jueves, julio 26, 2007

Los hermanos Chang presentan...

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Esperamos verlos por allá

martes, julio 24, 2007

Los hermanos Chang tienen logotipo






viernes, julio 20, 2007

Metáforas infantiles





Joaquín, el hijo de Sinseso es todo un poeta, o un mamador de gallo, o ambas cosas; como quieran. Y eso que tiene dos años.

Un día, se bajaba Sinseso de su carro en el estacionamiento al aire libre de un centro comercial, y su niño, que iba en sus brazos empezó a decir:

-Pantaletas, papá, pantaletas.

Sinseso alzó la mirada hacia donde su pequeño señalaba y vio que las pantaletas eran en realidad unas banderas de Venezuela.

Sinseso y Maigualida, madre de Joaquín, se echaron a reír pero igual le dijeron al niño-poeta que ésas no eran pantaletas, sino banderas. Joaquín dijo:

-Sí, banderas, sí, pantaletas.

El padre y la madre se aguantaron la risa, no dijeron más, y siguieron caminando al interior del centro comercial.

Otro día, se encontraban Sinseso y Joaquín en una panadería, cuando entraron unos militares. Estaban de uniforme, vestidos de verde.

Joaquín apenas los vio le dijo a su padre:

-Mira, papá, mariquitas, mariquitas.

Sinseso pensó dos cosas: una, que su hijo estaba viendo demasiados libros españoles en compañía de su nana que, sin mucha inteligencia, le leía tal cual los textos infantiles que acompañaban las imágenes; y dos, que era daltónico.

Supuso que Joaquín, en su extraña lógica infantil, estaba relacionando a los militares con esos animalitos que en España se le conoce como mariquitas, y que en Venezuela, se llaman coquitos. Sospechó también que esa confusión, quizás le venía por los colores de los trajes de campaña. Pero seguro entonces que era daltónico, porque ¿cómo era posible que confundiera el rojo característico de los coquitos con el verde militar?

Los militares voltearon y miraron al niño. Sinseso, apenado, esbozó una sonrisa y acto seguido le dijo a Joaquín:

-No, mi bebé, esos señores son militares, hijo, militares.

Joaquín se le quedó viendo con el ceño fruncido, negó con la cabeza y dijo, señalando a los militares:

-No, papá… mariquitas, papá, mariquitas.

jueves, julio 19, 2007

CARTA DE LA FEDERACIÓN DE MEROS MACHOS RANCHEROS QUE TRABAJAN EN UN CANAL DE TELEVISIÓN





Señor Gerente de Recursos Humanos:


Orale, mano, por medio de la siguiente pinche carta, los machos meros machos rancheros que trabajamos en este pinche canal de televisión, hacemos una petición urgente a su persona suya de ustecita.

Como todo canal de televisión, sabemos que estamos rodeados de homosexuales o gays, según quieran estos pinches cabrones ser llamados, y como dijo el famoso comediante gringuito Seinfeld: “orale, no es que eso tenga nada de malo”. Pero en vista de la abundancia de tales personas, y ya que no podemos evitar su presencia a nuestro alrededor, solicitamos que, por lo menos, se les haga un baño especial, exclusivo y único para ellos. Porque piénsatela, wey, ¿qué hacen los homosexuales o gays en un baño de varones?

Esto es como que una vieja se encuentre a un hombre, a un mero macho ranchero, en el baño de las viejas. Orale, mano, más o menos es lo mismo para nosotros los machitos meros meros, tener que encontrarse con un homosexual en el baño, wey.

La neta que uno se siente achicopalado, acosado, por no decir, y disculpa wey la crudeza, violado. Y la verdad que nosotros no nos gusta echarnos pasión con los putos (perdón, con los gay). Que afilen el hierro ellos entre ellos; lo nuestro son las chavas, o sea, las viejas bien riquitas, wey.

Sabemos sí, que ellos no lo pueden evitar, que ser abusados está en su naturaleza, y bueno, son humanos, y como todos los humanos tienen sus cosas. Y volvemos al gringuito Seinfeld y su “orale, no es que eso tenga nada de malo”, pero mire, mi wey, si para las viejas es muy chido estar solitas en su baño, sin que ningún pinche cabrón la acose, nosotros también tenemos ese derecho, y para nosotros estaría muy cañón andar tranquilamente entre meros machos nada más, sin tener que amachinarnos a los pinches gays mientras nos sacamos la longaniza para echar una firma.

Además, lo pedimos por el bien de estos mismos homosexuales, o gays, o putos, o maricones, o mariquitas, o como ellos se quieran llamar, que se les haga su baño aparte. ¿Por qué ellos, que son como un tercer sexo, deben compartir baño con los hombres, o con las mujeres, wey? Orale no, ellos también tienen derecho a su baño de lo más chido. Eso sí, no nos pregunten qué muñequito le irán a poner en la puerta. Pensamos que puede ser uno que tenga bigotes y falda, o algo así, pero no nos fastidien con eso, mano. Y tampoco sabemos si los baños de gays deben tener urinarios. Quizá a ellos les gusta hacerlo sentados, como las viejas... no sabemos. Pero de esas minucias no encargaremos luego. Por los momentos, wey, hacemos este llamado urgente. La neta que es un petición legítima digna y ajustada a derecho.

Muchas gracias, wey, y con todo respeto, se despiden


Lo meros machos rancheros de este canal.

domingo, julio 15, 2007

SI NO ESTÁS DE HUMOR, EL HUMOR








viernes, julio 13, 2007

EL IMPERIALISMO DEL SIGLO XXI DE SIR MICHAEL WINNIPEG





Sir Michael Winnipeg se ha convertido de unas semanas para acá en la sensación de los altos predios de la filosofía y la economía europea, gracias a un ensayo de mediana extensión que publicó en la prestigiosa revista The Britain Economist.

Cabe destacar, un tanto al margen, que antes de ese artículo sir Winnipeg era un caballero inglés de austera vida y profundo temperamento británico, heredero de una fortuna considerable que le hacía pasar sus días entre el club de caballeros y su apartamento en la Baker Street. Un hombre de amplias lecturas, amante de viajar por barco, y emprendedor de safaris de altura. Los más hermosos especimenes que se exhibien en las paredes de su salón pueden dar fe de ello.

Ahora, sir Winnipeg vive de conferencia en conferencia y hasta se ha visto obligado a viajar en avión. No obstante, él no se queja. Hace poco declaró en distintos medios, que se siente obligado a sacarse de encima la protección de su cómoda vida y divulgar la idea que lo ha puesto en la mira, todo por el bien supremo de la humanidad.

Su escrito, titulado escuetamente Imperialismo del siglo XXI es un documento capital digno de ser reseñado y estudiado con detalle, cosa que sin duda se está haciendo en toda Europa; pues se trata nada más y nada menos que el llamado a un nuevo imperialismo mundial. El imperialismo del siglo XXI.

Sir Winnipeg, preocupado por los movimientos de izquierda latinoamericanos, aboga por la instauración de un nuevo imperialismo, y lo defiende con desenfado de caballero.

“Los sistemas de gobierno en los que vivió, ha vivido y vivirá el hombre no son mejores ni peores”, dice Winnipeg en su trabajo. “Los gobiernos de izquierda han demostrado su absoluta desconexión con la realidad y su incapacidad para generar bienestar. En cambio, está más que demostrado, a la largo de la historia de la humanidad, que el Imperialismo es un bien mayor que ha llevado a las civilizaciones a su más grandes estados de bienestar y cultura. Sí, estamos de acuerdo, el Imperialismo ha sido cruel y despiadado, pero el socialismo también. Hablemos de la hambruna stalinista conocida bajo el trágico y enigmático nombre de Holodomor. Hablemos, si así lo desean, del silencio asesino que se quiso imponer en Chernobil. Hablemos de los prisioneros de Siberia. Todo esto, para limitarnos nada más que a la gran Rusia comunista.

No obstante, vemos que en los países de Latinoamérica, se reivindican las viejas filosofías socialistas y comunistas, bajo el ojo avizor de los siglos y de la enseñanza de la historia. Dicen los nuevos adalides de las viejas filosofías económicas, políticas y humanas, que el Socialismo del XXI no va a repetir los errores del pasado, y esto, trae de por sí, una purificación y actualización del sistema nuevamente enarbolado. Así, bajo la luz del aprendizaje y de un profundo humanismo cuasi new age, los socialistas del siglo XXI se separan de cualquier monstruosidad del pasado, y miran hacia el futuro imbuidos de nuevas-viejas ideas.

Si el Socialismo y el Comunismo, con todas sus culpas y heridas al rojo vivo, lavan su sangre y vuelven para gobernar naciones, el Imperialismo no ha quedarse atrás. Y, efectivamente, ya estamos viendo a las nuevas ideas imperialistas surgiendo bajo las elegantes velas de los naves más hermosas del liderazgo mundial. Nada más y nada menos que una renovación del ideal Imperalista, remozado por la compresión justa y humanista de los dirigentes de la actualidad.

El Imperialismo del siglo XXI no repetirá, bajo ninguna circunstancia, los errores del pasado. El Imperialismo del siglo XXI será un imperialismo humanista, considerado, equilibrado, solidario y amante del pueblo (primera vez que el imperialismo utilizará como bandera altisonante la palabra “pueblo”). Trabajará dentro del capital y por el capital, pero siempre teniendo en cuenta una profunda política social, que apuntará siempre hacia la consecución de riquezas para los empresarios y para el pueblo. Rechazará la idea de una pobreza feliz, y buscará la riqueza plena de los ciudadanos. No invadirá, sino que "intervendrá" sobre los países más desdichados, y respetará su religión, sus ideas y sus principios morales (tal como los romanos hicieron con los países conquistados). El Imperialismo del siglo XXI querrá el bien mayor para todos. Anhelará el bienestar material y espiritual, será amante de las artes y verá una nueva marina imperial zurcando los mares del planeta.”

Esto es sólo una pequeña parte de las ideas de sir Winnipeg, expuestas en la revista The Britain Economist del mes de julio, número que sospechosamente se agotó antes de llegar más allá de las fronteras de Europa.

No obstante, estamos seguros que sus planteamientos pronto llegarán a nuestro país, y que serán ampliamente comentados a viva voz. Sólo debemos esperar que llegue ese momento, y ver cómo son recibidos. Porque sin duda, son tan revolucionarios como cualquier otro que hoy día se presenta como opción existencial a los pueblos del orbe.

miércoles, julio 11, 2007

EJERCICIOS DE IMAGINACIÓN





Quizás algunas personas pensarán que leer no sirve para nada. Dirán que ahora existen la televisión y el cine, que eso de leer ya “pasó de moda”, como si la lectura hubiera estado de moda alguna vez.

Tratemos un momento de imaginar que pasaría si no existieran los libros (y como consecuencia, tampoco los lectores o la lectura).

Fíjate, hace muchísimos años, cuando no existían los libros, los hombres debían aprenderse de memoria todos los conocimientos que existían, que era bastantes, aunque pocos, comparados con lo que hoy día se sabe. Algunas de estas personas que se aprendían todo de memoria, eran como bibliotecas ambulantes: sacerdotes, hombres sabios o chamanes de las comunidades donde vivían.

Parte de su trabajo, era trasmitirle, antes de morir, todos sus conocimientos a otras personas, que a su vez se convertían en las memorias, o bibliotecas ambulantes de sus pueblos.

Pero imagínate, el hombre siempre anda aprendiendo y descubriendo más y más cosas. Y, por otro lado, el conocimiento que pasa de una generación a otra, es muy posible que se vaya modificando con cada persona que lo va adquiriendo. Es como aquel juego que consiste en que una persona le dice al oído a otra una frase como “mañana correré mil kilómetros hasta mi casa”, y esta persona a su vez debe decirle la misma frase al oído a otra y así con, digamos, unas siete personas más. Al final, la frase que resulta de este entretenimiento es muy cómica, totalmente diferente a la original, algo así como “la tela de araña que compraré tiene diez mil kilómetros hasta en la sala”. En este caso se trata de un juego, y es divertido, pero cuando hablamos de conocimientos importantes para un grupo de personas, la información no debe cambiar.

Gracias a la aparición de la escritura y los libros, el hombre ha podido almacenar todos sus conocimientos. Imaginemos que Isaac Newton no hubiese tenido unas hojas a mano para escribir la teoría de la gravedad, y que no hubiese publicado el libro que la explicaba. Quién sabe qué creeríamos lo que es hoy día la gravedad. Quizás diríamos algo así como: “Un tal Isaías Pulpo dijo que la gravedad es esa fuerza que hace que las mandarinas floten en el aire cuando uno está dormido debajo de un árbol”. O “la gravedad es cuando uno está muy enfermo, es decir, cuando uno está grave”.

Por medio de la lectura los hombres pueden conocer lo que dicen esos libros, y así el mundo avanza. Si esos conocimientos no estuvieran almacenados, y si no pudiéramos leerlos, estaríamos en la edad de las cavernas, metidos en una cueva pasando frío.

Así, la persona a la que no le gusta la lectura, y piensa que eso no está de moda, o que ya no se necesita, esa persona, es como un cavernícola mental, y siempre se quedará en el mismo sitio, es decir, no avanzará, no tendrá futuro.

martes, julio 10, 2007

LA MUERTE DEL LUGAR COMÚN EN LA LITERATURA INFANTIL





Hablar de las nuevas tendencias en la literatura infantil venezolana es hablar de una guerra a muerte contra el lugar común. Porque si algo establece un lazo entre los escritores que aquí se encuentran, maestros todos de la literatura para niños y jóvenes, y con los que tengo el orgullo de compartir en calidad de recién coleado, es su trabajo constante para llevar a esta literatura a la altura que le corresponde, una gran altura, de las dimensiones del Everest, podríamos decir.

Para lograr tamaño de misión, estos autores se han fajado duro contra el lugar común, que no es otra cosa que las preconcepciones, los facilismos, la tontería, las moralinas y las pacaterías que rodean como monstruos del infierno a la literatura infantil. Lugares comunes son el arco iris, la vida en rosa, el diminutivo inadecuado, el lenguaje descuidado, la estructura dramática sin originalidad y la intención didáctica, entre otras mediocridades.

Y es que los autores de literatura infantil venezolana han trabajado con todas sus fuerzas para dejar en claro que el oficio no es un juego de personas desocupadas y sin conocimientos literarios, que quieren escribir para niños porque creen que es fácil.

Ahí es donde debe obrarse el despojo, el exorcismo, la batalla contra el mal.

La literatura infantil venezolana de hoy ha llevado lejos el gusto por el lenguaje de manos de autores como Laura Antillano, la recuperación de los espantos y las historias tradicionales a través de Mercedes Franco, la inteligencia del humor gracias a Armando José Sequera, la técnica de contar con arte una historia gracias a Luiz Carlos Neves, la delicadeza de la música gracias a Rosario Anzola, y así cada quien ha ido haciendo su trabajo de llevarse por delante la lamentable cultura del lugar común, esa oscuridad que me hace recordar La Nada, el mal negro que se tragaba al mundo de Fantasía en La Aventura Interminable de Michael Ende. Así son los lugares comunes: una masa gelatinosa que embrutece, que no nos deje avanzar, que no nos permite ver el futuro.

Los temas, los símbolos y las alegorías, no mueren, mis queridos amigos. Los vampiros, las hadas, las princesas, los castillos, los caballeros y los animales que hablan, no han muerto. Es falsa aquella opinión que dice que lo que asustaba a los niños de hace cien años ya no asusta a los de hoy en día. Lo que no asusta es el lugar común. Los vampiros siguen asustando. Es falso decir también que lo que asusta hoy día es el malandro que te asalta en el callejón de la mala vida. Por supuesto que eso asusta, y hasta te mata, pero olvida quienes esto afirman que una criatura de la noche es la metáfora, la transformación atávica de todos los malvados del mundo.

Entonces, la literatura de hoy no debe matar a los vampiros y a las hadas para avanzar en su camino hacia la modernidad. No, la literatura debe “actualizar” estos temas, hacerlos contemporáneos, más cercanos a la sensibilidad y la sabiduría de los niños de estos tiempos. Ellos y nosotros, los adultos que gustamos de la literatura para niños y jóvenes, estamos entrenados como marines de guerra para descubrir, para captar el lugar común. ¿Cómo podemos competir como creadores contra una historia de Tim Burton, de Elsa Borneman, de Discovery Kids, Nickelodeon o de Jetix? Simplemente, dándole guerra al lugar común, actualizando los temas, y mezclando los géneros.

Porque esto último es, sin duda, parte de la modernidad: la mezcla de los géneros. Volvamos a Tim Burton que, aunque cineasta, es uno de los contadores de historias para niños más contemporáneos que conozco. Burton, en el corto Frankenweenie, recrea la historia de Frankestein de un modo genial, porque se sale del lugar común y porque actualiza.

Frankenweenie nos cuenta el drama de un niño que pierde a su perro, y que luego, en una clase de ciencias, ve cómo su profesor hace que las patas de un sapo se levanten gracias a la electricidad. ¿Qué piensa entonces Víctor, que así se llama el niño? Piensa que una descarga grande de energía puede volver a la vida a su mascota amada. Luego de algunos preparativos en un cobertizo que es una clara reminiscencia al Frankenstein cinematográfico de James Whale, el perro vuelve a la vida. Poco después, en una presentación al vecindario de la mascota resucitada, los presentes se horrorizan, arman un escándalo, todo se vuelve un desbarajuste y el perro huye. Enfurecidos, los vecinos corren tras el perro para lincharlo. En la persecución, el pequeño Víctor y el perro quedan atrapados en un molino de un campo de minigolf que tuvo sus mejores tiempos. Los vecinos queman el molino, y el perro termina salvando a Víctor de una muerte segura. El prometeo canino, en este caso, se convierte en un héroe. Toda esta historia, implica ya de por sí, cierta gracia, pero si le agregamos los toques de humor intencionales, obtenemos una hermosa recreación actualizada, con una gran dosis de humor y ternura, de un clásico del “terror”.

Burton actualiza y se escapa del lugar común. Claro, recordemos que se trata de una obra cinematográfica, y en ese caso, la innovación, la actualización, la escapatoria del lugar común también se encuentra en la estética del film.

Ahora hablemos de Venezuela, y de algunos libros y autores que, a mi modo de ver, son esenciales para hablar de la literatura infantil de nuestros días. Autores y libros que considero continuadores de las enseñanzas de los maestros.

Eso sí, quiero dejar en claro lo siguiente: mi selección obedece más a los recuerdos del momento y a mis gustos personales. No soy investigador, ni me considero un perito en literatura infantil. Así que con esta salvedad, ahí vamos.

En nuestro país, una autora como Mireya Tabuas y su libro de cuentos Cuentos para leer a escondidas, marca una pauta fundamental en la historia de la literatura infantil de nuestros días en cuanto a la eliminación radical de los lugares comunes, y la actualización de los temas. Allí, en ese libro, tenemos cuentos de princesas y de dragones, pero magistralmente actualizados. ¿Cómo besar a un sapo?, es un claro ejemplo de esto. El cuento de una niña de nuestros días que, como es de suponer, tiene todas las dudas del mundo en cuanto a ese asunto de besar un sapo, y de que este se convierta en un príncipe azul. La modernidad está allí, en el escepticismo más que lógico de esta niña ante el hecho maravilloso, que además debe pasar por la alcabala de un beso a un horrible y baboso sapo.

A Mireya la considero heredera del trabajo de los que están aquí sentados, y ella, a su vez, se convierte en referencia obligada para mí.

Otro autor que considero intermedio o continuador de la guerra contra el lugar común es Rafael Rodríguez Calcaño, quien con su libro Algo pasa en la nevera, nos cuenta una historia con referencias a lo detectivesco, con toques de terror, ciencia ficción y mucho humor. El trabajo de Rafael, sigue abriendo caminos.

Slavko Zupcic también ha tomado el testigo para seguir en esta carrera contra la oscuridad. Slavko, con su libro de aconteceres de Guliana la bolita, aporta una entretenida, divertida, y actual historia dentro del campo “detectivesco”. Para Slavko lo que importa es contar una aventura llena de lógicas internas, donde la excusa es lo policial y la verdadera razón es el humor y el juego con el absurdo.

Carolina Rodríguez es otra joven autora, que con su libro Por un pelo, también forma parte de la nueva camada de autores de literatura infantil que empieza a perfilarse. Ella, con mucha juventud y mucho trabajo por delante, presenta en su primera obra, una historia llena de originalidad, humor y surrealismo, que es síntoma también de las tendencias del presente y del futuro. Sus seres, animales pequeños, divertidos, rebosan frescura, surrealismo y buen humor.

Sí creo, debo acotar, que hace falta más trabajo en literatura juvenil. Pareciera como que se le tiene miedo, o no se le termina de dar cabida. Siempre, cuando veo un llamado a un concurso de “literatura infantil” me pregunto si dentro de ese concurso caben también los cuentos para jóvenes. Noto, y no sé si me equivoco (no quiero hacer aquí afirmaciones categóricas), que en los concursos suelen ganar obras asépticas, correctas, “bonitas”. Pareciera como que algunos jurados tienen miedo a premiar obras más atrevidas, más modernas, menos correctas políticamente, y que están dirigidas a un público de más edad. Ojo, posiblemente me equivoque al decir esto.

Tenemos en este espacio de lo que llamaríamos la “literatura juvenil”, a Omar Mesones, con Japi Berdi Tu Yu, obra premiada, por cierto, en un concurso ya extinto: el Premio de Narrativa Juvenil Salvador Garmendia, subrayo lo de “juvenil”. Japi Berdi Tu Yu nos acerca a esos lectores etarios que menciono a través de historias cotidianas, llenas de humor, despertares sexuales, amores, ansias de mundo y encuentros primeros con la muerte.

El nudo del diablo y otros cuentos asombrosos, de Eloi Yagüe Jarque, es otro trabajo que nos acerca al público “juvenil”. De este libro se dirá que son cuentos que Yagüe no escribió originalmente para niños, y que luego fueron recopilados –forzados dirán algunos- para formar un libro dirigido a este público. Yo voy a preguntar: ¿El gato negro de Edgar Allan Poe, que muchos niños leen con entusiasmo, lo escribió Poe para lectores de esa edad? Pues lo mismo ocurre con estos cuentos. Son cuentos de terror, o donde el terror está presente, que pueden captar la atención de cualquier joven lector. Así, creo que en el campo del terror dentro de la literatura para niños y jóvenes este libro es fundamental, porque nos enseña que aquello que fue escrito para adultos, funciona también para jóvenes. Es decir, la literatura infantil es LITERATURA, así con mayúsculas.

No obstante, a pesar de que aseguro una generación continuadora, me preocupa no ver o no conocer la existencia abundante de autores jóvenes que estén trabajando literatura infantil en nuestros días.

Sin duda, el trabajo de los autores aquí presentes, ha sido el darle prestigio a la literatura infantil, el de hacerla ver como un trabajo serio e importante, pero creo que aún hay mucho prejuicio en el ambiente. En alguna ocasión, y disculpen que meta algo personal en este asunto, leí en la red un mensaje anónimo en algún blog donde se decía que el autor de estas líneas dormía en pijamas de Hombre Araña, a juzgar por lo que escribía. Tal cosa era dicha como ofensa, obviamente.

Yo, por mi parte, debo destacar que quien eso dijo, no sabía que me estaba halagando, pues una parte de mí, una parte muy grande, sigue durmiendo, mentalmente, en pijamas… no de Hombre Araña, que ese personaje no me gusta, pero sí de Batman, de Surfista de Plata, y hasta de Scooby Doo. Y por esto, apreciados amigos, yo seguiré escribiendo literatura infantil, y considerándome autor de literatura infantil y juvenil venezolana.


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Leído en el foro Nuevas tendencias de la literatura infantil en Venezuela, el día 28 de junio del presente año.

domingo, julio 08, 2007

Rocanegras revive y explica el homicidio de Juancho Gómez

La primera novela de Fedosy Santaella se ubica en la Caracas

de los '20

El duque de Rocanegras puede ser un nombre poco conocido para el caraqueño del siglo XXI. Sin embargo, para los de principios del siglo XX, era la máxima representación del dandismo; redivivo ahora por el escritor Fedosy Santaella, quien se estrena en la novelística con este agraciado personaje de la Caracas gomecista.



-¿Tiene que ver con Vito Modesto Franklin?

-Sí, es el personaje central, también conocido en sus tiempos como duque de Rocanegras y príncipe de Austrasia. El árbitro de la elegancia de los tiempos de Gómez, la envidia de los patiquines, todo un personaje digno de rescatar para la memoria venezolana, tan necesitada de una conciencia más divertida, menos militar.

-¿Qué se relata?

-El libro Rocanegras se inicia con el asesinato de Juan Crisóstomo Gómez -Juancho-, vicepresidente y hermano mayor de Juan Vicente Gómez. En mi ficción, Rocanegras se ve involucrado en el hecho de sangre. Unas horas antes de su asesinato, Juancho Gómez estuvo departiendo con Vito Modesto en el foyer del teatro Olímpia. A partir de allí, se desata una historia de ocultamientos, amores y juegos de poder.

-¿Qué connotaciones hay con la actualidad?

-El momento histórico en el que transcurre la novela se encuentra marcado por una transición. Comienzan a entrar nuevas formas de vida, y otras, evidentemente a morir, todo por el interés y bajo la mirada de un hombre poderoso que gobernó a Venezuela a su antojo. El mismo personaje de Rocanegras me lleva hacia el venezolano de hoy día, que se encuentra atrapado entre dos aguas, entre dos mundos, entre dos maneras de considerar el país, su historia y su futuro, sin que además él mismo entienda bien las razones que lo han llevado a esa situación.

-¿Cómo enlaza lo mítico con lo real?

-El duque es un personaje del que se conoce muy poco. Su misma biografía es una oda a la mamadera de gallo, y descansa muy poco en la realidad. Así que tuve un amplio espacio para fabular.


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Fuente: El Universal.
Sábado 07 de julio de 2007
Ana María Hernández

sábado, julio 07, 2007

Cheveridad y cuestionarios





No hay nada más inmensamente pavoso y más necio que los cuestionarios que circulan en los blogs. Encuestas pusilánimes que y que te hacen pensar y decir más de ti. Conóceme, mira qué chévere soy, y además, quiero compartir mi "cheveridad" contigo. La "cheveridad", eso es algo que tiene tiempo dando vueltas en la red. La "cheveridad" del compartir ideas vacías, cuestionarios tontos, comentarios jaculatorios a los poemas más malos jamás leídos. Porque esa es otra: la democracia, más bien la anarquía del blog, ha atraído a todos los poetas wannabe del planeta. Todos son poetas, todos escriben versos con impunidad. Como si la poesía fuese lo más fácil, como si la poesía fuese cualquier cosa. La "cheveridad de blog" es la peor de todas las "cheveridades". La "cheveridad" ha provocado que personas que alguna vez creíste respetable se conviertan en mamelucos de los que deseas estar a mil murallas de distancia. Los chéveres de blog buscan cuestionarios y los llenan para sentirse inteligentes, chéveres y cordiales. Yo propongo aquí unas preguntas:

-¿Cuántas veces al día te masturbas leyendo tus respuestas de tu cuestionario de blog?

-¿Cuánta "cheveridad" estás dispuesto a tragarte con tal de ir a una cheverísima reunión de blogueros?

-¿Entre un bloguero y un perro, con cuál te quedas?

-¿Si tuvieras que volver a la vida a un personaje perverso de la literatura para que te penetre hasta sacarte sangre, a quién elegirías?

-¿Cuántos siquiatras escritores caben en un frasco de mermelada?

-¿No te ha provocado meterte a chavista cuando oyes a un imbécil decir que en el Este vive más gente que en Petare y que, tomando eso en cuenta, es más que seguro que las elecciones y el referendo estuvieron trampeados?

-¿No te ha provocado meterte a escuálido cuando escuchas los inteligentísimos análisis semiológicos de William Lara?

-¿Cuántes veces al día te pellizcas para despertar de tu "cheveridad" bloguera?

Eso es todo.

martes, julio 03, 2007

El extraño caso de Rocanegras




EL NACIONAL - Martes 03 de Julio de 2007

ALBINSON LINARES

"Yo soy la excepción en el mundo. (...) Nunca habían visto cosa igual, mi línea matemática, desde la uña del dedo gordo, hasta el pelo más rebelde de mi órgano capilar. Ni el puente de Brooklyn, ni las pirámides de Egipto que entre paréntesis, no son más piramidales que yo", leía alucinado el escritor.

Las extravagantes confesiones, nacidas del delirio ególatra de Vito Modesto Franklin, quien ostentaba el dudoso título nobiliario de "duque de Rocanegras", eran una delicia para Fedosy Santaella.

El joven autor refiere que el célebre personaje caraqueño "lo encontró" y no a la inversa: "Tuve en Valencia un programa de radio que se llamaba `El arte del ocio’ junto a José Javier Rojas. Allí nos sentábamos todas las noches a hablar de lo que se nos ocurriera. Era como si estuviéramos en la sala de nuestras casas sentados, bebiendo cerveza y poniendo la música que nos gustaba. Luego de un año, investigando para el programa, llegué al libro Caracas física y espiritual de Aquiles Nazoa. Ahí encontré la historia de Vito Modesto Franklin".

Fascinado, comentó la excéntrica vida al aire. Tiempo después, ya radicado en Caracas, hojeaba distraído un volumen del Diccionario de Historia de Venezuela editado por la Fundación Polar. Entonces, saltó frente a sus ojos una referencia sobre el duque de Rocanegras y la existencia de sus memorias.

Con la exactitud que delata a los narradores cuidadosos, el joven autor recuerda el lugar donde consiguió el libro del excéntrico personaje: "Un día me fui a la Biblioteca Nacional a buscar el ejemplar.

Lo busqué en los ficheros y lo encontré en la Sala de Libros Raros. Resulta que es un libro escrito en 1924 y se imprimieron 8000 ejemplares. Aquella biografía (muy original, muy divertida) la copié a mano, íntegra en un cuaderno y me la llevé a casa".

Fruto de este interés fueron una primera novela que no llegó a publicarse y el blog duquederocanegras.blogspot.com en donde el lector encuentra la transcripción íntegra que hizo Santaella de los recuerdos del duque.

Impresionado por la riqueza del personaje, el escritor ideó otra trama más inspirada en la tradición del thriller policial, para desarrollar Rocanegras: "Luego comencé a leer algunas novelas de Ponson du Terrail y Gastón Leraux.

Entonces se me ocurrió que Rocanegras podía tener un pasado fascinante, relacionado con los caballeros ladrones. Así la aventura seguía estando presente, pero transformada en las acciones realizadas por el duque".


La Caracas decadente. Uno de los aciertos de esta primera novela de Santaella radica en lograr un vívido fresco de la capital de inicios del siglo XX. Atemporal, atrapada por su pasado glorioso y un presente mustio, la ciudad adolecía del encanto de otros momentos. Opacada por la total concentración de poder en la cercana Maracay, Caracas vivía el inicio de la riqueza petrolera, con la decadencia de barrios emblemáticos como El Silencio y la tímida opulencia de nuevas urbanizaciones como Altamira: "Recuerdo que conseguí un artículo de Rocanegras donde escribía sobre lo horrible que era el uso del chicle en todas partes, hasta en los teatros. Considerando que él venía de la Caracas guzmancista, tan europea, era natural que rechazara todo lo yanqui", comenta el autor.

Esta capital que vivió Rocanegras se encontraba en un período de transición, acentuado por los diversos cambios socioeconómicos que afectaron Venezuela a raíz de la explotación petrolera: "Cuando empieza a morir la Caracas de El Paraíso y surgen las nuevas urbanizaciones de Altamira, barrios como El Silencio antes de Villanueva eran muy decadentes. En la novela hay muchas referencias a la miseria y muerte que reinaban en los burdeles de sus calles era un barrio de mala vida muy pobre", acota Santaella.

Otro de los aspectos que resaltan en la lectura de Rocanegras es el uso de un léxico en cada una de las intervenciones del protagonista: "Era un mamador de gallo, pana de Leoncio Martínez y Job Pim que llegó al extremo de convertirse en una comedia de sí mismo. El decía que venía de La Guaira y en algún tiempo se dedicó a jugar cartas".

El carácter tan peculiar del hombre que fue Vito Modesto Franklin está revestido de un aura imprecisa, nutrida de los múltiples rumores que su mitomanía propagó: "En realidad, hay una leyenda alrededor de él, con muchos huecos fue un hombre que salió de la nada y llegó lleno de dinero a Caracas donde fue dueño del teatro Olympia. Otro rumor atribuía su fortuna a que era un picapleitos, un abogado sin título".

domingo, julio 01, 2007

DEMASIADO CALOR (DE PIEDRAS LUNARES)






En esta ciudad hace demasiado calor, un calor pesado, húmedo, de una violencia aletargada pero incisiva que ocupa todos los espacios como una gigantesca alimaña muerta y en descomposición.

No son necesarios los calentadores de agua, pero los hay. Nuestro apartamento, usado cuando lo adquirimos, vino con uno de esos aparatos. Cabe destacar que a mi esposa y a mí nos gustaba bañarnos con agua natural (o así por lo menos lo creía yo con respecto a ella). El agua natural formaba parte de nuestra tácita declaración de principios, contraria al artificio del calentador, cepo y símbolo del sueño engañoso.

Sin embargo, así no lo usáramos, nos gustaba tenerlo encendido. El hecho de saber que estaba allí, listo para vomitar agua caliente, nos hacía sentir superiores, evolucionados, despiertos.

Las víctimas de lo ilusorio tienen la absurda costumbre de bañarse con agua caliente en este erial de concreto donde hace un calor de pandemonio. Así lo dicta la enfermedad del molde y de la repetición automática.

Como todos, yo también nací infectado y tuve mis costumbres, pero las costumbres son apenas las consecuencias; el problema radica en no saber que duermes dentro de ellas. No obstante, ya conocedor de tal circunstancia y como primera lección, aprendes a no desecharlas, con el fin de permanecer oculto ante los súbditos del sueño enfermizo. Porque si bien la arquitectura del sueño lleva implícita las herramientas para despertar, también su armazón monstruosa está diseñada para aniquilar a los iluminados o para subyugar a los que comienzan a abrir los ojos. Hoy entiendo que mi esposa perteneció a esta última categoría. Pero eso sólo lo supe al final.

Nuestro noviazgo fue una alegre iniciación, nuestro matrimonio, una concentrada práctica. ¿De qué hablo? Pues del ejercicio supremo que me hizo abrir los ojos por medio de una de las llaves más insospechadas y aparentemente pueriles: la lectura acuciosa y el desmantelamiento de la sabiduría velada que se encuentra en la literatura detectivesca.

¿Quién puso esas llaves allí? No lo sabría decir. Me gusta imaginar alguna oscura sociedad de iluminados que durante siglos ha dejado sus pistas en esos lugares inadvertidos. A veces también pienso que se trata de algo más complejo y profundo: un instinto de supervivencia angelical que ha actuado ajeno al conocimiento de sus escribanos. No sé, sólo puedo decir que la literatura de detectives es mi religión, la incólume filosofía, el prístino canal de mi clarividencia.

La observación de la realidad en la que me sumerge el método detectivesco, la certeza de que todo no es como es, de que más allá de las apariencias existen lúgubres intenciones, me fue sacando gradualmente del adormecimiento.

Un día, me supe despierto, percibiendo aquello que los sonámbulos no veían: el cenagoso sudor del sueño escondido bajo la mentira del jabón, el champú, las cremas y los perfumes; las miradas aletargadas y primitivas de quienes viven en el crepúsculo de la inconsciencia y detrás los lentes oscuros; y los movimientos rencos y rijosos propios del organismo dormido que bombea chorros de sangre a la entrepierna.

De un manotazo aparté las leyes humanas, placebo, somnífero de la verdad. El “bien” no radica en ellas. Las leyes no son la moral y la ética de quien ha despertado. He llegado lejos, estoy por encima de estas pragmáticas ilusorias. Mis actos no pueden ser medidos por la somnolencia general; y si todavía en esta nueva dimensión seguí estableciendo ciertas rutinas, fue para salvar mi cuello.

La rutina llevaba mis pasos, mientras mi conciencia trabajaba a otros niveles. En pocas palabras, yo era un hombre con sólo dos direcciones físicas: iba de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa (veinte minutos máximos de recorrido). Era un aparente autómata, que en realidad vivía sumido en el pensamiento trascendental. Nunca me detenía, y cada imprevisto era suplido por el siguiente paso de la rutina. Como aquel día, cuando hubo una amenaza de bomba en la oficina y cancelaron las actividades laborales.

Mientras el simulacro de la angustia política de mis colegas se discutía en los bares adjuntos o se disipaba en los moteles cercanos (la promiscuidad de los sonámbulos es proverbial), yo encontré la excelente oportunidad de anticipar el movimiento siguiente en el guión cotidiano: irme a casa y proseguir en mi fantástico empeño de expandir la conciencia.

Llamé a mi mujer; ella era diseñadora gráfica y trabajaba en casa, desde la computadora. Mi intención era anticiparle algo, reírme un poco con ella. El acto supremo de sacar a la luz los trapitos sucios de la enfermedad, era para nosotros el placer máximo, y la oficina siempre ha sido y será su más absurdo dominio. Aquel día, con tanto material fresco, me apresuré a llamarla.

Cayó la contestadora automática, y pensé que quizás había ido a hacerle una presentación a un cliente. Igual le dejé el mensaje, anunciando mi pronta llegada.

Encontrarla en la cama, bañada y en bata, echándose aire con una revista, me desubicó. Quizás porque en el camino había acariciado con fruición la deliciosa oportunidad de tener el apartamento para mi solo.

Apenas entré al cuarto, dijo que había escuchado el mensaje, que seguramente yo había llamado cuando ella estaba en la ducha. Luego acotó que, aunque se había bañado, no paraba de sudar. El calor era realmente insoportable aquel día.

La besé y me fui a lavar las manos -un ritual necesario que establecí con el fin de limpiar el fango del sueño cenagal que pulula en la calle.

En el espejo detallé mi cara por unos instantes, luego fruncí el ceño, la mirada fija en un recodo del cristal.

Dije en voz alta, para que me oyera mi mujer, que me parecía una buena idea eso de darse un baño. Ella replicó que no me serviría de nada, que el intenso calor mataba toda iniciativa de refrescamiento. No le hice caso.

El agua cayó sobre mis manos y corroboré mis sospechas. Cerré el grifo, sabía que no me había equivocado.

La muchedumbre dirá que el calor me enloqueció; me nombrarán loco maniático que ha leído demasiadas novelas de misterio. Lo siento, pero la claridad extrema requiere el detalle, sobrevivir entraña cierta paranoia. La lucidez me ha traído a una región ignota donde todo ángel es terrible, y también un demonio a los ojos del vulgo soñoliento.

No justificaré mi acto, no vale la pena. Nada hay comparado al éxtasis de la revelación del misterio, nada como la apoteosis de meter los dedos en el caos para darle orden. ¡Oh sí, aquello que descubrí frente al espejo me acercó a los grandores, a La Belleza, a La Verdad!

Hace ya algún tiempo pude detectar aquella curiosidad. Ocurrió durante la visita de una sobrina de mi esposa. Estuvo en casa una semana y, durante ese tiempo, tomaba sus duchas con agua caliente en nuestro único baño. Siempre lo hacía en la tarde, cuando yo no estaba, o en la noche, después de mí. Sin embargo, el último día, en vista de su partida, lo hizo por la mañana. Su irreverente anticipación no me causó molestia: nunca tuve prisa en llegar al trabajo, y cualquier excusa era buena para meterme en mis libros detectivescos.

Unos minutos después, ya con el baño a mi entera disposición, abrí el chorro de agua natural, pero de inmediato brotó caliente. Me pareció extraño y medité en el asunto.

Con el fin de certificar la dichosa percepción, experimenté una y otra vez con el grifo de agua caliente, y pude concluir que, al cerrar las llaves, en las tuberías queda apresada una cierta cantidad del líquido a altas temperaturas. Si unos minutos después (llegué a contar hasta quince minutos con el grifo de la marca roja al máximo), alguien abriera la llave del agua fría, primero saldría el agua caliente contenida en el sistema.

Comprendí que se me había otorgado una pieza del caos universal y que algún día la utilizaría para colocarla sobre un dibujo aún mayor.

Aquella mañana, la de mi sobrina, mi mano había ido hacia la llave correcta. Aquella tarde, la que ahora nos ocupa, mi mano también había ido hacia la llave correcta.

En ese momento, al cerrar el paso del agua, se introdujo en mi mente el recuerdo de la pieza lejana y pude encajarla a la perfección en el misterio que se presentaba ante mí.

No me costó detectar que mi mujer no había equivocado los grifos; ella los conocía tanto como yo. Había sido alguien desconocido, alguien que había tomado el control de la ducha; alguien, un extraño, un sonámbulo soberbio, había decidido usar el agua caliente, a pesar de la norma establecida en casa.

Salí del baño en éxtasis tras haber completado el rompecabezas, pasé frente a la mirada atónita de mi mujer (ella quiso saber qué me había pasado, y yo respondí cualquier cosa), fui a la cocina y regresé.

Mientras la acuchillaba, recordé la esquina húmeda del espejo, la sensación del agua caliente en mis manos y, sobre todo, al vecino que me saludó en la entrada del edificio; el vecino con el cabello mojado, los lentes oscuros, atestado de aroma saponáceo y dueño de esa sonrisa pulida de quien te ve como si supiera algo de ti que tú no sabes.

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Demasiado calor es uno de los cuentos que forman parte de Piedras Lunares, libro que obtuvo la mención de honor en la Bienal José Antonio Ramos Sucre.