jueves, julio 31, 2008

UNA CRÓNICA DEL CAOS HOGAREÑO


Sólo hace falta que se pierda algo de valor en casa para que reviente la cruzada relámpago contra el caos. Supongamos que a Sinseso y a Maigualida se les pierden los pasaportes. Como es lógico, empiezan a buscar en los lugares donde probablemente estarían: En el archivador, en el cuarto, en el escritorio, y hasta en las bibliotecas y en cada intersticio ganado al imperio de los libros. Luego, pasan a los lugares donde nunca deberían estar aquellos documentos. A saber: En el baño, en la cocina, en el cuarto de Joaquín —dentro de sus cajas de juguetes—, en el maletero, entre los peroles de los gatos y del perro y hasta en las guanteras y en las maletas de los carros. Pero nada, los pasaportes no aparecen.

Empieza entonces a incubarse algo en el ánimo de la pareja. Se trata de una angustia indecible hacia el desorden. Y claro, la culpa la tiene el otro. Ella se da cuenta que él es un remolón incorregible, y él, que ella es una loca indomable. Lo cierto es que los dos tienen rabo de paja. Cada uno acumula nidos de desechos en sus respectivas trincheras y en las áreas comunes. Para empezar, las mesitas de noche. ¡Coño, cuánta porquería hay allí acumulada! En las gavetas de Sinseso encuentras facturas, recibos de cajeros, cajas de chicle vacías, tarjetas de presentación y todos los volantes recogidos con una enorme sonrisa para la modelito que los repartía embutida en su licra morrocoyera (y por favor, muchachas, no pregunten que es una licra morrocoyera). En las gavetas de Maigualida la escabechina no es menos: números de teléfonos de peluqueras y maquilladoras anotados en cualquier papelito, así como dípticos y trípticos de peluquerías, lavanderías, gimnasios y ventas de muebles, y de ñapa, colitas, zarcillos con pares extraviados, barajitas de vírgenes y una otra que otra ramita amarrada con un papel que esconde el nombre de algún jefe odiado o el de aquella alumna demasiado nombrada por el marido.

Después le toca a los clósets. Allí, los zapatos de Sinseso viven el desparpajo de la orgía: la chancleta Havaianas está con el zapato Clarks, y el otro Clarks con la pantufla Defonseca, y la otra Defonseca con los tenis Puma, y así. Maigualida encuentra ropa que no le sirve, y ropa vieja que ya no le gusta y, para colmo, no tiene nada nuevo qué ponerse, válgame Dios. Él, descubre interiores con la liga floja, y se engrincha ante el nido de franelas y boxers que habita en uno de sus entrepaños. Ella, se horroriza con las pantaletas y los sostenes rotos, y desespera ante la obesidad descarada de la cesta de la ropa sucia. Para colmo, se percatan de que todas las paredes están sucias y rayadas, que hay polvo por doquier, y que tienen un montón de cosas rotas.

Maigualida actúa como Linda Blair en El Excorcista, y Sinseso se convierte en Monk. Ambos se sienten sucios, contaminados. Las acotaciones sarcásticas y sin destinatario aparente saltan en el aire como chispas de locura, y entonces comienzan la batalla. Las papeleras se llenan y se rebasan, bolsas y bolsas caen por el bajante, los perros y los gatos salen corriendo de cada esquina por donde pasan la escoba y el coleto. Y el pequeño Joaquín no entiende nada, pero ya está acostumbrado y se queda tranquilito viendo su Discovery Kids.

Pasan tres horas. A Sinseso le duele la espalda, a Maigualida la rodilla. Ya están viejos, ya no están para esas vainas. Pero la casa ha quedado como nueva, y algo se ha reestablecido en sus vidas. Aunque no hayan aparecido los pasaportes, están felices. Y es que pareciera que de vez en cuando hay que jugar a que hemos perdido algo importante, para luego hacer todo el esfuerzo por encontrarlo. Así sepamos, de antemano, donde está. Por cierto, Sinseso encontró los pasaportes en su oficina.

martes, julio 29, 2008

Presentación de Piedras lunares

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viernes, julio 25, 2008

LOS CHANG SE BIFURCAN


lunes, julio 14, 2008

Chang "redio"






Estas hermosas chinas (sí, ya sé que son japonesas) que juegan concentradas sobre un milenario tablero de Go, están preparándose para escuchar a los Chang en la radio a partir de este jueves y otros jueves entre las 12 del día y la 1 PM en Papelón con Limón a través de La Mega Estación (103.7 FM).

Ese día se les acabará la concetración y dirán, poseídas por los espíritus superiores inoculantes de una embriaguez altisonante peripateticosincretica concitante del más apasionado y fascinante religiosocultomísterismo prediluviano, el siguiente ejemplo de un paraguas abierto:

"Go Chang Go
Go Chang Go
Go Changó"

(Qué chiste tan malo).

miércoles, julio 02, 2008

LAS AVENTURAS DE MOJITO Y GUASACACA




Tenemos ante nuestros ojos una hermosa tarde de domingo en la pollera “El hueso de la suerte”. Hay alegría en el ambiente, como suele ocurrir en ese tipo de establecimientos adonde la gente va almorzar ya bien avanzado el día, aún con la modorra propia de los domingos o la resaca de un venturoso fin de semana de regodeos etílicos. Nadie allí imagina que el deleite provocado por la degustación de un medio pollo a la brasa con sus muy bien dispuestos acompañantes, va a ser interrumpido dentro de pocos instantes por el peor grupo de hampones que nadie ha podido concebir sobre la faz de la tierra. Porque estos tipejos son, además de ladrones, unos impiadosos mamadores de gallo con ínfulas artísticas.

Hace unos cinco años, Caracas vivió estos horrendos atentados a la cordura y la seguridad ciudadana, y hoy día su historia —o su leyenda— forma parte del más conspicuo y oscuro mito urbano que gira en torno a los increíbles asaltos perpetrados por la banda “Los pollitos”, dirigida por los así mentados Mojito y Guasacaca, pareja de criminales que tiempo después se convertirían en reconocidos artistas del patio.

Mojito era un negro alto, fornido, narizón y con cara de supremo jodedor. Gusacaca era una albina muy delgada que mostraba con orgullo un par de tetas enormes y operadas y una leonina caballera absolutamente blanca. Ellos, los jefes del corrillo, siempre iban acompañados de Hallaquita, El Yuca y el Negro Morcilla (disculpen, pero la sabiduría popular ignora los pleonasmos), sus muy cumplidos asistentes en las insólitas fechorías que llevaban a cabo en las polleras.

Cualquier día de la semana era bueno. Pero los fines de semana eran mejores (para ellos). Es pertinente decir que nunguna parte de la ciudad escapaba a sus bajezas. Sus víctimas iban desde los más encumbrados pobres hasta los más miserables ricachones.

El procedimiento era el siguiente:

En primer lugar, se aparecían en el sitio Hallaquita, El Yuca y el Negro Morcilla. Con rauda experticia de comando se colocaban estratégicamente y en silencio sometían a los vigilantes.

Entonces aparecían por la puerta los líderes.

—Buenas, señores yo soy Mojito y esto es un robo.
—Y yo Guasaca, y no me mueva nadie que lo quiebro.

La gente no necesitaba saber que aquella era una interpretación criolla y sucinta de alguna escena de Quentin Tarantino para entender que la cosa iba en serio y que tenían que quedarse tranquilos mientras Mojito y Guasacaca caminaban entre las mesas, observando detenidamente a los comensales. A veces Mojito se agachaba frente a alguno y, haciendo una composición con las manos, lo detallaba con un ojo cerrado. Podía ser incluso que Gusacaca peinara a otro, o lo despeinara, si acaso le parecía que un peinado en extremo “opuso” (un “peinado opuso” es un peinado de lado, muy correcto y muy engominado) le echaba a perder su idea de lo estético.

Acto seguido, sacaban sus cámaras fotográficas y de video.

—Muy bien, damas y caballeros, les vamos a pedir que empiecen a comer pollo.

Así decía Mojito dando brincos de felicidad. Al principio, es decir, cuando comenzaron los asaltos a las polleras, la gente no entendía. Con el tiempo, cuando ya se corrió la noticia, no había mayor problema y la gente empezaba a comer. A comer, sí, a comer pollo a la brasa. Y, mientras la gente comía, Mojito y Guasacaca le tomaban fotos y los grababan.

—Come, come más rápido.
—Come, come desesperado.
—Tal cual un salvaje, un lambusio.
—Arranca, arranca con los dientes los pedazos de pollo.

Una vez que los perversos líderes se sentían satisfechos, se dedicaban a tomarle fotos a los platos. A los huesos, a los restos de ensalada, de yuca y de hallaquita, a todo eso. Retratados los platos, ordenaban a uno de sus compinches que pasaran el papel. Y el “papel” era simplemente eso: Un papel en blanco donde la gente debía escribir su nombre y su apellido y su cédula. Luego, después que todos hubieran firmado, Mojito, muy sonriente, decía:

—Pues bien, ahora a sacarse los relojes, las joyas y las carteras.

La gente, mal que bien, accedía. Hay que destacar que más de un comensal recibió sus pescozones o sus cachazos por echárselas de valiente. Una vez hasta hubo dos muertos. Pero al final, todos obedecían y luego Hallaquita, el Yuca y el Negro Morcilla recogían las cosas y las metían dentro de unas bolsas negras. Cuando ya habían recogido todo, Guasacaca, de lo más afable, soltaba:

—Muchas gracias por su humilde colaboración. Muy pronto estaremos a sus órdenes si acaso se le antoja comprarnos alguna obrita. Ya se enterarán, hasta la vista.

Y ahí se iban todos, gritando y riéndose a carcajadas.

La banda “Los pollitos” estuvo activa unos cuatro meses. Luego desapareció. Sus miembros nunca fueron capturados. Pero lo más insólito de todo sucedió un par de años después, cuando una de las prestigiosas galerías de la ciudad abrió una exhibición que presentaba la obra “inaugural de los noveles pero geniales artistas” Mojito Chufrú y Guasaca Tutá.

La muestra consistía en cuatro partes. La primera, presentaba una serie de fotos en gran formato de close-ups, primeros planos y planos medios de personas comiendo pollos salvajemente. En los rostros de los fotografiados se reflejaba una muy expresionista mezcla de miedo y odio atávico. La segunda, se trataba de un grupo también de fotos de platos, atestados de huesos de pollos y todos los contornos respectivos. La tercera consistía en un video en loop musicalizado con el reguetón “La cumbia de los aburridos” del grupo Residente Calle 13. El video era una muy amena edición de muchas personas comiendo pollos en brasa. La cuarta y última parte de la muestra estaba conformada por una muy nutrida colección de carteras vacías, relojes, zarcillos, cadenas y anillos varios. Al entrar, un anuncio en la pared informaba a los visitantes que las carteras estuvieron vacías desde antes que los artistas las tuvieron en su poder, y que las joyas eran todas falsas. Al final del texto decía: “Es que la gente es estúpida y gusta vivir de las apariencias”.

Las no tan lejanas víctimas de los robos en las polleras, indignados sobre todo por la última parte de la exhibición, alzaron la voz y denunciaron a los artistas. Los medios se interesaron y la cosa se puso fea. Pero Mojito Chufrú y Guasaca Tatá salieron al paso antes de que el asunto llegara a mayores y, a través de una de los despachos de abogados más poderosos del país, mostraron unos documentos donde se evidenciaban las firmas de todas las personas que aparecían en la exhibición. Tales rúbricas iban acompañadas de un documentos donde los firmantes confirmaban su participación voluntaria y gratuita en el proyecto artístico de Mojito Chufrú y Guasacaca Tatá. La gente, por supuesto, reclamó que habían sido obligados a firmar esos documentos. Pero no hubo nada que hacer. Mojito y Guasacaca, por medio de un recurso de amparo, salieron bien amparados.


***


Primer paréntesis: (Las obras se vendieron todas y a muy buen precio).

Segundo paréntesis: (Mojito Chufrú y Guasaca Tatá ya no viven en el país).

Tercer paréntesis: (Mucha gente pide la vuelta de los artistas y suplican que los dejen participar en sus nuevos lances artísticos).

Cuarto paréntesis: (Los otros miembros de la banda montaron un restaurante francés. Ahora se llaman Chez Hallaquita Vichyssoise, Chez Yuca Tarte Tatín, y Chez Morcilla Bechamel.)

Quinto paréntesis: (Hasta pronto y que sueñen con los angelitos.)

Aforismos reverberantes del Marqués Se Sale






"Ese hombre era más serio que un gancho de ropa."