
Piense, reflexione. No basta con creerse el bueno de la partida, no basta con pensar que está haciendo algo por el país para luego ir a justificar cualquier atropello. Piense, y tenga cuidado con los políticos. Sí, necesitamos las instituciones para hacer, pero cuidado, el poder de la política envilece las almas. Cuidado con creer que usted y la gente que anda con usted son los que son, y nadie más. Cuidado con oscurecer el alma, cerrando puertas, plegándose sobre usted mismo. La evidencia del daño es y será horrenda. Y quizás hay quienes no se dan cuenta de lo que están haciendo, pero el daño está ahí, trabajando como un cáncer. Hay que tener cuidado, hay que abrirse, hay que reflexionar. Que el descalabro de otros no justifique el descalabro propio. El mal siempre está allí, al acecho, buscando poner títulos y llenando manos. No dejes, nunca dejes que te llamen por un título que no tienes, que no mereces. A la estulticia del mal le encanta llamar escritor a cualquier que acepte el cargo con sonrisa bobalicona. Ni el dinero, ni los cargos, ni los títulos, ni la falsa gloria. Nada importa tanto como saberse humano, con las manos y los ojos limpios. En estos tiempos terribles, en que el agua baja llena de barro, conviene reflexionar un instante, y entender que toda avaricia, que todo odio, no son más que lo mismo contra lo que se supone que luchamos. Es triste, es triste ver cómo la gangrena está en todas partes. Es triste ver cómo hay tanto zombi, tanto caníbal que no sabe o no quiere aceptar que es un zombi y un caníbal. Un zombi que quiere vestir bonito, a la usanza del gobernador o del alcalde. Un caníbal que quiere comerse al otro con sus resabios, con su jueguito frío de silencios que ningunean, con sus astucias detrás de cámara, con su irreverencia al servicio de los titiriteros.
Podrán crecer todo lo que quieran, pero siempre seguirán siendo enanos.
Podrán crecer todo lo que quieran, pero siempre seguirán siendo enanos.