miércoles, julio 02, 2008

LAS AVENTURAS DE MOJITO Y GUASACACA




Tenemos ante nuestros ojos una hermosa tarde de domingo en la pollera “El hueso de la suerte”. Hay alegría en el ambiente, como suele ocurrir en ese tipo de establecimientos adonde la gente va almorzar ya bien avanzado el día, aún con la modorra propia de los domingos o la resaca de un venturoso fin de semana de regodeos etílicos. Nadie allí imagina que el deleite provocado por la degustación de un medio pollo a la brasa con sus muy bien dispuestos acompañantes, va a ser interrumpido dentro de pocos instantes por el peor grupo de hampones que nadie ha podido concebir sobre la faz de la tierra. Porque estos tipejos son, además de ladrones, unos impiadosos mamadores de gallo con ínfulas artísticas.

Hace unos cinco años, Caracas vivió estos horrendos atentados a la cordura y la seguridad ciudadana, y hoy día su historia —o su leyenda— forma parte del más conspicuo y oscuro mito urbano que gira en torno a los increíbles asaltos perpetrados por la banda “Los pollitos”, dirigida por los así mentados Mojito y Guasacaca, pareja de criminales que tiempo después se convertirían en reconocidos artistas del patio.

Mojito era un negro alto, fornido, narizón y con cara de supremo jodedor. Gusacaca era una albina alta y muy delgada que mostraba con orgullo un par de tetas enormes y operadas y una leonina caballera absolutamente blanca. Ellos, los jefes del corrillo, siempre iban acompañados de Hallaquita, El Yuca y el Negro Morcilla (disculpen, pero la sabiduría popular ignora los pleonasmos), sus muy cumplidos asistentes en las insólitas fechorías que llevaban a cabo en las polleras.

Cualquier día de la semana era bueno. Pero los fines de semana eran mejores (para ellos). Es pertinente decir que nunguna parte de la ciudad escapaba a sus bajezas. Sus víctimas iban desde los más encumbrados pobres hasta los más miserables ricachones.

El procedimiento era el siguiente:

En primer lugar, se aparecían en el sitio Hallaquita, El Yuca y el Negro Morcilla. Con rauda experticia de comando se colocaban estratégicamente y en silencio sometían a los vigilantes.

Entonces aparecían por la puerta los líderes.

—Buenas, señores yo soy Mojito y esto es un robo.
—Y yo Guasaca, y no me mueva nadie que lo quiebro.

La gente no necesitaba saber que aquella era una interpretación criolla y sucinta de alguna escena de Quentin Tarantino para entender que la cosa iba en serio y que tenían que quedarse tranquilos mientras Mojito y Guasacaca caminaban entre las mesas, observando detenidamente a los comensales. A veces Mojito se agachaba frente a alguno y, haciendo una composición con las manos, lo detallaba con un ojo cerrado. Podía ser incluso que Gusacaca peinara a otro, o lo despeinara, si acaso le parecía que un peinado en extremo “opuso” (un “peinado opuso” es un peinado de lado, muy correcto y muy engominado) le echaba a perder su idea de lo estético.

Acto seguido, sacaban sus cámaras fotográficas y de video.

—Muy bien, damas y caballeros, les vamos a pedir que empiecen a comer pollo.

Así decía Mojito dando brincos de felicidad. Al principio, es decir, cuando comenzaron los asaltos a las polleras, la gente no entendía. Con el tiempo, cuando ya se corrió la noticia, no había mayor problema y la gente empezaba a comer. A comer, sí, a comer pollo a la brasa. Y, mientras la gente comía, Mojito y Guasacaca le tomaban fotos y los grababan.

—Come, come más rápido.
—Come, come desesperado.
—Tal cual un salvaje, un lambusio.
—Arranca, arranca con los dientes los pedazos de pollo.

Una vez que los perversos líderes se sentían satisfechos, se dedicaban a tomarle fotos a los platos. A los huesos, a los restos de ensalada, de yuca y de hallaquita, a todo eso. Retratados los platos, ordenaban a uno de sus compinches que pasaran el papel. Y el “papel” era simplemente eso: Un papel en blanco donde la gente debía escribir su nombre y su apellido y su cédula. Luego, después que todos hubieran firmado, Mojito, muy sonriente, decía:

—Pues bien, ahora a sacarse los relojes, las joyas y las carteras.

La gente, mal que bien, accedía. Hay que destacar que más de un comensal recibió sus pescozones o sus cachazos por echárselas de valiente. Una vez hasta hubo dos muertos. Pero al final, todos obedecían y luego Hallaquita, el Yuca y el Negro Morcilla recogían las cosas y las metían dentro de unas bolsas negras. Cuando ya habían recogido todo, Guasacaca, de lo más afable, soltaba:

—Muchas gracias por su humilde colaboración. Muy pronto estaremos a sus órdenes si acaso se le antoja comprarnos alguna obrita. Ya se enterarán, hasta la vista.

Y ahí se iban todos, gritando y riéndose a carcajadas.

La banda “Los pollitos” estuvo activa unos cuatro meses. Luego desapareció. Sus miembros nunca fueron capturados. Pero lo más insólito de todo sucedió un par de años después, cuando una de las prestigiosas galerías de la ciudad abrió una exhibición que presentaba la obra “inaugural de los noveles pero geniales artistas” Mojito Chufrú y Guasaca Tutá.

La muestra consistía en cuatro partes. La primera, presentaba una serie de fotos en gran formato de close-ups, primeros planos y planos medios de personas comiendo pollos salvajemente. En los rostros de los fotografiados se reflejaba una muy expresionista mezcla de miedo y odio atávico. La segunda, se trataba de un grupo también de fotos de platos, atestados de huesos de pollos y todos los contornos respectivos. La tercera consistía en un video en loop musicalizado con el reguetón “La cumbia de los aburridos” del grupo Residente Calle 13. El video era una muy amena edición de muchas personas comiendo pollos en brasa. La cuarta y última parte de la muestra estaba conformada por una muy nutrida colección de carteras vacías, relojes, zarcillos, cadenas y anillos varios. Al entrar, un anuncio en la pared informaba a los visitantes que las carteras estuvieron vacías desde antes que los artistas las tuvieron en su poder, y que las joyas eran todas falsas. Al final del texto decía: “Es que la gente es estúpida y gusta vivir de las apariencias”.

Las no tan lejanas víctimas de los robos en las polleras, indignados sobre todo por la última parte de la exhibición, alzaron la voz y denunciaron a los artistas. Los medios se interesaron y la cosa se puso fea. Pero Mojito Chufrú y Guasaca Tatá salieron al paso antes de que el asunto llegara a mayores y, a través de una de los despachos de abogados más poderosos del país, mostraron unos documentos donde se evidenciaban las firmas de todas las personas que aparecían en la exhibición. Tales rúbricas iban acompañadas de un documentos donde los firmantes confirmaban su participación voluntaria y gratuita en el proyecto artístico de Mojito Chufrú y Guasacaca Tatá. La gente, por supuesto, reclamó que habían sido obligados a firmar esos documentos. Pero no hubo nada que hacer. Mojito y Guasacaca, por medio de un recurso de amparo, salieron bien amparados.


***


Primer paréntesis: (Las obras se vendieron todas y a muy buen precio).

Segundo paréntesis: (Mojito Chufrú y Guasaca Tatá ya no viven en el país).

Tercer paréntesis: (Mucha gente pide la vuelta de los artistas y suplican que los dejen participar en sus nuevos lances artísticos).

Cuarto paréntesis: (Los otros miembros de la banda montaron un restaurante francés. Ahora se llaman Chez Hallaquita Vichyssoise, Chez Yuca Tarte Tatín, y Chez Morcilla Bechamel.)

Quinto paréntesis: (Hasta pronto y que sueñen con los angelitos.)

Aforismos reverberantes del Marqués Se Sale






"Ese hombre era más serio que un gancho de ropa."



viernes, junio 27, 2008

CHISTE-POEMA PARA ESCRITORES








Un día descubrí que era telépata
es decir, que podía leer las mentes

entonces fui
lo que toda la vida quise ser:
un narrador omnisciente







jueves, junio 26, 2008

LETRAS







Las vocales se hicieron
para aprender a ser niño.
Las consonantes
para empezar a morir.


lunes, junio 23, 2008

Y con ustedes: Laikmi Ajuro



Laikmi Ajuro es un personaje singular que piensa que todos en el mundo podemos ser felices y que la vida es mágica. Quien no es feliz y no tiene cientos de amigos debe ser porque es muy tonto o simplemente escritor (porque los escritores son unos amargados ególatras, mijo).

Ser feliz es fácil. Nada más con abrir un blocssss y un feisbussss basta.

—Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar -entona Laikmi mientras solicita y solicita amistades en el programita ese de redes sociales.

Sentado en su silla, con la falda escocesa puesta en su pequeño cuarto con vista al afiche de la cara norte del Eiger, Laikmi suma y suma amigos al feisbus y escribe y escribe en su blog cosas maravillosas sobre esa vida tan buena que los dioses le han dado y sobre los pensamientos hermosos que pasan por su mente. Y nunca deja de visitar los blogs que le gustan, a través de los cuales ha montado una gran comunidad de amigos -amigos de verdad-, a quienes ha ido conociendo poco a poco. Con ellos ha cenado, almorzado o tomado té, café o mucho vinito. Acá y más allá. En todas partes del mundo. Porque lo importante es tener amigos en cada rincón del orbe. Qué feliz es Laikmi. Tanto, que no para de cantar aquella vieja canción de Roberto Carlos:


—Pero no quiero cantar solito, yo quiero un coro de pajaritos…

Con frecuencia se siente excitado, pero no hace ninguna cosa mala con las manos. Laikmi Ajuro es un santo y sabe que cualquier acción erróne podría afectar el equilibrio de las buenas energías que le envía a sus amigos planetarios. Ah, sería tan genial si pudiera comunicarse con gente por encima de la estratosfera. O con gente de otras dimensiones, como duendes, hadas, ogros, elfos, magos, hechiceras y, por supuesto, Aragorn.

Laikmi Ajuro, cabe destacar, tiene un excelente buen gusto. Su capacidad para hacer amigos es una muestra de ese su buen gusto. Eso sí, siempre se permite una mentirita. Las mentiras a veces son necesarias para establecer empatía. Porque en eso es un maestro. Todo un psicólogo. Las empatías son necesarias para conectar. El otro día le dijo a una chica que era médico de profesión. A otra que era filósofo. Pero esto no lo hace por locura sino porque estudia a fondo a las personas para entrar en sus vidas y regalarles esa cuota de amistad necesaria que lleva a la alegría suprema. Él lo que quiere es mantener a todos contentos y se transforma según las necesidades de esas personas. Algunos dicen que Laikmi Ajuro está loquete. Otros hasta lo han llamado “Molestoso” Señor Ajuro (por aquella novela de Patricia Highsmith). Pero es que la gente no entiende. En realidad, Laikmi es un hombre de rancio abolengo. Ni siquiera lleva sangre azul en las venas, sino ambrosía, pues él proviene en línea directa de los dioses griegos: Es el tataratataratatataratataratataratatararatataratataratataratataratatara… nieto de Proteo, aquel dios marino que cambiaba de forma a su antojo. Pero al contrario que el dios, Laikmi Ajuro modifica su forma (entendamos como forma los cambios que se operan en su historia de vida con cada persona) para hacer felices a los demás. Recordarán que Proteo se transformaba para evitar decirle el futuro a los humanos, y esto hacía a los humanos infelices. Laikmi no es así. Laikmi es la versión espiritual (como el cuerpo de Cristo de la misa) y refinada de Proteo.

Total que Laikmi ama a sus amigos. Los ama tanto que si alguien deja de amarlo por equis o por ye —siendo equis o ye alguna joven asustada por tanto amor enviado— se enfurece. Se enfurece sí, y se arranca los cabellos y se clava agujas en los ojos mientras rompe a cuchilladas los muebles de su cuarto. Pero esto nadie lo sabe. Eso lo hace Laikmi en su intimidad.

Cuando ya se le pasa la rabia, se saca los ojos con mucho cuidado y con lágrimas de piedad en las órbitas, extrae las agujas, los limpia mientras los consuela, y luego se los vuelve a poner. Lo mismo hace con los muebles. Les hace carantoñas, y los muebles, todos llorosos pero felices, vuelven a recomponerse (así como el auto Christine de Stephen King) y se dejan llevar por el amor bonito de su dueño. Con los pelos arrancados se está haciendo un peluquín. Pero el peluquín no se lo pone, lo tiene metido en una pecera y le da de comer chupetas con sabor a fresa por las mañanas, arepitas con queso de mano por las tardes y ensalda de berros por las noches. Cada comida es acompañada de aquella vieja canción de Roberto Carlos que ya sabemos y que Teresa Salgueiro piensa versionar...


—Quiero llevar este canto amigo a quien lo pudiera necesitar…

Es tan bueno, tan querido, tan fenomenal Laikmi Ajuro.

Es casi como un niño, un niño feliz que juega en su mundo de magia, de fantasía.

Queremos tanto a Laikmi Ajuro.

No cambies, amigo.

Y no le hagas caso a la gente mala que dice que eres un acosador.

viernes, junio 20, 2008

Hazte fan de los Fan Films

El fenómeno de los fan films no es nuevo. Podemos decir que su existencia se remonta a los años sesenta y tienen que ver directamente con trabajos de universidades y la experimentación de artistas como Andy Wharhol. Se trata de homenajes de los fanáticos a ciertas películas o cómics, realizados de modo independiente, ajenos a sus creadores o a los grandes estudios, sin fines de lucro y de difusión gratuita. Es decir, quien los hace no percibe dinero por ellos. La mayoría son cortometrajes o trailer falsos. Para su realización se usan animaciones, dibujos, personas reales o una combinación de varios de estos elementos o de todos. Hoy, gracias a las cámaras de video de alta definición, las computadoras caseras con todos los gigas bien puestos y los increíbles programas de edición y diseño cada vez se hace más fácil producir un fan film de primera. Sólo se requiere talento y creatividad para hacer que tu trabajo descolle —nada más.

En los últimos años, los fan films se han puesto de moda como parte del reel de un director. Ahora con Youtube®, el poder del fan film aumenta, y funciona como una estrategia de muchos directores que se quieren dar a conocer u obtener financiamiento. La cosa es más o menos así: Produzco un fan film y lo pongo en Youtube® y si corro con la suerte de que se ponga de moda, las visitas al video se transforman entonces en una herramienta al servicio del realizador. Así, con el fan film como parte del reel y con la cantidad de visitas como aval, el director se va para Cannes o cualquier otro festival donde haya productores buscando proyectos y talentos. El director y los mecenas-comerciantes se encuentran, y si los dioses lo quieren y hay ganas, plaffff, se produce la magia: Habrá dinero y habrá film. Es todo.

Acá les presento dos fans films que a mí particularmente me parecen fascinantes. Uno es el trairler falso de Batman: Arkham Asylum, nada más ni nada menos que el Batman de Dave Mckean, una de las mejores historietas jamás hechas. El otro, Bad Boy, el muchachito radical del maestro Frank Miller. Miguel Mesas, su realizador, nos dice lo siguiente de los equipos utilizados: “Una Cámara Digital de Alta Definición SONY, una estación AMD de las que usan en IL&M y 9 meses de trabajo saturados de composiciones, matte paintings, entornos 3D, correcciones de color... y otras zarandajas del mundillo de la post-producción.”

Ahí se los dejo, disfrútenlos.









jueves, junio 19, 2008

Típica vaina que le pasaría a Sinseso





miércoles, junio 18, 2008

Así vamos






miércoles, junio 11, 2008

Shhhh







Para que el silencio no le hablara tanto
el hombre inventó las palabras.


viernes, junio 06, 2008

Los buenos se están yendo




Eugenio Montejo, en memoria



Los buenos se están yendo

¿será que saben algo que nosotros no sabemos?
¿que se van antes de que este mundo feo llegue a su feo fin?

¿o será que se los llevan a otra parte
donde la lucha es más efectiva?

¿y que no se van a descansar
sino a seguir dándole duro a los villanos?

¿y que no quedamos desemparados
sino que cuando un grande muere
se suma a una especie de caldo, a un fulgor
a la fórmula alquímica contra el mal?

¿será que algún día
esa fórmula estará lista?

¿que terminaremos
pateándole el culo a los imbéciles
y que podremos traer
de vuelta a nuestros muertos?

¿será que vamos ganando?

yo quiero creer esto
todo esto
para no sentirme tan solo
ahora que los buenos
se nos están yendo.

Eugenio Montejo 1938 - 2008






Los árboles


Hablan poco los árboles, se sabe.
Pasan la vida entera meditando
y moviendo sus ramas.
Basta mirarlos en otoño
cuando se juntan en los parques:
sólo conversan los más viejos,
los que reparten las nubes y los pájaros,
pero su voz se pierde entre las hojas
y muy poco nos llega, casi nada.
Es difícil llenar un breve libro
con pensamientos de árboles.
Todo en ellos es vago, fragmentario.
Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito
de un tordo negro, ya en camino a casa,
grito final de quien no aguarda otro verano,
comprendí que en un su voz hablaba un árbol,
uno de tantos,
pero no sé qué hacer con ese grito,
no sé cómo anotarlo.


Del libro Alfabeto del mundo (1986)

miércoles, junio 04, 2008

El video de un libro








martes, junio 03, 2008

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS


AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

AQUÍ NO SE QUEMAN LIBROS

( P O R Q U E N O H A Y )

















En este momento todos los productos editoriales están en crisis


(Albinson Linares, El Nacional - 01/06/2008)


Representantes de la Cámara Venezolana del Libro y la Cámara Venezolana de Editores hablan sobre el desabastecimiento en el sector editorial. Analizan aspectos como la demora en la entrega de divisas y los permisos de no producción en el país, por parte del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio



(...)

Según consta en la Gaceta Oficial Nº 38882 del pasado 03 de marzo, el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio pasó el ítem de los libros de la lista Nº 1 (aquellos bienes que no requieren mayores certificaciones) a la lista Nº 2, donde se encuentran los artículos que deben recibir la certificación de insuficiencia o de no producción nacional. Ambas condiciones, asignadas por el Milco, son necesarias para que Cadivi le otorgue a los importadores la autorización para las divisas.

"Desde marzo, las importaciones están detenidas, no han llegado novedades al país y por eso las librerías tienen dificultades. En este momento todos los rubros editoriales están en crisis, lo que me tiene contrariada es que nos sacaron el libro de los productos esenciales para el país y lo pusieron en la lista 2", afirma con desaliento Yolanda de Fernández, presidenta de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibros).

Desde su despacho en el edificio Colegial Bolivariana y acompañada de Carlos Romero, presidente de la Cámara Venezolana de Editores (CAVE), la profesional del libro asevera: "Hemos enviado 14 cartas al ministerio para saber el estatus de las solicitudes y no hemos recibido respuesta. Hasta ahora no habíamos tenido ningún inconveniente. Es un mercado que no llega a los 200 millones de dólares anuales y se calcula que 85% o más de los libros que circulan en el país, son importados".

En declaraciones recientes al diario Últimas Noticias el ministro de Industrias Ligeras y Comercio, William Antonio Contreras, explicó que el cambio de lista obedece a "algo anormal en las solicitudes de importación de libros, al punto que ya superan los 1,5 millardos de dólares (...) no sólo se trata de cantidades, sino de quiénes o cuáles empresas están haciendo las solicitudes".

Al respecto, Carlos Romero acota: "No conocemos cuáles son esas irregularidades y, como en todo Estado existe una legalidad a la cual debe someterse un organismo como el Milco, si existiese una ilegalidad queremos conocerla, identificar cuáles son. Es evidente que no se le puede aplicar a aquellas editoriales que cumplieron rigurosamente todos los trámites exigidos, la misma sanción que a los otros".

A pesar de lo anterior, el ministro asegura que el despacho que dirige ha otorgado certificados de no producción a 26 empresas nacionales. Sobre este punto Yolanda de Fernández asegura: "La información que tenemos es que no se han aprobado certificados, pero ellos dicen otra cosa. A través de la prensa nos enteramos de que seremos convocados para una reunión a la que deseamos asistir. Lo que no entiendo es que se castigue a todo un gremio y un país por una empresa irregular".


Venezuela sin libros

-¿A cuántos empleados afecta esta dilación en el otorgamiento de los permisos?

Fernández: Cavelibros agrupa a unas 35.000 personas y CAVE a unos 8.000 empleados directos; no puedo calcular la cantidad de gente que será afectada indirectamente.

Romero: Son empleados que se ponen en riesgo porque si las empresas no logran traer textos, y si no se vende, en algún momento el sacrificado va a ser el trabajador y, al final, la misma empresa.

-¿Quedan algunos elementos del sector libro en la primera lista?

R: Sólo quedan las enciclopedias y los diccionarios. Todos los demás libros de narrativa, ensayo, música, arte o técnicos, no están. Alguien a quien le guste leer a Paulo Coelho, John Grisham, Isabel Allende o aquel estudiante que requiera un libro técnico va a tener mucha dificultad en conseguirlo y, si lo hace, los precios van a ser exorbitantes.

-¿Cuánto se incrementan los costos de aquellas editoriales que importan sin esperar estos permisos?

F: Entre traer los libros por Cadivi y traerlos por fuera, el diferencial es de 80%. Es mucho más grave porque los autores a escala mundial firman con determinada editorial y esa empresa edita en México, Argentina o España y aquí no se pueden hacer esos libros. Ni siquiera pueden imprimirse porque tendríamos un problema de piratería del autor y de la obra.

-¿Posee Venezuela la capacidad técnica para producir estos libros?

F: Aunque haya imprentas y papel, que por cierto no hay, existen textos que bajo ningún concepto se pueden imprimir aquí. Si Isabel Allende o Gabriel García Márquez venden sus derechos a Norma en Colombia, no podemos imprimirlos. Ahora para importar hay que pedirle permiso al ministerio pero creo que los libros, al igual que la alimentación, las medicinas y la educación deben ser bienes esenciales.

-¿Podrían cerrarse algunas librerías de continuar la espera?

F: No van a subsistir porque 90% de sus existencias son libros importados y hay que tener variedad para poder tener una librería. México, por ejemplo, es un país editor y sin embargo trae los libros de España, Argentina o Estados Unidos. Ser autárquico es una locura y en la cultura no se puede hacer.

-¿Alguno de ustedes ha seguido personalmente los trámites del ministerio?

R: He ido personalmente, y la respuesta es que falta la firma del viceministro, porque la carta de justificación que redacté iba dirigida a ese despacho. Hasta ahora no nos dicen nada. Estamos confundidos ante este silencio y la ausencia de reglamentos internos con los que uno puede saber cuál es el lapso que debemos esperar. Pareciera que son reglas discrecionales, sin tiempo.

-¿Podría ser este cambio una medida de protección a la industria local?

R: Sería muy aventurado y ligero decir eso porque todas nuestras editoriales imprimen en Venezuela. Además existe una dificultad, no sólo en Venezuela sino en el mundo, en cuanto al papel y los retrasos para que llegue. La capacidad de las imprentas venezolanas es insuficiente para tener productos de calidad y en el caso de los textos educativos no hablamos de 1.000 o 2.000 sino de impresiones de muchos miles de ejemplares.

-¿Esperan reunirse con el ministro?

Queremos sentarnos con los funcionarios del Estado y entender qué es lo que quieren. No nos oponemos a las regulaciones pero queremos que surjan proyectos donde se fortalezca la cultura y nos hagan partícipes.

jueves, mayo 29, 2008

Los libros que no leerás



El Sistema de Información Científica, Humanística y Tecnológica (SICHT) de la Universidad Central de Venezuela, dio a conocer un comunicado, fechado el 26 de mayo, en el que fija posición ante la decisión del gobierno nacional de clasificar a los libros como no prioritarios en la asignación de divisas, advirtiendo que ello agrava la situación de las bibliotecas para la compra y renovación de suscripciones de publicaciones. El comunicado señala que "nuestra universidad tiene actualmente 83 bibliotecas y cada año debemos incrementar sus fondos en aproximadamente un cinco por ciento. Cualquier retraso que nos impida cumplir con esa meta, disminuye nuestra capacidad como institución educativa, porque estos recursos son absolutamente indispensables ante nuestra impostergable necesidad de mantenernos vinculados al flujo internacional del conocimiento y ser el núcleo de nuestro poderío académico".


El documento "deplora las acciones tendentes a limitar el papel del libro en la sociedad venezolana a través de su inclusión en la lista de rubros no prioritarios para adquisición de divisas, a lo cual se suma el lento proceso de asignación de las mismas; se permite expresar la esperanza de que las autoridades correspondientes sabrán preservar para nuestros estudiosos esos poderosos recursos del aprendizaje expresados en el libro y la revista; fuentes inagotables del placer estético y humano que nos proporcionan", a la vez que exhorta "al Gobierno Nacional y a las autoridades universitarias del país a fin de que protejamos nuestras bibliotecas y sus documentos, sin cuya existencia el propio espíritu intelectual y académico de nuestra sociedad estaría en peligro."

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Tomado de Ficción Breve.

sábado, mayo 24, 2008

EL ARTE DE VENDER SAFARIS



Cartuchos valencianos
Conocí a Andrés Solé en Valencia, Estado Carabobo. En aquel entonces Andy era dueño de la magnífica librería Paseo de Gracia, cuyos libros le hacían justicia a la famosa calzada de Barcelona, ciudad editorial por excelencia.

Quedaba la librería en el centro comercial Prebo, uno de los espacios de compras más viejos de la ciudad; y eso no estaba bien, porque la gente proliferaba en los nuevos malls que de igual manera proliferaban. Tampoco estaba bien que yo tuviera un club de video con películas de la Cinemateca en el primer piso de un centro comercial muy bonito, pero escasamente visitado. En realidad, no estaba bien que Andy y yo tuviéramos dos cotos de caza tan sue generis en Valencia, una ciudad donde más importa que te vean la piel pulida y lustrosa que las vísceras del alma.

Pero vayamos por partes. Aquel predio de Andy no sólo era una librería. Al fondo, mi amigo había instalado un café que consistía en unas cuatro mesitas y una galería de fotos. Allí, Andy exponía el material de fotógrafos conocidos y el suyo propio, y más de una noche terminamos tomando cervezas sobre aquellas mesitas, ya con el cartel de CERRADO puesto en la puerta (uno de los más grandes placeres del mundo es poder beber en un local cerrado y en compañía del dueño). Así que fue allí, en ese café, donde conocí algunos asuntos de la vida de Andy Solé, fotógrafo, librero y vendedor de safaris.


El coto barcelonés
Pues bien, y como ya supondrán, en Valencia la caza no tuvo buenos resultados. Yo me regresé a Caracas y Andy se fue para España. Pero aquella vieja conversación de café de librería no se ha perdido. Hace poco continuó, gracias al correo electrónico y al chat.

“Desde siempre fui el fotógrafo de la familia”, me escribe mi amigo. “Cuando terminé el bachillerato, decidí dedicarme de lleno al oficio. En 1989, mi esposa y yo nos mudamos a Barcelona (España). Allí estudié fotoperiodismo en el Centre de la Imatge. En 1994 volvimos a Caracas”.

¿Cómo había ido a parar Andy a Barcelona? Pues no por esas mañas venezolanas de alzar ciudades culturales en su imaginario campesino, y de la cual Barcelona es la más reciente; no, la razón es otra: su familia era de Cataluña. Lo que sí estaba difícil de entender, o de conectar, era cómo terminaron Andy y su esposa Mariam en Valencia. “Después de vivir en un lugar como Barcelona, nos quedamos con las ganas de mudarnos a una ciudad más pequeña, más a nuestro ritmo. En 1996 nació Andrés, mi hijo mayor. Mis suegros ya vivían en Valencia desde hacía dos años. Nos contaron tantas bondades de la ciudad que decidimos dar el paso.”

Pues bien, Andy y su esposa se fueron a Valencia. Allí, Andy montó la librería que ya sabemos. “Mi sueño siempre fue tener un amigo con librería; ninguno se animó, y me tocó montarla a mí”. De este modo, gracias a la falta de entusiasmo literario de sus amigos, yo conocí al personaje que nos ocupa, y su historia como vendedor de cacería.

Podríamos conjeturar que la elección de tan particular oficio se debe a un sueño de infancia. Ya saben, cuando uno es pequeño quiere ser policía y abogado, y después, cuando crece, te das cuenta que esos oficios son horrendos y te pones a hacer otra cosa. En el caso de Andy, podríamos pensar que lo mejor soñó con ser cazador de safaris, pero como no pudo serlo, se dedicó a venderlos. Pero él nos da una explicación más sencilla y lógica, y que no atañe a fantasías novelescas: “Cuando estudias tienes licencia para hacer trabajos inusuales, desde repartidor de pizzas hasta testigo de embargos, pasando por intérprete de un cazador profesional que no hablaba inglés. Lo de vender safaris se dio con el tiempo.”


De cazadores profesionales y deportivos
Andy se define como un broker, y no hace alardes de haber viajado por el mundo en emocionantes safaris para millonarios. Ellos, los compradores adinerados, son los llamados cazadores deportivos. Porque hay que saber distinguir. El cazador deportivo es el cliente, y el cazador profesional, como su nombre lo indica, es quien dedica a tiempo completo, todo su conocimiento en asesorar a los cazadores deportivos y a organizar cacerías según las necesidades del cliente. Ambos, el profesional y el deportivo, suelen encontrarse en las convenciones de caza. La más famosa, la más grande de éstas, la promueve el Safari Club Internacional (SCI), que se celebra todos los años en EEUU, en la ciudad de Reno, Nevada. En esas convenciones se pueden ver muchas escopetas, muchos tipos apuntando con ellas, cantidades inmensas de cartuchos y muchas cabezas de animales con cornamentas exuberantes.

Andy trabaja para Salvador Chias, uno de los cazadores profesionales más reconocidos de España, con más de cuarenta y cinco años de experiencia, y más de 20 asistiendo a la convención del Safari Club International, “con el que contribuye anualmente donando planes de caza para ser subastados para beneficio de esta organización”, dice en su página WEB (www.salvadorchias.com). Y es que los cazadores profesionales tienen eso: son como unos caballeros de ideales altruistas. El mismo Andy, que no caza sino clientes en convenciones, lo dice: “Los cazadores profesionales son personajes de novela, mitad soldados, mitad poetas”. Recordemos que la caza siempre fue un privilegio de nobles, de gente de sangre azul, con caballos, escudos, terrenos y ocio de sobra. A su vez, el origen de muchos de estos hombres de abolengo, está en el mundo militar. El título de duque, por ejemplo, viene del latín clásico dux, rango militar romano que equivale a General.

Quién sabe si gracias al aura de nobleza que rodea a la actividad, los cazadores hacen gala de una mentalidad ecológica o conservacionista. “No hay gremio más interesado en la preservación de la vida salvaje que el de los cazadores profesionales”, nos dice Andy. Y claro, más allá de las causas nobles, esta es la otra gran razón: sí se acaban los animalitos -y los animalotes-, se termina la diversión. Pero sigamos con Andy: “Los cazadores profesionales no sólo acatan sino que asesoran a organismos gubernamentales en materia de vedas, calidad cinegética, prevención de epidemias y furtivismo. Lamentablemente los controles excesivos típicos de las sociedades desarrolladas le restan magia a la aventura. Hasta hace diez años podías llevar la presa cazada a uno de los tantos restaurantes especializados en carne de este origen. Hoy día, los permisos sanitarios hacen imposible comercializar el producto de la caza a terceros.” Es así de sencillo: los cazadores organizados, preservan para seguir cazando. “En Bambi, el cazador era el villano, en Caperucita Roja, el héroe”, acota Andy.


Presas de la chequera
Ahora, cuando hablamos de safaris modernos, de cacería moderna, estamos hablando de algo que cuesta dinero. Es decir, cazar por el mundo es una diversión para millonarios. La mayoría de ellos, casi todos, son coleccionistas. Es decir que tienen un gran salón con animales disecados que ellos mismos han cazado. Y, como si se tratara de un vicio costoso, cada vez quieren más: “Si tienes un jabalí africano, tarde o temprano te enterarás de que el centroeuropeo es mucho más grande, así que… a por él”.

Cuando un cazador-coleccionista de estos quilates (en oro), compra un viaje de caza, la compañía que le presta el servicio, está en la obligación de ofrecerle acogedores hospedajes y extraordinaria comida. Muchas de estas excursiones se llevan a cabo en Europa, pero en lugares apartados, y si además consideramos que África es el principal destino para los cazadores, seguido por Asia, la cosa se pone entonces titánica. Pero es así, el cazador profesional debe aportar comodidad al cazador deportivo, y también un montón de trámites y conocimientos relacionados con el tema. “No siempre el cliente sabe los detalles de la especie que busca colectar; datos como calibre ideal, distancia de tiro, época en celo, cambio de pelo o caída de cornamenta (en los cérvidos como el venado), son indispensables, y sólo puede manejarlos el profesional. Una vez fijado el itinerario del interesado, el cazador profesional tramita los permisos de caza, las licencias, los seguros y los salvoconductos para las armas.” El comprador del safari sólo debe poner la chequera y su presencia, de lo demás se encarga el cazador profesional, y eso, cuesta dinero. Los servicios de un safari pueden variar. Pero con Andy y su jefe Salvador, el alojamiento y las comidas cuestan 650 dólares diarios (mínimo cuatro días), más el precio de la presa. Si vas acompañado por tu esposa, hay cargos adicionales que no bajan de cien dólares. Los niños, en muchos casos, salen gratis. Las presas tienen diferentes precios, según su dificultad para ser cazados. Un jabalí puede costar 1.200 dólares, un ciervo 4.500, y un Ibece Alpino (algo así como una cabra gigante), nada más y nada menos que 7.000 dólares. Todo esto sin contar el trabajo del taxidermista, porque el trofeo se lleva para la casa y se pone en el salón, como recordarán. “Un venadito bien hecho a cuerpo entero puede costarte unos 5 o 6 mil verdes”, explica Andy hablando de ese otro mundo que es el de los taxidermistas, profesión que está viva y coleando, y que también tiene sus detalles curiosos. “En Europa sólo se monta el cráneo con los cachos, entre otras cosas por falta de espacio; a los americanos les encanta el full mount.” La taxidermia, sin duda, da para otro reportaje. Pero sigamos con los cazadores deportivos.

“El perfil de nuestro cliente es republicano, mayor de 45 años”, apunta mi amigo. Sin duda, existe una larga tradición de cazadores norteamericanos tras la huella de bestias exóticas. Grandes e ilustres antecesores han sido el director de cine John Huston, el presidente Teodoro Roosevelt y el escritor Ernest Hemingway.

Cada año, en la Convención de Reno, asisten los mismos. Es un como un pequeño club, casi como pasar lista. “Cuando algún asiduo falta, todos pensamos ‘algo habrá pasado’. Enfermedades como la malaria o un accidente de caza son algo normal”. Sí, muy normal, pero si algo así ocurre, es una gran vergüenza para el cazador profesional, y un fallo de tal naturaleza puede sacarlo del negocio para siempre. Andy cuenta que después de 15 años asistiendo a esta gran Convención, “te acostumbras a toparte en los pasillos con personajes como Normam Schwarzkopf, Charlton Heston o Bush padre. Todos cazadores.” Andy recuerda haberle vendido un safari al hermano del Sha de Irán, y a alguno de los hermanos Ricci, del imperio cosmético Nina Ricci. Por Venezuela, dice que el apellido Zing aparece en algunos registros. “Pero nunca accedí al mercado local. Nadie es profeta en su tierra, y con control de cambio…”. Pero por allá lejos en Nevada, o en España, Andy sí ha vendido sus safaris. Allí, frente a él, ha tenido a aquellas personas que viven una vida totalmente diferente a la nuestra, con ellos ha tratado, y de muchos se ha tenido que aguantar sonriente las historias de sus cacerías con pelos y señales, para luego quedarse con la sonrisa convertida en un feo rictus cuando le dicen que no van a comprar esta vez, que están muy ocupados.

Tal como diría Selecciones: “esos son los gajes del oficio”.


Anécdota sin aquello, tal como Andy me la contó
“En la caza del oso polar es común que el profesional te advierta que las posibilidades de éxito son escasas. Depende mucho más de la suerte que cualquier otra cacería. Es un viaje interminable al norte del Polo Norte, donde el paisaje pierde color y el frío húmedo desafía la buena salud del aventurero. Es una experiencia solitaria; un guía esquimal será toda tu compañía los días que dure la búsqueda. Sin embargo, mi amigo José tuvo la mejor de las suertes, al segundo día pudo cumplir con el objetivo de su viaje, un magnífico ejemplar que llenó de alegría al guía inclusive. Ya en el campamento, se acomodaron en el igloo, ese habitáculo tan visto pero poco conocido. Extrañamente este espacio sin divisiones es un alojamiento tibio, que normalmente comparte el nativo con su compañera. Mi amigo ignoraba que la verdadera aventura estaba a punto de comenzar. Una cacería resuelta en tan poco tiempo y con tanto éxito merecía una celebración y la euforia del guía lo llevó a encontrarse con sus más íntimas raíces, y a ofrecerle a mi amigo los favores de su esposa. Él no salía de su asombro, para un europeo aquello formaba parte del imaginario del gremio; pero sí, la mayor muestra de cortesía para aquel hombre era ofrecer su bien más preciado, su fuente de calor, y la mayor descortesía era no aceptarlo. Así pues que ante el desconcierto inicial, mi amigo solo atinó a decir que un viejo accidente de caza lo había dejado impedido de… aquello. El esquimal, sorprendido, bajo la vista, sonrió, y no volvió a tocar el tema. Al día siguiente mi amigo partió con su trofeo. En su casa puede verse la piel de aquel animal, recordando el día que mi amigo se quedó… sin aquello.”


Glosario silvestre
Calibre: Es el diámetro interior del cañón de un arma de fuego o el diámetro del proyectil que usa. La caza de cada animal requiere del calibre adecuado.

Calidad cinegética: Se subordina al Calendario Cinegético, que define los períodos hábiles para cazar todas aquellas especies de fauna silvestre para las cuales existe permiso, tomando en cuenta el sexo, la talla y el peso de los individuos susceptibles de ser cazados, así como la cantidad de piezas que cada cazador está autorizado a cobrar por día de caza.

Caza: La acción de cazar se califica según la presa: la caza mayor es la de jabalíes, lobos, ciervos u otros animales semejantes. La menor, la de animales como liebres, conejos, perdices o palomas.

Coto: Terreno acotado (delimitado) para un uso determinado. El coto de caza es aquella área pública o privada cuya extensión y características medioambientales permiten la existencia natural o inducida de especies de fauna silvestre para llevar a cabo la actividad de cacería dentro de sus linderos.

Celo: Época en que los animales sienten apetito sexual. Su interés por aparearse los hace descuidados frente a los depredadores.

Cérvidos: Son aquellos rumiantes cuyos machos tienen cuernos ramificados que caen y se renuevan periódicamente; como el ciervo y el gamo.

Furtivo: Es quien caza o pesca a escondidas del dueño de una finca o custodio de un coto de caza.

Safari: Excursión de caza mayor conducida por un profesional. Normalmente se asocia el término al continente africano.

Taxidermia: Es el arte de disecar animales para conservarlos con apariencia de vivos. En algunos casos el arreglo puede resultar más costoso que la propia cacería.

Trofeo: La acepción más cercana que se le da en caza es la de “monumento, insignia o señal de una victoria”. Es decir, el trofeo es la pieza cazada. Pero cuando se usa el término como adjetivo: ese animal es trofeo, se habla estrictamente de una serie de características y medidas que lo hacen merecedor de un puntaje dentro de una escala en particular. Existen dos escuelas, la europea y la americana. La europea se rige por la norma CIC (Conseil Internacional de la Chasse) y la americana por la SCI (Safari Club Internacional). La calificación se expresa en medalla (metafóricamente), y puede ser oro, plata o bronce. Cada una tiene distintos matices, como un bronce alto o un oro bajo. Ambas CIC y SCI son válidas, pero con parámetros distintos. Esto quiere decir que a veces una medición oro según CIC, puede resultar plata según SCI, y viceversa.

lunes, mayo 19, 2008

A quitarse el sombrero


Armando José Sequera fija nueva marca en ventas

"Teresa" y "Mi mamá es más bonita que la tuya"
llevan 21.770 unidades vendidas



Armando José Sequera es uno de los escritores más solventes del sello Alfaguara Infantil y Juvenil. Con una dilatada carrera periodística, su labor literaria se complementa con decenas de libros publicados de su puño y letra. “Teresa” y “Mi mamá es más bonita que la tuya”, dos títulos destinados a los primero lectores, acaba de fijar una nueva marca de ventas, inédita en el mercado venezolano: 21.770 unidades desde 2006 hasta lo que va del año 2008.

Los libros, que forman parte del Plan de Lectura de Alfaguara Infantil y Juvenil, promocionados directamente en las escuelas y en librerías, tratan de una niña que, como cualquier infante de Venezuela o del resto del mundo, es adorable, ingeniosa, alegre y, en ocasiones, sincera hasta la crueldad. La trilogía culminará con “Los hermanos de Teresa”, un volumen que saldrá en el mes de junio y con los mejores augurios.

En un mercado editorial como el venezolano, en donde un libro exitoso cierra el año con 3 mil unidades vendidas, los ejemplares despachados por Sequera pueden considerarse todo un récord en su estilo. La hazaña aún es mayor cuando el público meta está representado por el lector infantil y juvenil, que ha sido tan poco tomado en cuenta en el país.

Para el Grupo Santillana es todo un orgullo formar parte de los logros de Armando José Sequera, y esperamos mantener nuestro constante afán de llenar todos los espacios en donde pueda entrar la lectura.

Daniel Centeno M.
Jefe de Comunicaciones
Grupo Santillana (Venezuela).

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Boletín del Grupo Santillana.

sábado, mayo 10, 2008

2:37 AM


Hubo una semana en que Killer Santaella se levantó todas los días a las 2:37 de la madrugada. Así lo señalaba el reloj de su teléfono celular.

La primera noche, se quedó en la cama, dando vueltas, insomne. La segunda, prendió la lamparita de la mesa de noche e intentó leer, pero no pudo, estaba tomado por una extraña inquietud. La tercera se salió de la cama y fue a la sala; allí estuvo, parado en el medio de la oscuridad. La cuarta, volvió a salir a la sala. Llegó hasta una de las ventanas, se asomó. La noche era hermosa, serena. En el entorno más cercano todo dormía; a la distancia, la autopista dejaba oír su respiración profunda. Pero Killer Santaella no podía estarse tranquilo. Algo le preocupaba. No fue hasta la quinta madrugada cuando, espectante en el medio de la sala, comprendió. Buscó su escopeta y se sentó en el sofá a esperar. Nada sucedió y como a las 4:30 volvió a la cama. La sexta noche, acompañado de la escopeta, buscó una silla y la acomodó en el sitio que se le antojaba ideal. La séptima, vio a la silueta que se alzaba sobre la ventana. Primero fueron las manos que se sujetaban a los bordes inferiores, luego los brazos que se doblaban, con los codos apuntando hacia arriba, acto segido cabeza y después el tronco. Más atrás fue una pierna que se deslizaba, la otra, y finalmente el cuerpo entero en la sala. Killer Santaella, oculto dentro de su capa de sombras, se sabía invisible, y no pudo una evitar una sonrisa al ver que el landronzuelo se quedaba allí, y en la oscuridad, escuchando, verificando que sus acciones no hubiesen despertado a nadie, pretendiéndose ausente, inexistente. Pero aquello ya no era posible. La figura ya no estaba hecha de oscuridad, sino de fuego, de un fuego poderoso que ardía tanto en su cuerpo como en la cabeza de quien lo miraba.

—Buenas noches -dijo Killer Santaella. La sombra se tensó en la oscuridad. En sus manos creció una hoja de puñal. Killer volvió a hacer una sonrisa que el ladrón no vio. -Tienes siete noches despertándome, coño de tu madre. Ya es suficiente -y entonces disparó.

Afuera se encendieron algunas luces en las ventanas. Alguien gritó: “Dejen de hacer ruido, carajo”. Las luces estuvieron flotando en su marco por unos instantes. Luego se desvanecieron. Así es la gran ciudad, indiferente, pensó, y luego: Más que indiferente, egoísta.

Bostezó y se fue a la cama, a dormir.

Mañana se encargaría del muerto.

viernes, mayo 09, 2008

Gogol Bordello - Start wearing purple



La banda


Eugene Hütz




jueves, mayo 08, 2008

LA ORQUESTA DE CIEGOS CAMINANTES





El gabarrero estaba de huelga y no había otra manera de cruzar el ancho y caudaloso río. Ya llevaban allí dos horas y nada movía la compasión del piloto. Ni siquiera la explicación que del otro lado los esperaba un grupo de televisión internacional para grabar a unos aborígenes de la zona interpretando unos cantos gregorianos juntos a un gran tenor y a una estrella de rock en pro de la preservación de la cultura indígena y del Amazonas. Nada, nada lo hacía cambiar de idea, ni el único ojo de Lázaro Cárdenas, que expresaba toda la súplica que dos ojos juntos pudieran, como tampoco los siete pares de ojos vacíos que se posaban sobre la selva y el río. Pero también era que los ciegos no ayudaban a la labor de Lázaro. Afinaban y volvían a afinar sus instrumentos, y era más que evidente que al gabarrero le molestaba aquel barullo de sonidos dispares venidos de la ciudad. Él era un hombre de selva y los sonidos de la selva eran los únicos que él conocía y aceptaba. Ya Lázaro los había mandando a parar en dos ocasiones, y ellos, sí, pararon, pero no tardó el director de la orquesta (y también manager, chofer, cocinero y todero de la misma) en arrepentirse, porque entonces tornaban sus ojos muertos hacia el cielo, como suplicándole al Altísimo, y empezaban con las quejas. Que si Lázaro era un bueno para nada, un inútil, que ya otro hubiese resuelto el problema, y maldito el día que nos conseguimos contigo, inútil, inútil y otra vez inútil. El gabarrero los miraba, entre enojado y temeroso y, cada vez con más convicción de acero, decía que no, que estaba de huelga. Lázaro mandaba a callar a los músicos y ellos le preguntaban: ¿Y entonces, qué es lo que quieres, que nos callemos, que no afinemos, que nos caigamos muertos? Eso es lo que tú quieres, vernos muertos; y dale y dale con el cuento, y nada más por malcriadez volvían a afinar los instrumentos. Lázaro les espetaba que después de aquel viaje no los quería ver jamás, y ellos le respondían que ésa era su maldición, su destino, estar siempre juntos.

Pasó otro par de horas, y la selva, ya cansada de las afinaciones de la orquesta invidente, empezó a meterse hacia el río con sus propios sonidos.

─Ya se está haciendo de noche, me voy ─anunció entonces el gabarrero.
─¿Y entonces, no vamos a…? ─indagó Lázaro Cárdenas.
─Nada. Estoy de huelga. Adiós.

El gabarrero agarró por un camino que se internaba en la selva.

Allí quedaron, los siete músicos invidentes, Lázaro Cárdenas, una camioneta Wagoneer, el río y la gabarra.

Muchas historias pueden hacerse con estos elementos y muchas historias pasaron por la cabeza de Lázaro Cárdenas. Pensó, por ejemplo, en montarse en la camioneta, irse bien largo al carajo y dejar que a los ciegos se los comieran los leones, los tigres, los monos aulladores, los extraterrestres o lo que fuera que aguardaba en el interior de la selva. Otra idea magnífica era meter a los músicos en la camioneta y regresarse todos a la ciudad. Total, lo que les esperaba al otro lado del río era una reservación indígena sin medios para pasar la vida, ¡y claro, lo de menos!, las cámaras de una televisora internacional que los iba a dar a conocer al mundo entero: la excelentísima, conmovedora y singular “Orquesta de los Ciegos Caminantes”.

No, no podía dejar pasar esa oportunidad. Tantos años de sacrificio merecían la mejor de las recompensas. Y después ya iban a ver los cieguitos, pero ver de verdad verdad. ¡Ah, Lázaro Cárdenas, director de la orquesta y pelagallos, manager, chofer, cocinero, mula, arrastrado y santo! Tan sólo pedía tenerlos frente a él, con la vista recuperada, con los ojos bien abiertos. Parecía absurdo, infantil, pero lo que siempre habían deseado era hacerles la gran seña, la del siéntate aquí para que goces, para que sufras, para que te duela y, por si acaso, por si te gustó, más adentro, todo todito el brazo.

Pero primero tenía que llegar al otro lado. Después ya iban a ver.

─Tenemos que llegar al otro lado ─dijo.

Los ciegos no tardaron en responder:

─¡Vaya, eres todo un genio!
─¡Estuvimos aquí todo el tiempo y él no sabía que hacer!
─¡Se te reventó el cerebro!
─¡Sí!, ¿no te huele a excremento de burro?
─Anda pues y cómpranos alas.
─Sí, porque ya el barquero se fue y no hiciste nada.
─¡Ahora nos va a decir que sabe como manejar una gabarra!

Lázaro les dio la espalda y caminó hacia el muelle donde se encontraba la gabarra.

─Como esclavo de ustedes he tenido que aprender de todo ─les gritó al tiempo que saltaba a la nave─. El que se quiera quedar que se quede, porque éste que está aquí va a llegar al otro lado.
─Allá vamos, inútil, allá vamos…

Al rato, los ciegos se encontraban en medio de la embarcación, muy apiñados, espalda contra espalda. “Son uno sólo”, pensó Lázaro desde su puesto de piloto, “frágil como recién nacido, perverso como siete demonios invidentes”. Estaba cansado, se arrellanó sobre la silla y cerró los ojos. Calculaba que una hora estarían del otro lado del río. Después de tanto ajetreo, aquel momento era la gloria.

─No está mal, no está mal ─se dijo Lázaro Cárdenas haciéndole una enorme sonrisa al amplio cielo estrellado─. Una noche bonita, un equipo de televisión esperándome al otro lado…

Coquillas con susurro acariciaron sus oídos. Volteó hacia atrás, pero no había nadie a su lado. Sin embargo, se dio cuenta de que uno de los ciegos gesticulaba hacia el puesto del piloto. Se puso de pie y asomó la cabeza fuera de la cabina. Efectivamente uno de los ciegos le estaba gritando:

─Lázaro, queremos regresarnos, ¿nos escuchas Lázaro?
─Sí, escucho, pero ¿por qué carajos se quieren regresar?
─Porque sí, porque sí.
─¡Tiene que haber una razón!
─Estamos cansados.
─¿Cansados?
─Sí, estamos cansados de todo, pero en particular estamos cansados de ti.

Lázaro empezó a bajar las escaleras a grandes pasos.

─¿Cansados, ustedes están cansados? ─les gritó, aunque ya estaba cara a cara con el vocero. ─Pues saben cómo es la vaina, que el único que está cansado aquí soy yo. ¡Ya no aguanto más! ¡Nueve años, NU-E-VE, y ya estoy hasta aquí de ustedes y de su miserable mundo de ciegos, de su oscuridad de ciegos fracasados!

Los músicos se habían dispersado, lo suficiente como para sacar los instrumentos de los estuches. Ahora comenzaban a afinarlos.

Lázaro no dijo más, apretó la boca, apretó los puños y se quedó en el sitio. Los vio afinar los instrumentos, los vio sonreír con esa sonrisa estúpida de los ciegos, los vio conjurarse para invocar esa melodía enloquecedora nacida de las entrañas mismas de la maldad. Lázaro quiso gritarles que ya era suficiente, que pararan, que estaba a punto de volverse loco, pero su boca se abrió para un grito y su cuerpo se precipitó contra los violinistas.

Los siete ciegos cayeron al piso, de rodillas sobre la cubierta de la gabarra, como si hubiesen sido sometidos a implorar perdón. Una vez más, como todos los días, maldijeron con voz herida a Dios, maldijeron su ceguera de por vida y maldijeron a Lázaro.

Lázaro trastabillaba por la cubierta.

─Perdí mi arco ─se quejó de pronto uno de los ciegos violinistas.
─¿Se te cayó al río? ─preguntaron los otros.
─No, Lázaro me lo quitó.
─Lázaro, maldito, devuelve el arco.

Pero la brisa se llevaba las palabras y no llegaban hasta Lázaro, que balbuceaba sonidos sin sentido, entremezclados con gimoteos de llantos.

─Devuelve el arco, Lázaro.

Los ciegos se pusieron en pie y volvieron a unirse espalda contra espalda. Ahora Lázaro tambaleaba hacia ellos. Los ciegos se movieron hacia los pasos que venían, de manera que el ciego violinista que había perdido su arco quedó frente a Lázaro.

─Lázaro, devuélveme lo mío.
─Sí, el arco ─gruñó Lázaro, y se llevó las manos a la cara. Sentía que el rostro se le derretía y se le convertía en un líquido viscoso y ardiente.

El ciego violinista proyectó ambos brazos hacia delante y el arco fue colocado en sus manos.

─Pero… ¿Pero qué has hecho, Lázaro? ─dijo el ciego.
─Que ya no los veré nunca más, ahora sí que ya no los veré más… ─respondió Lázaro, y estalló en un tropel de carcajadas.

Entonces los ciegos comprendieron y acompañaron a Lázaro en un concierto de risotadas, estertores de ocho almas obstruidas por un odio eterno, macerado en una fétida oscuridad demencial.

La gabarra continuó a la deriva.




(De Cuentos de cabecera, 2001)