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Las arrecheras contra la Fundación



En la revolución paratópica todo debe ser hecho con arrechera. El héroe idealista revolucionario habla de vacaciones revolucionarias, y habla de ellas con arrechera. No son vacaciones por vacaciones, son vacaciones para vengar, para ocupar los espacios de los otros. El adepto revolucionario debe llegar a la playa con su cava, sus shores, sus niños y su señora y sentarse frente a una playa cristalina con arrechera, mirando feo a todo el mundo, como un perro rabioso que ha tomado un espacio a juro. Son vacaciones que no son vacaciones, son vacaciones con una misión. La misión seria, categórica, guerrillera, de ocupar el espacio que, según la paratopía, es un espacio usurpado (tramposamente) por los otros. Así que, con una misión tan importante, la idea del entretenimiento, del solaz, no existe; incluso es falta, error, pecado. Lo que existe es seriedad idealista revolucionaria y mucha arrechera. El adepto revolucionario debe estar en la playa, de vacaciones sí, pero arrecho. La arrechera debe serlo todo. Una arrechera justiciera, divina, misionera. Es una arrechera del Dios del Antiguo Testamento. La arrechera de Cristo en el templo, que es como un vestigio de ese Dios arrecho del Antiguo Testamento. Porque eso sí, el revolucionario es conservador. Lo nuevo es amenazante, lo nuevo es futuro, y el futuro, para la paratopía, es su muerte. A la paratopía no le conviene el futuro, porque el futuro es la instalación absoluta de su poder, y por ende, la desaparición de los otros y la evidencia de su fracaso. La paratopía siempre incluirá a los otros en su discurso público, populista y sagrado para justificar sus imposibilidades, sus arrecheras, sus odios. Aunque tome el poder absoluto, el otro siempre existirá. ¿Pero hasta cuándo puede mantenerse el antifaz discursivo? La paratopía, enloquecida en su arrechera justiciera, no cesa de acabar con los otros. Cuando se acaben los otros, ellos mismos empezarán a ser LOS OTROS, su arrechera los convertirá en caníbales de su propia carne. Mientras tanto, la paratopía no cesa de cumplir sus misiones con arrechera. Lo hecho con la Fundación para la Cultura Urbana es un ejemplo más de arrechera justiciera, que empieza a tener algo de auto-fagocitosis (recordemos los tratos de Econoinvest con el poder). Pero la arrechera es aún mayor con la Fundación porque la Fundación representa el espacio intangible (de alma) de los otros, que es más difícil de ocupar o de destruir en la guerra eterna contra el mal (los otros) que se ha adjudicado la paratopía para sí misma y por conveniencia. La Fundación representa parte del alma, del espíritu de sobrevivencia de los otros, y así, su cierre, su aniquilación se convierte, para la paratopía, en un duro zarpazo contra aquello que es más difícil de matar. Un cuerpo se mata, un alma perdura. Una idea perdura, y si es compleja, sofisticada, liviana, divertida y perfecta, mucho más. Y eso da arrechera, mucha arrechera, porque en la paratopía las ideas son todo lo contrario. En la paratopía las ideas del discurso público han de ser superficiales, simples, pesadas, serias (arrechas) y acomodaticias, porque así lo dicta el héroe paratopista. La inteligencia idealista revolucionaria, hacia dentro, conoce otros matices, pero hacia fuera el discurso público ha de mantener una dinámica con estas características. De ahí, una vez más, la arrechera, la arrechera misionera y fanática, de aquel que nunca terminará de construir una realidad valiosa, de construir algo imperecedero, algo con alma. Porque una cosa sí es cierta, la Fundación para la Cultura Urbana, seguirá existiendo. Fundó en el espacio valores intangibles que por más zarpazos que les den, permanecerán como evidencias de lo verdaderamente bueno, y revolucionario incluso.

Comentarios

Vinz dijo…
Excelente análisis, Fedosy. Aislas de manera impecable la dialéctica del resentimiento, uno de los sentimientos más bajos y destructivos, fatal cuando se une al poder.
La sorna y la burla revanchista de la sustitución de una Fundación por la nada, por el desierto cultural, es una victoria pírrica e infantil, es sacrificar los cimientos de la sociedad, un ente que crea ciudadanía, simplemente para burlarse de la impotencia ajena.
Todo anclado en el ilegalismo, por supuesto, en el atropello y en el guapo-e-barrismo.
Un abrazo solidario, desde acá seguiremos combatiendo, como sea.
Saludos.
Rubén Machaen dijo…
"Una idea perdura, y si es compleja, sofisticada, liviana, divertida y perfecta, mucho más". Genial. Ají está todo.
Anónimo dijo…
Hola Fedosy,

Leí y lo comparto.

Abrazos.

Gaby
Kira dijo…
Excelente Fedosy. Esto es casi que un manifiesto.
Marta González dijo…
Cada acción que este "revolucionario comandante" realiza, tiene el objetivo único de eternizarse en el poder. De tal manera, que el país asiste a una cada vez mas irreal verborrea,a una acción pública llena de segundas intenciones, y terceras y cuartas. El "pueblo" es todo, sólo que "el pueblo" es el revolucionario comandante quien decide como vestir, que ver, a donde ir, y sobre todo cómo comportarse ante esa "masa desconocida de oligarcas", a la cual nadie conoce, porque opositor es oligarca, guarimbero, explotador, antipático y objetivo claro de todo un odio manifiestamente concebido para que el "revolucionario comandante" se convierta en un ya no tan revolucionario, pero si vitalicio, "rey".
Graciela dijo…
Tal cual como lo dices, Fedosy.
Y también es cierto que la resistencia a esa arrechera balurda es y será más arrecha, porque nada es más grande que la labor que ha hecho la Fundación para la Cultura Urbana estos últimos diez años. Y nada puede contra eso, nada.
Nos tumban, nos caemos, rebotaremos, nos re-alzaremos. Aquí estamos. Haciendo alma. ¿A los coñazos? Como nos venga, pero aquí estamos.
Graciela dijo…
Tal cual como lo dices, Fedosy.
Y también es cierto que la resistencia a esa arrechera balurda es y será más arrecha aun, porque nada es mayor que la labor que ha realizado la Fundación para la Cultura Urbana en los últimos diez años. Nada puede llevarse eso por delante, nada.
Nos tumban, nos caemos, rebotaremos, nos re-alzaremos. Aquí estamos. Haciendo alma. ¿A los coñazos? A pesar de ellos. Pero aquí estamos.
yoyiana dijo…
Don Fedor: Chapeau siempre me habia preguntado porque todos los revolucionarios son tan malhumorados, porque siempre llevan puesto el traje de la arrechera; pues Ud como buen Chang fabricador de ciudaddes que no existen me ha respondido. Excelente concepto que trasciende las distopias, que para eso hay que ser màs que una secta satànica que desentierra huesos y pretende. Levantarse sobre ruinas de un alma que camina sola y cada vez tiene màs espacios de latencia
Anónimo dijo…
Revolucionarios reaccionarios, morones oxímoronicos, sembradores de tormentas y de épicas indigestas... pero como dice Echeto, el bruto es uno por no entender tanta inquina... empero, me sigue pareciendo un acto de justicia poética por irse a la cama con el enemigo y luego darse por sorprendidos por despertar a dentelladas: Blanca Strepponi me hace saber de este libro sobre los Thyssen, banqueros de Hitler, que puede resultarles lectura de cabecera en chirona http://archivo.po.org.ar/edm/edm28/daniel.htm

Al final, solo nos quedará el horror de recordar estos años baldíos en los que nos destrozamos con tanto empeño
de pana Fedosy, no lo pudiste decir mejor, totalmente de acuerdo contigo, es algo como que el resentimiento eterno que nunca sera satisfecho...
y lo peor para ellos, es que a los de aca eso nos resbala...
saludos
marcel dijo…
Respaldo tus palabras, Fedosy, pero no puedo dejar de preguntarme qué tan cierto es eso de la FCU seguirá existiendo. Tenemos sus libros, sus buenas ideas, su apoyo permanente y real a buenos proyectos, pero creo que se pueden hacer muchas cosas para generar olvido. Recordar es un verbo en movimiento.

Las tiranías han dejado grandes baches en la historia, grandes olvidos, no en vano la lucha que viene cuando terminan es la búsqueda de la memoria. A veces las cosas se extravían y mueren de un portazo.

Algún día nos tocará ser profesionales del flashback.
Muy buena reflexión, Fedosy: el parátopo arrecho por su bien.
Alberto dijo…
Saludos desde las líneas que nos rebotan y nos hacen parte de esta incomodidad contra esta cosa que nos sacude.
Fedosy, un trabajo para rascarse la piquiña interior. Excelente.
Alberto Hernández.

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