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Memorias del duque de Roca Negras.


Amigos, el duque de Rocanegras y Príncipe de Austrasia fue un venezolano excéntrico que vivió a mediados del siglo veinte, durante los tiempos del General Gómez en aquella Caracas provinciana con decadentes aires parisinos que le dejara Guzmán Blanco. El duque, de nombre Vito Modesto Franklin, decía ser descendiente de Venus (la diosa, claro), y que era poseedor de una línea matemática de la elegancia que empezaba por su hermosísimo ombligo. Nunca sabremos si hablaba en serio o no, si fue un gran mamador de gallo o un loco exquisito. Eso sí, tuvo la amistad de los grandes humoristas de aquel entonces, entre los que se encuentran Job Pim y Leoncio Martínez. Por supuesto, alguien con tal ego (real o ficticio), tuvo a bien escribir sus memorias. Yo las copié, a mano, del único ejemplar que se encuentra en la sala de Libros Raros en la Biblioteca Nacional. Como no soy mala gente, deseo compartirlas con ustedes. Se las paso. Las voy a ir transcribiendo poco a poco, junto con una que otra información de interés que complete la información del singular personaje. No se pierdan estas memorias.

Para leerlas, este otro blog:



Comentarios

excelente!!!
ese personaje siempre me ha parecido fascinante, confirma que la locura y belleza de Caracas fue desde siempre
Gloria dijo…
Fedosy, muchas gracias por revolver mis cajones y por tu comentario.. y por el link!!!! Nos veremos seguido, es verdad que nuestros blogs son parientes lejanos.
Un abrazo
Gloria
ROBERTO ECHETO dijo…
Vito Modesto Franklin, el Duque de Rocanegras es una suerte de dandy dadaísta que, para colmo, fue protector de científicos locos. ¡Qué maravilla! Y más si pensamos que vivió en nuestra Caracas.

Si este fuera un país serio, ya tendríamos 3 o 4 películas sobre el Duque de Rocanegras.
Kira dijo…
Seré asidua lectura de esas memorias... alguien debería reimprimirlas...Saludos...

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UN SOMBRERO DE PAJA ITALIANA

Por Leoncio Martínez


Carlucho Sirgüela dio por terminada la limpieza de la moto y echó sobre los níkeles relucientes y engranajes lubricados una mirada amorosa. Era una bella máquina último modelo, regalo de su padrino el día de su santo. Cómo se la envidiaba Atilio Mortó que apenas había podido comprar una moto de medio uso, salida de fábrica hace dos años; lo mismo que Pepe Calzada envidiábale sus raquetas, Jacinto Febre sus zapatos de sport y el infeliz de Graciano Lugo sus guantes de boxeo.

Sonrío satisfecho, soltó el arranque y una epilepsia estrepitosa sacudió la máquina; el latido del motor fue apagándose lentamente en un suave silencio; luego Carlucho trajo de la sala un cojín búlgaro y lo tiró al descuido, como una gran ave muerta, sobre el side-car.

La llevaba hacia la calle con el cuidado de quien conduce una novia, pero al pasar por el corredor, no pudo dejar de detenerse ante el espejo de la sombrerera, a darse los toques finales.

Estaba bien, casi bien.

Retocó la caída abando…

Página de respeto

Los libros, por lo general, llevan una hoja en blanco de primera página. Mire usted qué detalle: se le llama hoja de respeto o de cortesía. Nadie se detiene en ella. Creo que deberíamos hacerlo, tan sólo por un instante. Creo que deberíamos también, mientras vamos leyendo, estar conscientes de que, la primera página de ese libro es una página de respecto, de cortesía. Una página que calla.
No importa el contenido, no importa la materia: todo libro que tenga esa hoja de respeto contiene la poesía. Esa hoja en blanco es la poesía, es la imagen perfecta de una revelación que no puede ser dicha con palabras. Lo que nos excede, lo que nos colma justo antes de la avalancha de las palabras.
Los poetas lo saben. El buen poema está repleto de líneas de respeto. Y un buen libro de poemas abunda en páginas de respeto, de cortesía.

UN TRÁMITE DIFÍCIL O LAS CULPAS DEL AMOR NO CORRESPONDIDO

En algún momento en que leía Un trámite difícil de Javier Ponte Gambirazio, (Pre-textos, 2003) pensé que esa pequeña novela era grandiosa porque nos demostraba claramente, con avasallante crudeza y profunda ternura, lo afortunados que son aquellos que se aman. Y acá es importante el reflexivo se, pues el tema aplica para el amor no correspondido. Una historia protagonizada por tres travestis hace espacio, por supuesto, para la sordidez. Ajeno a la pacatería, el autor busca, encuentra y retrata con acerado humor negro la oscura trastienda del travestismo. Pero también se ocupa, no obstante, del equilibrio, del contrapeso justo, y lo encuentra en la mirada de la comprensión. El autor cala en la humanidad de sus personajes y de allí obtiene el genio de la lengua, la reflexión afortunada y la mirada insólita de la vida. Porque en esa periferia de sus personajes travestis, no puede haber sino una mirada distinta, original, llena de giros inusitados, y de profundo conocimiento de las debac…