, de escapar y de correr desnudos por las calles, gritando lamentos y terrores, de rodillas por fin, entre unos brazos. Como si te dijeran ya, ya todo pasó, descansa, tranquilo, aquí el cielo, aquí el parque, la luz en tu ventana, tu barco de papel, aquí todo el amor devuelto. Así en la cara, el roce.

Simún


Eugène Fromentin, Simún



Padece su grandor la tierra arrasada por el dogma, y también la arena febril y caprichosa, tan volátil en sus filias. En el reino de las ánimas en pena, el simún levanta sus estampidas y somete nuestra alucinación sagrada y nuestra ira justiciera. Se lleva la sangre del enemigo, esa sangre que tanto hemos gozado, la hace suya y nos la devuelve, agigantada. Con la frente besando el suelo, de arrodillas, apretados en círculos de camello y mantos de raso, la fe se triza en polvo de lagartijas, nos azota los labios resecos y apaga el susurro de los salmos agrietados. Señor del miedo y de las almas infértiles, en ti está la verdad de lo que somos. Tú eres la verdadera religión.






domingo, marzo 08, 2015

Xerófilo

Oaxaca, foto de Juan Rulfo


De un día para otro, y como para siempre, allí estamos, largas filas de xerófilos al pie de nuestras aquietadas sombras. No esperamos más que un mendrugo, la caridad de unas gotas de alimento. Todos sus bramidos, sus palabras, su amor justiciero, su obcecación y su porfía se arremolinaron, se destajaron y se lanzaron contra el paisaje en atropello. Aquella caldereta de palabras voraces nos cambió el terreno, consagró la carestía, el árido hastío, la rígida costumbre del aguante, la impotencia de la queja. Acá nos quieren sembrados, si acaso nuestras sombras, recuerdos en fuga, atados apenas con la savia escasa de la ilusión. ¿De verdad hemos terminado concediendo nuestra venia al desierto?

viernes, marzo 06, 2015

Comala



Encuentro musical, foto de Juan Rulfo


Dónde ha quedado la música, se ha ido con los intérpretes o ha muerto de tristeza. Aquella marcha del cuerpo ligero, aquella música feliz, aquel reto a lo marcial, dónde se esconden, quién los encarcela. Quién desnudó los atriles, quién los desolló, quién los dejó en el hueso y sembró de cruces el calvario. Por qué los músicos se han alejado, por qué la montaña al fondo reluce su frescor. Por qué la distancia. Esos músicos, son acaso los fantasmas de Comala, o será que Comala es este primer plano de grietas resecas, de pisos polvorientos. Quién trajo este silencio de gatuperios. Quién trajo el fragor que de tanto ya nada escuchamos.  Ya en Comala, ni los susurros.