domingo, julio 08, 2007

Rocanegras revive y explica el homicidio de Juancho Gómez

La primera novela de Fedosy Santaella se ubica en la Caracas
de los '20

El duque de Rocanegras puede ser un nombre poco conocido para el caraqueño del siglo XXI. Sin embargo, para los de principios del siglo XX, era la máxima representación del dandismo; redivivo ahora por el escritor Fedosy Santaella, quien se estrena en la novelística con este agraciado personaje de la Caracas gomecista.



-¿Tiene que ver con Vito Modesto Franklin?

-Sí, es el personaje central, también conocido en sus tiempos como duque de Rocanegras y príncipe de Austrasia. El árbitro de la elegancia de los tiempos de Gómez, la envidia de los patiquines, todo un personaje digno de rescatar para la memoria venezolana, tan necesitada de una conciencia más divertida, menos militar.

-¿Qué se relata?

-El libro Rocanegras se inicia con el asesinato de Juan Crisóstomo Gómez -Juancho-, vicepresidente y hermano mayor de Juan Vicente Gómez. En mi ficción, Rocanegras se ve involucrado en el hecho de sangre. Unas horas antes de su asesinato, Juancho Gómez estuvo departiendo con Vito Modesto en el foyer del teatro Olímpia. A partir de allí, se desata una historia de ocultamientos, amores y juegos de poder.

-¿Qué connotaciones hay con la actualidad?

-El momento histórico en el que transcurre la novela se encuentra marcado por una transición. Comienzan a entrar nuevas formas de vida, y otras, evidentemente a morir, todo por el interés y bajo la mirada de un hombre poderoso que gobernó a Venezuela a su antojo. El mismo personaje de Rocanegras me lleva hacia el venezolano de hoy día, que se encuentra atrapado entre dos aguas, entre dos mundos, entre dos maneras de considerar el país, su historia y su futuro, sin que además él mismo entienda bien las razones que lo han llevado a esa situación.

-¿Cómo enlaza lo mítico con lo real?

-El duque es un personaje del que se conoce muy poco. Su misma biografía es una oda a la mamadera de gallo, y descansa muy poco en la realidad. Así que tuve un amplio espacio para fabular.


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Fuente: El Universal.
Sábado 07 de julio de 2007
Ana María Hernández

martes, julio 03, 2007

El extraño caso de Rocanegras




EL NACIONAL - Martes 03 de Julio de 2007

ALBINSON LINARES

"Yo soy la excepción en el mundo. (...) Nunca habían visto cosa igual, mi línea matemática, desde la uña del dedo gordo, hasta el pelo más rebelde de mi órgano capilar. Ni el puente de Brooklyn, ni las pirámides de Egipto que entre paréntesis, no son más piramidales que yo", leía alucinado el escritor.

Las extravagantes confesiones, nacidas del delirio ególatra de Vito Modesto Franklin, quien ostentaba el dudoso título nobiliario de "duque de Rocanegras", eran una delicia para Fedosy Santaella.

El joven autor refiere que el célebre personaje caraqueño "lo encontró" y no a la inversa: "Tuve en Valencia un programa de radio que se llamaba `El arte del ocio’ junto a José Javier Rojas. Allí nos sentábamos todas las noches a hablar de lo que se nos ocurriera. Era como si estuviéramos en la sala de nuestras casas sentados, bebiendo cerveza y poniendo la música que nos gustaba. Luego de un año, investigando para el programa, llegué al libro Caracas física y espiritual de Aquiles Nazoa. Ahí encontré la historia de Vito Modesto Franklin".

Fascinado, comentó la excéntrica vida al aire. Tiempo después, ya radicado en Caracas, hojeaba distraído un volumen del Diccionario de Historia de Venezuela editado por la Fundación Polar. Entonces, saltó frente a sus ojos una referencia sobre el duque de Rocanegras y la existencia de sus memorias.

Con la exactitud que delata a los narradores cuidadosos, el joven autor recuerda el lugar donde consiguió el libro del excéntrico personaje: "Un día me fui a la Biblioteca Nacional a buscar el ejemplar.

Lo busqué en los ficheros y lo encontré en la Sala de Libros Raros. Resulta que es un libro escrito en 1924 y se imprimieron 8000 ejemplares. Aquella biografía (muy original, muy divertida) la copié a mano, íntegra en un cuaderno y me la llevé a casa".

Fruto de este interés fueron una primera novela que no llegó a publicarse y el blog duquederocanegras.blogspot.com en donde el lector encuentra la transcripción íntegra que hizo Santaella de los recuerdos del duque.

Impresionado por la riqueza del personaje, el escritor ideó otra trama más inspirada en la tradición del thriller policial, para desarrollar Rocanegras: "Luego comencé a leer algunas novelas de Ponson du Terrail y Gastón Leraux.

Entonces se me ocurrió que Rocanegras podía tener un pasado fascinante, relacionado con los caballeros ladrones. Así la aventura seguía estando presente, pero transformada en las acciones realizadas por el duque".


La Caracas decadente. Uno de los aciertos de esta primera novela de Santaella radica en lograr un vívido fresco de la capital de inicios del siglo XX. Atemporal, atrapada por su pasado glorioso y un presente mustio, la ciudad adolecía del encanto de otros momentos. Opacada por la total concentración de poder en la cercana Maracay, Caracas vivía el inicio de la riqueza petrolera, con la decadencia de barrios emblemáticos como El Silencio y la tímida opulencia de nuevas urbanizaciones como Altamira: "Recuerdo que conseguí un artículo de Rocanegras donde escribía sobre lo horrible que era el uso del chicle en todas partes, hasta en los teatros. Considerando que él venía de la Caracas guzmancista, tan europea, era natural que rechazara todo lo yanqui", comenta el autor.

Esta capital que vivió Rocanegras se encontraba en un período de transición, acentuado por los diversos cambios socioeconómicos que afectaron Venezuela a raíz de la explotación petrolera: "Cuando empieza a morir la Caracas de El Paraíso y surgen las nuevas urbanizaciones de Altamira, barrios como El Silencio antes de Villanueva eran muy decadentes. En la novela hay muchas referencias a la miseria y muerte que reinaban en los burdeles de sus calles era un barrio de mala vida muy pobre", acota Santaella.

Otro de los aspectos que resaltan en la lectura de Rocanegras es el uso de un léxico en cada una de las intervenciones del protagonista: "Era un mamador de gallo, pana de Leoncio Martínez y Job Pim que llegó al extremo de convertirse en una comedia de sí mismo. El decía que venía de La Guaira y en algún tiempo se dedicó a jugar cartas".

El carácter tan peculiar del hombre que fue Vito Modesto Franklin está revestido de un aura imprecisa, nutrida de los múltiples rumores que su mitomanía propagó: "En realidad, hay una leyenda alrededor de él, con muchos huecos fue un hombre que salió de la nada y llegó lleno de dinero a Caracas donde fue dueño del teatro Olympia. Otro rumor atribuía su fortuna a que era un picapleitos, un abogado sin título".