
Por Valmore Muñoz Arteaga
Hace algunas semanas publiqué un pequeño trabajo cerca de la nueva narrativa venezolana. Hacía una muy superficial revisión del extraordinario momento que vivía la novela y el cuento venezolanos. Mencioné algunos nombres y – como suele ocurrir en estos casos – hubo omisiones imperdonables. Una de esas omisiones es la que nos reúne en este espacio. Debo dejar claro que la omisión es totalmente mi responsabilidad, en modo alguno significó un guiño a la posibilidad de restarle importancia al trabajo literario que desde hace ya varios años viene realizando Fedosy Santaella. Un joven narrador que ya cuenta con un número de publicaciones importantes, entre las cuales destacan notablemente sus dos últimas, la novela Rocanegras y el libro de relatos Piedras Lunares.
Ambos libros, desde sus muy particulares naturalezas, responden a un género narrativo que viene siendo retomado por los escritores venezolanos, la novela negra o novela policial. Rocanegras es una novela provocadora que rescata la imagen del Duque de Rocanegras, Vito Modesto Franklin, curioso personaje de la Caracas gomecista y que Santaella utiliza como pretexto para sondear en torno al crimen de Juancho Gómez acaecido en 1923. Piedras Lunares es un conjunto de relatos que desde el territorio de la novela negra, penetra exitosamente en el truculento laberinto de la condición humana.
Rocanegras mezcla con mucha inteligencia la novela negra y la novela histórica, o como la denominó Armando José Sequera “un thriller histórico”. Santaella recupera a través de esta novela a un muy curioso personaje de la Caracas de los años 20 llamado Vito Modesto Franklin, un incauto dandy que se recrea así mismo para huir de su propia realidad y que termina involucrado en los acontecimientos que significaron el asesinato de Juancho Gómez, hermano de Juan Vicente Gómez. Vito Modesto Franklin, o el Duque de Rocanegras, ayuda a desentrañar todo cuanto se esconde detrás del asesinato, atreviéndose a recrear la historia y darle a la misma unos giros totalmente inesperados. Una novela que, de alguna manera, me recordó a El Hombre de la Atlántida, esa polémica y urticante biografía novelada que Norberto José Olivar realiza de Jesús Enrique Lossada.
Piedras Lunares, un secreto homenaje a Wilkie Collins, maestro de la novela negra y que en 1868 publicó una obra considerada una joya de la literatura de policías llamada Piedra Lunar. Este libro, a diferencia de Rocanegras, es de relatos. Una colección de cuentos en los cuales Fedosy Santaella se adentra hacia el lado oscuro de la creación literaria. Ese lado oscuro en el cual quedan develados los rostros más corruptos y deformes de la condición humana. Unos relatos que son protagonizados por la sangre que emana desde diferentes dimensiones como la ironía, el humor negro, la crónica, hasta el cómic. Relatos que se apoyan de diversos elementos que van desde las truculentas historias de Poe hasta la ironía pérfida de Los Sopranos. Piedras Lunares es un homenaje a la crueldad, a la ruindad del bicho humano. Historias que tienen un punto de origen en algunas narraciones de un libro de cuentos anterior llamado Postales Sub Sole, y que me traen a la memoria muchas escenas de la película Freaks de Tod Browning, por el manejo tan frío y meticuloso de la maldad humana.
Fedosy Santaella, carabobeño de 38 años, ha escrito estos dos libros para reafirmar sus reflexiones en torno al hecho narrativo. Escribe para exorcizar la estulticia del mundo, no hay mejor manera que partir de la novela negra, para cuya realización se requiere de una inteligencia por encima del promedio. Se requiere de una sutileza quirúrgica para afrontar cada personaje y cada acción. En sus historias trata de evidenciar la ineficacia de Dios como creador al realizar al hombre, mancha finita sobre la perfección de la naturaleza. Un joven narrador que mantiene sus pies firmes en la tierra. En la medida que escribe entiende que un escritor tan sólo escribe historias y que no tiene otra obligación más que eso: escribir historias. Escribir historias que puedan divertir. Quizás por eso recurre al cine para construir sus historias, para desarrollar sus personajes o diálogos, aunque debemos volver a retomar, tratándose de Fedosy, el valor del cómic.
Fedosy Santaella es una de las nuevas figuras emergentes de la narrativa venezolana. De una calidad si discusión y que se ha visto favorecida, no sólo con la premiación en varios concursos de narrativa, sino con su aparición en importantes antologías de la narrativa venezolana como De la Urbe para el Orbe. Fedosy Santaella nos brinda en su literatura, en especial en sus dos más recientes trabajos Rocanegras y Piedras Lunares, la frescura de un discurso novedoso, pero al mismo tiempo, la espesura en donde se revuelcan las miserias humanas.
Ambos libros, desde sus muy particulares naturalezas, responden a un género narrativo que viene siendo retomado por los escritores venezolanos, la novela negra o novela policial. Rocanegras es una novela provocadora que rescata la imagen del Duque de Rocanegras, Vito Modesto Franklin, curioso personaje de la Caracas gomecista y que Santaella utiliza como pretexto para sondear en torno al crimen de Juancho Gómez acaecido en 1923. Piedras Lunares es un conjunto de relatos que desde el territorio de la novela negra, penetra exitosamente en el truculento laberinto de la condición humana.
Rocanegras mezcla con mucha inteligencia la novela negra y la novela histórica, o como la denominó Armando José Sequera “un thriller histórico”. Santaella recupera a través de esta novela a un muy curioso personaje de la Caracas de los años 20 llamado Vito Modesto Franklin, un incauto dandy que se recrea así mismo para huir de su propia realidad y que termina involucrado en los acontecimientos que significaron el asesinato de Juancho Gómez, hermano de Juan Vicente Gómez. Vito Modesto Franklin, o el Duque de Rocanegras, ayuda a desentrañar todo cuanto se esconde detrás del asesinato, atreviéndose a recrear la historia y darle a la misma unos giros totalmente inesperados. Una novela que, de alguna manera, me recordó a El Hombre de la Atlántida, esa polémica y urticante biografía novelada que Norberto José Olivar realiza de Jesús Enrique Lossada.
Piedras Lunares, un secreto homenaje a Wilkie Collins, maestro de la novela negra y que en 1868 publicó una obra considerada una joya de la literatura de policías llamada Piedra Lunar. Este libro, a diferencia de Rocanegras, es de relatos. Una colección de cuentos en los cuales Fedosy Santaella se adentra hacia el lado oscuro de la creación literaria. Ese lado oscuro en el cual quedan develados los rostros más corruptos y deformes de la condición humana. Unos relatos que son protagonizados por la sangre que emana desde diferentes dimensiones como la ironía, el humor negro, la crónica, hasta el cómic. Relatos que se apoyan de diversos elementos que van desde las truculentas historias de Poe hasta la ironía pérfida de Los Sopranos. Piedras Lunares es un homenaje a la crueldad, a la ruindad del bicho humano. Historias que tienen un punto de origen en algunas narraciones de un libro de cuentos anterior llamado Postales Sub Sole, y que me traen a la memoria muchas escenas de la película Freaks de Tod Browning, por el manejo tan frío y meticuloso de la maldad humana.
Fedosy Santaella, carabobeño de 38 años, ha escrito estos dos libros para reafirmar sus reflexiones en torno al hecho narrativo. Escribe para exorcizar la estulticia del mundo, no hay mejor manera que partir de la novela negra, para cuya realización se requiere de una inteligencia por encima del promedio. Se requiere de una sutileza quirúrgica para afrontar cada personaje y cada acción. En sus historias trata de evidenciar la ineficacia de Dios como creador al realizar al hombre, mancha finita sobre la perfección de la naturaleza. Un joven narrador que mantiene sus pies firmes en la tierra. En la medida que escribe entiende que un escritor tan sólo escribe historias y que no tiene otra obligación más que eso: escribir historias. Escribir historias que puedan divertir. Quizás por eso recurre al cine para construir sus historias, para desarrollar sus personajes o diálogos, aunque debemos volver a retomar, tratándose de Fedosy, el valor del cómic.
Fedosy Santaella es una de las nuevas figuras emergentes de la narrativa venezolana. De una calidad si discusión y que se ha visto favorecida, no sólo con la premiación en varios concursos de narrativa, sino con su aparición en importantes antologías de la narrativa venezolana como De la Urbe para el Orbe. Fedosy Santaella nos brinda en su literatura, en especial en sus dos más recientes trabajos Rocanegras y Piedras Lunares, la frescura de un discurso novedoso, pero al mismo tiempo, la espesura en donde se revuelcan las miserias humanas.
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