
Hace un par de años, en el primer día del taller de literatura infantil de la editorial Monte Ávila, el instructor nos dijo que NO estábamos en un taller de literatura infantil, sino en un taller de literatura. Aquel instructor era nada más y nada menos que el maestro Armando José Sequera. Dijo Armando muchas cosas que nunca olvidaré, pero entre todas, esta viene perfecta para iniciar la conversación con ustedes.
Porque eso es lo que quiero, que conversemos. Porque las personas que conversan están vivas y transcurren en los tiempos presentes. La literatura, que no es una exposición de historia universal o venezolana, ni mucho menos un conjunto de preceptos morales, transcurre también en los tiempos presentes. Porque la escritura es un acto creativo, es imaginación, ingenio, y sobre todo, libertad.
Sí, también recuerdo que Armando nos dijo que cuando escribiéramos literatura para niños, teníamos que pensar que escribíamos, precisamente, para niños, y eso matiza un poco el asunto. Pero no nos limita. Todo lo contrario, creo que la literatura dirigida a niños y jóvenes nos lleva hacia un mundo repleto de fantásticas posibilidades. Un mundo forjado en la mente de esos lectores que anhelamos.
Ahora, hagamos algo. Intentemos por unos instantes imaginar ese mundo. Eso sí, sin prejuicios, desde una perspectiva sana y abierta, que es lo más sensato que podemos hacer. Porque vamos a estar claros: aunque algunos pretendan ser los Bin Laden de la imaginación, nunca podrán ponerle una bomba a lo que no les gusta. Porque todo está allí, en la mente, y la mente es libre, y la de los niños, mucho más.
Así que, si llegamos a ver alguna bestia pertubadora, sólo debemos ser más inteligentes que ella, e incluso pelear con sus propias armas. Pero yo, queridos amigos, les soy sincero, no veo ni un solo enemigo contra quien pelear. Yo estoy fascinado, e intento pertenecer. Espero que sin mucha dificultad. Porque yo soy de estos tiempos, porque veo Cartoon Network, Jetx, Boomerang, Nickelodeon y Discovery Kids, porque leo a Hellboy y a Sandman, al Batman de Frank Miller y al Incal de Moebius, a Neil Gaiman, Elsa Bornemann, Armando José Sequera, Mireya Tabuas, Lewis Carroll, R.L. Stine, J.K. Rawling, Elvira Lindo, Roald Dahl, L. Frank Baum, Gilles y Betrand Gauthier, Michael Ende, Edgar Allan Poe, Mary Shelley, y a Bram Stoker, entre otros.
Yo sólo sé que me quiero divertir en ese mundo. Yo sólo sé que escribo para chamos, y no para los censores horroríficos. Yo sólo sé que quiero divertir con mi escritura, y que los lectores más exigentes del mundo –es decir, los chamos- pasen un buen rato. Que se admiren, que se asombren, que sonrían, incluso que tengan miedo. ¿Quién no quiere tener miedo cuando es chamo? ¿Quién no ha disfrutado de un buen cuento de terror bajo las sábanas?
Eso es lo que yo estoy escribiendo. Estoy escribiendo lo que me gusta, y lo que creo le podría gustar a mi lector. A ese muchacho que, sin prestarle atención a premios, prestigios, normas de urbanidad, moralinas, controles de censura y otros corotos, despreciarán tu libro desde la primera página e irán a jugar Playstation o a ver el show del gran Bob Esponja.
Es un reto, es todo un reto, y en especial un honor, que el hijo de mi amiga Aída lea mi cuento y se quede allí, en el sitio, durante unos buenos minutos, sin recordar que afuera están el juego de video y el canal de cable.
Para lograr ese instante de mágica atención, debemos empezar a escribir pensando en los niños de hoy en día, y hacerlo con la inteligencia, el humor, el desenfado y la “maldad” que los caracteriza. Debemos pertenecer a su mundo, y no al mundo de quiénes quieren controlar su mundo.
Por cierto, ¿dónde están los lectores de más de nueve años? ¿No crecen, o empiezan a leer a Coetzee cuando llegan a esa edad? ¿Por qué es tan difícil encontrar literatura vernácula para jóvenes? ¿Acaso basta con Harry Potter, con las Crónicas de Narnia o con los Escalofríos de R.L. Stine? ¿O más curioso aún, será que la literatura para jóvenes son los cuentos de Edgar Allan Poe que con justicia ellos han traído a su terreno? ¡Qué curioso, ¿no?! Los controladores no dejan pasar el virus de un buen cuento de terror –uno que asuste de verdad- escrito por un venezolano, pero en las librerías, en la sección de literatura para jóvenes, están Edgar Allan y Bram Stoker. ¿No es eso curioso?
A lo mejor me equivoco. A lo mejor no tengo experiencia suficiente y hablo por hablar. No sé. Sólo les puedo decir que cuando yo escribo, no pienso en los terroristas de la imaginación, sino en los chamos, y esa es la literatura que a mí me gusta escribir y leer.
Y este punto, como ya no se me ocurría más nada, opté por leerles un cuento. Es un buena manera de rellenar espacios, y de poner en claro todo lo que antes dije.
Así que, aquí les va el cuento.
YOAMOATODOELMUNDO DICE 
Aquella noche, frente a su computador, Sebastián se aburría, y ya su mano buscaba el mousse para salirse de la página de conversación cuando alguien que acababa de entrar le escribió.
Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ cómo estás?
El largamente fastidiado rostro de Sebastián se iluminó y, aguijoneado por el sugerente apodo cibernético, fue directo al grano.
Contra Master dice:
¿Eres masculino o femenina?
Hasta hacía poco, para Sebastián y sus amigos, el chat sólo había servido para seguir conversando fuera de la escuela y para burlarse de los nuevos que entraban a aquella página de conversación, de la cual ellos eran los amos y señores. Pero un día, sus amigos empezaron a darle un uso diferente. A través del chat habían conocido chicas y se habían citado en centros comerciales. De esos encuentros habían surgido historias divertidas (más de una resultó ser una chica fea y latosa), o amorosas (la chica no resultó para nada fea).
Sebastián no había tenido esa fortuna. Claro que había conocido a unas cuantas chicas, cuatro en realidad. Dos de ellas lo rechazaron de tajo, diciéndole que ellas no entraban al chat para hacer amistades reales sino virtuales; a la otra nunca le habló de un encuentro, porque desde el comienzo se mantuvo ajena a sus insinuaciones; y la cuarta, con la que tuvo buena química, le dijo que vivía en una lejana cuidad del interior.
Hoy, a la búsqueda de mejor suerte, había ingresado tarde en la noche, momento en el que quizás entraban chicas más atrevidas. Una hora después nadie se había metido en la página, y él estaba a punto de salirse cuando llegó el saludo.
¿Sería esa su oportunidad de vivir una aventura como la que algunos de sus amigos había vivido? ¡Claro que sí! Si el tonto de Richard, que ni siquiera sabía escribir, había salido con una chica del chat, él que sabía expresarse y escribía sin errores ortográficos, no iba a fallar en sus planes de conquista.
Pasados unos minutos, apareció una respuesta bastante extraña.
Yoamoatodoelmundo dice:
Tu prefiere yo femenino.
Sebastián, emocionado por aquel primer contacto, dejó pasar la sintaxis incongruente y siguió como si nada.
Contra Master dice:
Dime tu edad.
De nuevo pasaron unos minutos, hasta que por fin apareció la contestación.
Yoamoatodoelmundo dice:
edad mía¿? dime tu edad para mi¿?
Sebastián se molestó un poco y, acostumbrado a hacer lo que se le antojaba con la gente del chat, no dudó en responder de un modo categórico y directo.
Contra Master dice:
Oye, idiota, no te entiendo. ¿Qué te pasa, no sabes escribir?
Pasaron unos cinco minutos y no hubo respuesta; pero Yoamoatodoelmundo seguía en línea. Sebastián se sintió burlado.
Contra Master dice:
Si no respondes te va a ir muy mal en la vida.
No hubo respuesta y Sebastián decidió utilizar una de sus técnicas de ataque preferidas. La repetición.
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Y así escribió unas treinta veces. Pero del otro lado, nada pasó. Cansado ya de lidiar con el enigma, Sebastián decidió salirse de la página, no sin antes soltar unas últimas palabras.
Contra Master dice:
Te voy a bloquear, loquita.
La respuesta no tardó en llegar.
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí desconecta_ por favor bloquea.
Contra Master dice:
¡Ah, ahora sí me respondes!
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí bloquea_ por favor desconecta mí
Contra Master dice:
¿Pero qué te pasa, por qué escribes así?
Sebastián imaginó que del otro lado había una chica loca. Sí, una chica que había crecido con problemas mentales, toda despeinada y en bata verde; una chica que alguna vez vio a su hermano frente a la computadora, conversando en el chat y tuvo curiosidad. Con voz torpe, entrecortada, quizás ella le había preguntado qué hacía, y el hermano, rudimentariamente, le explicó y le enseñó. Ahora, la chica loca usaba el chat, y los familiares la dejaban porque se quedaba tranquila y no gritaba y no lloraba, aunque fuera por unos instantes.
Toda aquella historia era divertida, pero al final le resultó aterradora. Sebastián siempre había tenido la sensación de que el chat funcionaba como una especie de telepatía cibernética, algo como entrar con la mente en la mente de otra persona. Si esto era así, entonces la locura de la chica había estado dando vueltas por la cabeza de él y, como un virus, se había incubado en algún oscuro rincón de su cabeza, desde donde se expandiría a todo su ser, volviéndolo loco, totalmente loco…
Nervioso y apresurado, Sebastián se salió de la página de conversación.
***
Una semana después, recibió un mensaje de la misma persona.
Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ cómo estás?
Sebastián se sobresaltó, pero como Richard se encontraba de visita, se sintió envalentonado y dispuesto para las burlas.
-¡Mira, mira, la loquita de la que te conté! –dijo Sebastián.
Richard se acercó y leyó el mensaje.
-Salúdala –dijo su amigo con sonrisa siniestra.
Sebastián comenzó a teclear.
Contra Master dice:
Epa, loquita, ¿en qué andas?
Yoamoatodoelmundo dice:
Yo mujer_a ti gusta yo femenina.
Contra Master dice:
Claro que gusta tu a mí, ricura.
Esta respuesta hizo reír a Sebastián y a su amigo, al mismo tiempo que chocaban las palmas, satisfechos y cómplices. Esperaron las palabras de vuelta, pero al cabo de unos minutos sin señales de vida, Sebastián volvió a escribir.
Contra Master dice:
¿Oye, loquita, tú tienes alguna enfermedad mental o algo así?
La respuesta no tardó en llegar.
Yoamoatodoelmundo dice:
Disconecta sí por favor bloquear_ adiós.
Contra Master dice:
Desconectate tú sola.
Yoamoatodoelmundo dice:
No, sólo tú desssconecta mí, por favor bloquear_ adiós.
Contra Master dice:
Desconectate tú sola, ¡LOCA!
Yoamoatodoelmundo dice:
No habla así para mi tú.
Contra Master dice:
¿Qué pasa loquita, tienes miedo de enfrentar la realidad? ¡Loca, loca, eres una loca! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAAJA!
Yoamoatodoelmundo dice:
No diga eso para mí, disconecta sí por favor bloquear bloquea tú para mí por favor
Contra Master dice:
La loquita le tiene miedo a la verdad, jajajaja. Pues déjame decirte que eres una triste loca, que nunca tendrás novio y que siempre vivirás con tus padres o metida en clínicas.
Yoamoatodoelmundo dice:
Disconect por favor
Contra Master dice:
Seguro que todavía usas pañales, porque te haces en la ropa, y ni siquiera sabes comer sola.
Yoamoatodoelmundo dice:
No hable tu así, por favor
Contra Master dice:
Seguro que te levantas por las noches, pegando gritos y llorando, porque estás loca. JAJAJAJAJAJAJAJAJA. ERES UNA POBRE LOQUITA.
Yoamoatodoelmundo dice:
por favor, no más_
Yoamoatodoelmundo dice:
por favor…
Sebastián no paró de lanzarle cosas desagradables, pero Yoamoatodoelmundo no volvió a escribirle. Unos minutos después, al no recibir respuesta, los amigos se aburrieron y se salieron de la página de conversación.
***
Tres noches después, Sebastián recibió el saludo ya familiar.
Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_cómo estás?
Esta vez no tuvo temor al contagio de la locura, quizá porque la vez anterior había tratado tan mal a la chica que ahora se sentía superior y hasta de buen humor.
Contra Master dice:
¡Hola, loquita! ¿Te molestaste el otro día?
Sebastián se imaginó a la chica loca en otra parte de la ciudad. Era curioso, se dijo, pero desde el primer momento, cuando pensó que podía ser una conquista, la imaginó rubia, hermosa y con el cabello muy largo. Después que descubrió sus particularidades, la siguió imaginando rubia y hermosa; pero demacrada, despeinada y con bata de hospital. Sebastián la dibujó en su mente frente a la computadora: allí, cabizbaja, el cabello sobre su cara, su mano pálida sobre el teclado, presionando sin fuerza, pasando con lentitud de una tecla a la otra, tratando de enviar un débil mensaje (¿qué tipo de mensaje?) a través de cientos de kilómetros de distancia, a través de la niebla de la locura… De esa locura contaminante en la que ahora volvía a pensar…
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí molesté un poco.
Sebastián quiso pedirle disculpas, pero le pareció más de chico duro escribir algo desagradable. Estaba a punto de comenzar a teclear, cuando las palabras que leyó evitaron que lo hiciera.
Yoamoatodoelmundo dice:
No gusta tú ríe tu con amiggo, sí_
¿Había leído bien? Pestañeó, volvió a leer. Sí, había leído bien. Pero, ¿cómo podía saber la loquita que Richard había estado a su lado en aquella ocasión?
Quiso escribir algo, pero apareció otro texto.
Yoamoatodoelmundo dice:
Hola… tu nombre…
Yoamoatodoelmundo dice:
TU SER…
(Las frases ahora entraban una tras otra, aceleradas, como si las estuviera escribiendo una máquina demencial).
Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ TU SER…
Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ tú nombre…
Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ Sebas.
Sebastián sintió que le estallaba un bomba en el pecho y, de un modo casi automático, atacó el teclado.
Contra Master dice:
¿Cómo sabes mi nombre si no está en mi perfil ni en mi correo electrónico? ¿Cómo sabes mi nombre, loca?
Tres horas más tarde aún no había respuesta y Yoamoatodoelmundo seguía en línea.
***
Su vida se volvió un infierno. No dormía, empezó a sacar malas notas en el colegio, se apartó de sus amigos –desconfiaba de ellos-, no comía y se la pasaba la mayor parte del tiempo en línea, frente al computador, sin escribir y a la espera de que Yoamoatodoelmundo ingresara.
Estaba obsesionado y lleno de rabia. ¿Realmente una persona desconocida había escrito su nombre en el chat? ¿Lo había imaginado acaso? ¿Había empezado a crecer la locura de la chica en su mente? En el fondo, estaba seguro de que así era y, en una lucha contra sí mismo, trataba de buscar explicaciones racionales a todo aquel asunto.
Llegó a la conclusión de que alguien había estado jugando con él. Quizá se trataba de sus antiguos amigos y de alguna chica que no era loca, sino alguna malvada que le gustaba jugar con los demás. Sí, se trataba de una chica frívola que estaba aliada a sus ex amigos. Y él no estaba loco, porque nunca había existido una muchacha loca.
¡Ah, pero cuando ella volviera a ingresar en el chat, él la descubriría y como en los viejos tiempos se burlaría de ella! ¡Sí, lo más importante ahora era la venganza, y por eso, su nuevo apodo era EL VENGADOR!
***
Una de esas noches de espera, le llegó el mensaje.
Yoamoatodoelmundo dice:
¿Hola, cómo estás?
Sebastián tecleó rapidamente la respuesta.
El VENGADOR dice:
NO TAN BIEN CÓMO TÚ.
Yoamoatodoelmundo dice:
¿Y por qué, te ocurre algo?
El VENGADOR dice:
¡AH, AHORA VEO QUE ESCRIBES MUY BIEN!
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, ahora escribo y hablo mejor, todo gracias a ti.
El VENGADOR dice:
¿GRACIAS A MÍ?
La respuesta se repitió varias veces y de un solo golpe.
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, tu me hiciste quien soy.
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, tu me hiciste quien soy.
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, tu me hiciste quien soy.
El VENGADOR dice:
¡DEJA YA DE JUGAR CONMIGO!
Yoamoatodoelmundo dice:
Yo no estoy jugando contigo.
El VENGADOR dice:
¡CLARO QUE SÍ, MALDITA, CLARO QUE SÍ!
De golpe, entró un párrafo largo.
Yoamoatodoelmundo dice:
La primera vez que hablamos, yo era nada más que un soplo de energía en la red y te amaba, porque tú habías sido destinado a ser mi creador. Yo estaba, digamos, “vacía”, y existía con un grado mínimo de pensamiento y expresión. Después, tú me fuiste creando. Me convertiste en una niña linda y rubia, y también fuiste moldeando mi mente. Cada vez que hablábamos, yo aprendía y crecía. Pero un día, me di cuenta de que la niña rubia en realidad se había convertido en un ser muy feo, que se formó en tus humillaciones y en la locura que tú le insuflaste…
-…entonces dejé de amarte –dijo una voz de niña a sus espaldas.
Sebastián giró su cuerpo a una velocidad tal que casi se cae de la silla. Frente a él, estaba una niña rubia, vestida con una bata verde de hospital y, aunque hermosa, tenía una expresión oscura, dura y llena de maldad y tristeza al mismo tiempo.
-Ahora ya no amo a todo el mundo, ¿sabes? –dijo la niña.
Sebastián, paralizado del miedo, mascullaba algunas palabras:
-Yo no sabía… yo… yo… por favor...
-Por tu culpa –la niña lo señaló y avanzó hacia él-, jamás podré amar ni ser feliz.
Una mano pálida y fría rozó la cara de Sebastián. Él pegó un grito y la pantalla de la computadora se sacudió. De pronto, aquel grito se opacó, como si lo hubieran metido dentro de algo, como si lo hubieran lanzado a un abismo.
***
Minutos después, en el monitor de Richard alguien entraba al chat y lo saludaba.
Niña rubia dice:
¿Hola, cómo estás?
Richard sonrió y comenzó a teclear.