domingo, noviembre 11, 2007

El humorismo y Enrique Jardiel Poncela




"No definiré el humorismo, no. Pero sí diré que no todo el mundo entiende la literatura humorística. Lo cual es naturalísimo.

Particularmente la literatura humorística, además de servirme para una porción de cosas que no hace falta denunciar, me sirve para medir la inteligencia de las personas de un golpe y sin equivocarme en un solo caso.

Si oigo que me dicen:
—¡Bueno, se les ocurren a ustedes unas gansadas tremendas!, pienso: éste es un cretino.

Si me dicen:
—Está bien esa clase de literatura, porque quita las penas,pienso: éste es un hombre vulgar.

Cuando me advierten:
—Es un género admirable y lo encuentro de una dificultad extrema, entonces pienso: éste es un hombre inteligente.

Y por fin, si alguien me declara:
—Para mí el humorismo es el padre de todo, puesto que es la esencia concentrada de todo y porque el que hace humorismo piensa, sabe, observa y siente, entonces digo: este hombre tiene talento.


Reconozcamos que tengo que decirlo muy pocas veces."

jueves, noviembre 08, 2007

BOOGIE, SUCIO NEGRO






En Argentina aman al Negro. Bueno, lo ama un sector grande, porque ni a Bolívar lo ama todo el mundo. Tampoco a Gandhi o a la Madre Teresa de Calcuta, “aunque usted no lo crea”. En Argentina dicen que el Negro es una especie de hombre renacentista. Claro, es argentino. Pero más allá de esto, es verdad que el Negro era genial. Aunque debo confesar que nunca he sabido por qué a alguien que no era negro, le decían el Negro –que en paz descanse, por cierto. Pero está bien que le llamaran así. Negro es uno de los sobrenombres más respetables que alguien pueda tener, sobre todo si se consideran las virtudes de la entrepierna que se le atribuyen a los miembros de la raza. Si ti dicen Negro, pues vete a Choroní o a Holanda. Te auguro excelente futuro.

Lo primero que uno lee cuando busca la biografía de Fontanarrosa en su página WEB, es lo siguiente:


"De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro".

Sí, Fontanarrosa, humorista gráfico y escritor, me ha hecho reír durante años. Sus piezas gráficas son geniales. Pero también debo decir que el Negro me presentó a uno de sus mejores personajes: Boogie el aceitoso, un duro mercenario de tira cómica. Sí, Boogie es muñeco de tira cómica, no una novela ni una serie de novelas, ni tampoco de cuentos. Pero les puedo asegurar que la lectura de Boogie el aceitoso es negra, muy negra, profundamente negra. Y ahí, Fontanarrosa, sí que es muy negro. Es más, lo digo sin empachos: las pequeñas historias de Boogie el aceitoso, son para mí lo mejor que hay en literatura policial en América Latina. Porque entre las obras maestras del arte negro-policial están el gran Boogie y Fantomas, la amenaza galante, personaje inspirado en el original francés y después popularizado en México por editorial Novaro. Recordemos que en México, a los cómics, antes de la llegada del cómic, se les decía “cuentos”.

En la biografía que podemos encontrar en la WEB y en el libro que trae todas las historia de Boogie editado por Ediciones de la Flor, leemos que Boogie nació en 1972 -ya adulto acoto yo para decir que quien no tiene infancia puede que se vuelva maluco-, que es soltero, de domicilio desconocido y que entre sus señas particulares está la de andar todo el día con un cigarrillo en la boca. Su hobbie es coleccionar armas y dispararle a la gente desde la ventana de su apartamento. Su personaje favorito es Jack el destripador y el más odiado: el resto de la humanidad.

En alguna otra parte, Fontanarrosa nos dice que Boogie nació en pleno apogeo de las aventuras de James Bond. Pero Boogie no es inglés, sino americano, ni tampoco un agente especial con permiso para matar, sino un asesino, un mercenario que aprendió a matar en Vietnam y en Nicaragua. Trabaja para el mejor postor, sin mirar para los lados; persigue y mata judíos, negros, homosexuales y chicanos; y hasta protagoniza el aviso publicitario de la "44 Magnum de luxe". Pero no crean, a veces muestra su lado humano: es capaz de caerle a golpes a una mujer hasta dejarla hecha molicie con el sólo fin de aplacar un terrible ataque de histeria que a ella pudiera ocasionarle graves daños, y, sin rechistar ayudaría a un suicida al que el falta coraje para matarse. Tomemos en cuenta, y esto también lo dice Fontanarrosa en alguna parte, que aquellos tiempos eran los del fulgor cinematográfico de Harry el Sucio, aquel detective rudo protagonizado por el maestro de maestros, Clint Eastwood. Nuestro matón, más que James Bond, se parece a Harry, y también a los vaqueros que protagonizó Eastwood en las películas de Sergio Leone.

Por lo que podemos ver en los cómics, Boogie es rubio (rubio era Sam Spade a pesar de Bogart), fornido y con cara de pocos amigos. A veces anda en sobretodo y otras en guayaberas con estampados tropicales.

Un excelente trabajo de Judith Gociol que se encuentra en la WEB y también en la colección que menciono se puede leer lo siguiente:

“Seguramente Boogie casi no leyó libros en su vida, pero -de no haber nacido en una historieta- bien podría haber sido uno de los personajes del género policial negro (Boogie "¡sucio negro¡") que aparecieron en los Estados Unidos a partir del crack de la Bolsa de Wall Street, en 1929. El mismo tipo de violencia -urbana, callejera, hostil- que se acentuó en la sociedad con la crisis económica, permeó los relatos: el gangsterismo, el tráfico de droga, los manejos sucios en la policía, la corrupción.”

Este ejemplar aceitoso, es decir, al que todo le resbala, se mueve en un mundo similar, transitando las oscuras capas donde la violencia, el dinero y el poder se dan la mano. Sí, ahí está Boogie, amoral, frío, peligroso, dispuesto a hacer lo que se le mande a cambio de unos buenos billetes. Boogie está roto, en alguna parte del camino perdió el alma, y desde entonces el mundo le da igual. Pero es extraño: a pesar de ser un personaje detestable, uno como lector está allí, con él, sintiéndose seguro a su lado, sintiéndolo un amigo. Quizás, muy adentro, lo entendemos: el mundo es una mierda y nadie merece compasión, y, basados en esa oculta premisa que yace en alguna parte de nuestro espíritu, acompañamos a Boogie en sus aventuras. No obstante, sabemos que el mercenario impasible es un medio del autor. Boogie es la parodia, el ataque de Fontanarrosa a todo lo que está mal en la sociedad. Boogie está dentro de la porquería, como lo están los detectives de Hammett y Chandler. El recurso del crimen visto desde el criminal está llevado al extremo con Boogie, porque, al contrario de los protagonistas de Hammett y Chandler, Boogie es el asesino, el malo de la historia. Y nosotros, qué ironía, lo queremos.

En el film Apartment Zero (1988) de Martin Donovan encontramos a uno de esos asesinos a sueldo que estuvo en Argentina durante los tiempos de la dictadura. Jack Carney es un descendiente de aquel Boogie de los setenta. En La bicicleta de Leonardo (1996) de Paco Ignacio Taibo II (premio Hammett) también tiene vida un personaje similar. Se trata un ex combatiente de Vietnam y agente de la CIA que quiere recuperar el dinero de un cargamento de droga que le dejó a un búlgaro en la retirada de Saigón.

Pienso que estos personajes, directa o indirectamente, son herederos de Boogie; así como Boogie le debe mucho a James Bond, a Arsenio Lupin, a Harry el Sucio y a los detectives de Hammett y de Chandler.

Así que larga vida a Boogie el aceitoso. Y si a alguien no le gusta, pues a él le resbala, porque ya nuestro mercenario impertérrito se ha hecho de un lugar en la historia. Por lo menos, en mi historia literaria y humana. Ah, y a mi también me resbala si a alguien no le gusta.

jueves, noviembre 01, 2007

21 del siglo XXI







Gisela Kozak, Antonio López Ortega, Fedosy Santaella, Sonia Chocrón y Silda Cordoliani se darán cita el próximo martes 6 de noviembre a las 8:00 de la noche en la sede de Santa Palabra para participar en Narradores venezolanos en el siglo XXI, encuentro moderado por la escritora María Celina Núñez. Este encuentro se organizará a propósito de la publicación la antología 21 narradores para el siglo XXI.


Narradores venezolanos en el siglo XXI es un encuentro en el cual cuatro escritores, Gisela Kozak, Antonio López Ortega, Fedosy Santaella, Sonia Chocrón y Silda Cordoliani, conversarán sobre la narrativa venezolana en nuestros tiempos. En esta tertulia, moderada por María Celina Núñez, los autores no sólo intercambiarán ideas entre sí, sino que responderán las inquietudes de los asistentes.


Esta iniciativa ha sido organizada a propósito de la publicación de 21 narradores para el siglo XXI, una antología realizada por Rubi Guerra y publicada por Ediciones B que recoge cuentos de autores reconocidos como José Balza y escritores más recientes como Roberto Echeto o Gisela Kozak. El encuentro se realizará el martes 6 de noviembre a las 8:00 de la noche en la sede de Santa Palabra, ubicada en La California Sur, Av. Trieste con Av. Madrid, dentro de los espacios de Roberto Mata Taller de Fotografía; la invitación está abierta para todo público.


Santa Palabra es un centro de actividades literarias especialmente concebido para fomentar la expresión escrita y el intercambio cultural sin ningún tipo de inhibiciones. Además de la temporada regular de cursos, su oferta incluye seminarios intensivos, talleres sabatinos y Club de Lectura. Sin embargo, no se limitan a lo académico y sus espacios también sirven como punto de encuentro para quienes deseen disfrutar de recitales, entrevistas en vivo, encuentros con autores, lecturas dramatizadas y tertulias.



Narradores venezolanos en el siglo XXI – Encuentro literario

Fecha: 6 de noviembre a las 8:00 pm.

Lugar: Av. Trieste con Av. Madrid, La California Sur (dentro de los espacios de Roberto Mata Taller de Fotografía).

Entrada libre.