lunes, octubre 30, 2006

LAS BASES CONCRETAS DE LA ESCRITURA





A Valentina y Augusto



Recuerdo que en mi infancia leí La Odisea. Aunque creo que "leer" no es el verbo exacto. Quizá abordé sus primeras páginas, seguramente algunos capítulos aquí y allá. Sólo sé que un día me puse a escribir en una agenda.

En mi casa siempre había agendas, porque mis tíos tenían una concretera grande, y todos los años nos regalaban agendas de la compañía, y en ellas me ponía a dibujar. Yo dibujaba mucho, dibujaba como un animal, diré parafraseando a Charly García.

Pero aquella vez me puse a escribir. Así que mis primeros textos se los debo a la lectura de las peripecias de un griego mañoso y a una compañía fabricante de concreto. Estaba sentando mis bases, podríamos decir con absoluta propiedad.

Traigo unas palabras de Michel Tournier al respecto:

“Hay algunas obras maestras –y por ello figuran en primera línea de la literatura universal- que son una incitación a crear, un contagio del verbo creador, una puesta en marcha del proceso inventivo de los lectores. Yo confieso que para mí esa es la cumbre del arte. Paul Valéry decía que la inspiración no consiste en el estado en que se encuentra el poeta cuando escribe, sino en el estado en que el poeta que escribe espera poner a su lector.”

Sí, yo me puse a escribir mi propia Odisea, ya no recuerdo qué disparates. Pero ahí empecé. Fascinado doblemente. Porque, por un lado, estaba el arrobamiento ante el papel, el encanto de la página olorosa a tinta, la sucesión de hojas inmaculadas, y por el otro, y sobre todo, se hallaba el “contagio del verbo creador” del que habla Tournier.

Luego, vino un librito que me puso a escribir con mayor ahínco. Fue Escena de un Spaguetti Western de Armando José Sequera. Aquello me lanzó frente a la computadora (sí, ya para entonces en mi casa había una computadora, una Apple), a teclear historias de vampiros y vaqueros, vampiros en la playa que tomaban piña colada y cosas por el estilo, pequeñas historias que intentaban copiar la estructura y el humor de los cuentos de Sequera.

Más adelante aparecieron Edgar Allan Poe, Daniel Defoe, Walter Scott, entre otros, y la revista Imagen. Tengo una clara imagen de mí, adolescente, leyendo en esa revista un trabajo sobre Pavese. Escuchaba Abraxas de Santana, y también leía Demian de Hesse. Allí en mi cuarto, sobre la mullida alfombra, con aire acondicionado (vivía en Puerto Cabello entonces). Era definitivamente un celenita en una prefigurada tierra de sudokus.

Así, amigos, con estas lecturas, con estas agendas, fue cómo empezó todo. Estas fueron las bases concretas de mi escritura, donadas amablemente por Concreto Premezclado, la compañía de mis tíos.

viernes, octubre 27, 2006




Queridos amigos:

Hoy me voy a Valencia a recibir el premio Pocaterra.

A las 5:00 p.m. estaré leyendo "Postales sub sole".
Mañana, a las 10:30 a.m. será el acto de premiación.

Para los que se encuentren por la zona, los invito a pasarse por el Ateneo de Valencia.

Saludos


martes, octubre 24, 2006

POESÍA DE LA MENTE



No me conoces, soy un misterio para ti. No te conozco. Hasta ahora habías sido un misterio para mi. Lo único que sabemos uno acerca del otro es esta relación que estamos creando juntos, en este instante. Voy a usar la poesía de tu propia mente para darte un mensaje. Envíame una foto reciente. Viendo tu imagen dejaré que mi subconsciente me dé impresiones sobre tu subconsciente. Escribiré sobre las visiones y emociones que inspires en mí usando metáforas, de modo que el mensaje sólo será evidente para ti, para nadie más. Tú imagen, junto a mis impresiones, estarán a la vista aquí:




POLVO ERES

Urbanstructure Observers de Claudia Probst

Esqueletos, calaveras, cadáveres son

pero se ven divertidos en el laboratorio

y viendo televisión.

....


(Dicen que el laboratorio queda al fondo a la derecha).


...

-Siéntate a esperar y verás el cadáver de tu enemigo pasar.

La poceta es un buen lugar.

...


http://carloszerpa.multiply.com/photos/photo/7/9


-Polvo, los hombres no son más que polvo -dijo el poeta.

Y vinieron los bigotes y le dieron con mazos, maletines, laptops, maletas y con un Lexus.

-Polvo, los hombres no son más que polvo -volvió a decir el poeta, algo magullado el pobre.

Y esta vez vinieron y le dieron por la cabeza con un barril de petróleo, y le dispararon con fusiles, y le pasaron por encima con tanques y hasta le tiraron una bomba atómica.

-Polvo, los hombres no son más que polvo -insitó el poeta en el suelo, todavía con firme convicción.

Y entonces le cayó el odio de un fanático, y el amor de un fanático, y también la estulticia general (y de un General y hasta de un Coronel).

-Polvo, los hombres... de polvo serán, pero pegan duro, carajo -dijo con renovado entusiasmo de hombre molesto.

Y otro que iba pasando le soltó:

-Y usted como que es inmortal, porque ya cualquiera se hubiera muerto a la primera.

El poeta reflexionó sobre aquellas palabras y, poniéndose de pie, respondió:

-Esas son las vainas de la poesía.
-Y de la realidad -le dijo alguien con los pies sobre la tierra (todos fétidos, llenos de barro y callosos, por cierto).

Entonces el poeta se fue para otra parte.
Tenía ganas de una hamburguesa con queso.
Era la hora del almuerzo.

viernes, octubre 20, 2006

LA MUERTE DEL CRUCIGRAMA



Trato de ser comedido en mi criterio y, por favor, tómese todo esto como una gran interrogante, y no una furibunda y enloquecida protesta.

Sí, entiendo que el Sudoku está de moda, y quizá no llegó para quedarse, o quizá sí. Entiendo también que ayuda a la agilidad mental, que nos saca de las ciutas del mundo, y que es mejor dedicarle unos minutos al Sudoku que entregarse a la ruleta rusa de un mal vicio. Además, cada quien se distrae como mejor le parece. Pero cuando veo aquellos recuadros y aquellos números, cuando veo la entrega de quienes me rodean, no puedo dejar de sentir cierto desafecto por el juego.

Y es que pienso en estos tiempos saturados de mentes que sólo anhelan manipular números fríos tras los que se abre un abismo sin dignidad y sin honor; pienso en los ojos desorbitados de locura de aquellos cuyas manos están llenas de petróleo y armas; pienso cómo el amor a la palabra es cada vez es más una débil señal que agoniza en la distancia. Y entonces me pregunto si no será el Sudoku un síntoma de esta supremacía numeral sin asideros humanos. Me pregunto si acaso no será el Sudoku la imagen del fin de las letras, la muerte del ínclito, añejo, sabio y noble crucigrama que ha tejido la humanidad en torno a las palabras.

A veces pienso que se jodió todo, que se jodió.

martes, octubre 10, 2006

YO SÓLO SÉ QUE ESCRIBO PARA CHAMOS



Hace un par de años, en el primer día del taller de literatura infantil de la editorial Monte Ávila, el instructor nos dijo que NO estábamos en un taller de literatura infantil, sino en un taller de literatura. Aquel instructor era nada más y nada menos que el maestro Armando José Sequera. Dijo Armando muchas cosas que nunca olvidaré, pero entre todas, esta viene perfecta para iniciar la conversación con ustedes.

Porque eso es lo que quiero, que conversemos. Porque las personas que conversan están vivas y transcurren en los tiempos presentes. La literatura, que no es una exposición de historia universal o venezolana, ni mucho menos un conjunto de preceptos morales, transcurre también en los tiempos presentes. Porque la escritura es un acto creativo, es imaginación, ingenio, y sobre todo, libertad.

Sí, también recuerdo que Armando nos dijo que cuando escribiéramos literatura para niños, teníamos que pensar que escribíamos, precisamente, para niños, y eso matiza un poco el asunto. Pero no nos limita. Todo lo contrario, creo que la literatura dirigida a niños y jóvenes nos lleva hacia un mundo repleto de fantásticas posibilidades. Un mundo forjado en la mente de esos lectores que anhelamos.

Ahora, hagamos algo. Intentemos por unos instantes imaginar ese mundo. Eso sí, sin prejuicios, desde una perspectiva sana y abierta, que es lo más sensato que podemos hacer. Porque vamos a estar claros: aunque algunos pretendan ser los Bin Laden de la imaginación, nunca podrán ponerle una bomba a lo que no les gusta. Porque todo está allí, en la mente, y la mente es libre, y la de los niños, mucho más.

Así que, si llegamos a ver alguna bestia pertubadora, sólo debemos ser más inteligentes que ella, e incluso pelear con sus propias armas. Pero yo, queridos amigos, les soy sincero, no veo ni un solo enemigo contra quien pelear. Yo estoy fascinado, e intento pertenecer. Espero que sin mucha dificultad. Porque yo soy de estos tiempos, porque veo Cartoon Network, Jetx, Boomerang, Nickelodeon y Discovery Kids, porque leo a Hellboy y a Sandman, al Batman de Frank Miller y al Incal de Moebius, a Neil Gaiman, Elsa Bornemann, Armando José Sequera, Mireya Tabuas, Lewis Carroll, R.L. Stine, J.K. Rawling, Elvira Lindo, Roald Dahl, L. Frank Baum, Gilles y Betrand Gauthier, Michael Ende, Edgar Allan Poe, Mary Shelley, y a Bram Stoker, entre otros.

Yo sólo sé que me quiero divertir en ese mundo. Yo sólo sé que escribo para chamos, y no para los censores horroríficos. Yo sólo sé que quiero divertir con mi escritura, y que los lectores más exigentes del mundo –es decir, los chamos- pasen un buen rato. Que se admiren, que se asombren, que sonrían, incluso que tengan miedo. ¿Quién no quiere tener miedo cuando es chamo? ¿Quién no ha disfrutado de un buen cuento de terror bajo las sábanas?

Eso es lo que yo estoy escribiendo. Estoy escribiendo lo que me gusta, y lo que creo le podría gustar a mi lector. A ese muchacho que, sin prestarle atención a premios, prestigios, normas de urbanidad, moralinas, controles de censura y otros corotos, despreciarán tu libro desde la primera página e irán a jugar Playstation o a ver el show del gran Bob Esponja.

Es un reto, es todo un reto, y en especial un honor, que el hijo de mi amiga Aída lea mi cuento y se quede allí, en el sitio, durante unos buenos minutos, sin recordar que afuera están el juego de video y el canal de cable.
Para lograr ese instante de mágica atención, debemos empezar a escribir pensando en los niños de hoy en día, y hacerlo con la inteligencia, el humor, el desenfado y la “maldad” que los caracteriza. Debemos pertenecer a su mundo, y no al mundo de quiénes quieren controlar su mundo.

Por cierto, ¿dónde están los lectores de más de nueve años? ¿No crecen, o empiezan a leer a Coetzee cuando llegan a esa edad? ¿Por qué es tan difícil encontrar literatura vernácula para jóvenes? ¿Acaso basta con Harry Potter, con las Crónicas de Narnia o con los Escalofríos de R.L. Stine? ¿O más curioso aún, será que la literatura para jóvenes son los cuentos de Edgar Allan Poe que con justicia ellos han traído a su terreno? ¡Qué curioso, ¿no?! Los controladores no dejan pasar el virus de un buen cuento de terror –uno que asuste de verdad- escrito por un venezolano, pero en las librerías, en la sección de literatura para jóvenes, están Edgar Allan y Bram Stoker. ¿No es eso curioso?

A lo mejor me equivoco. A lo mejor no tengo experiencia suficiente y hablo por hablar. No sé. Sólo les puedo decir que cuando yo escribo, no pienso en los terroristas de la imaginación, sino en los chamos, y esa es la literatura que a mí me gusta escribir y leer.

Y este punto, como ya no se me ocurría más nada, opté por leerles un cuento. Es un buena manera de rellenar espacios, y de poner en claro todo lo que antes dije.

Así que, aquí les va el cuento.

YOAMOATODOELMUNDO DICE



Aquella noche, frente a su computador, Sebastián se aburría, y ya su mano buscaba el mousse para salirse de la página de conversación cuando alguien que acababa de entrar le escribió.

Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ cómo estás?

El largamente fastidiado rostro de Sebastián se iluminó y, aguijoneado por el sugerente apodo cibernético, fue directo al grano.

Contra Master dice:
¿Eres masculino o femenina?

Hasta hacía poco, para Sebastián y sus amigos, el chat sólo había servido para seguir conversando fuera de la escuela y para burlarse de los nuevos que entraban a aquella página de conversación, de la cual ellos eran los amos y señores. Pero un día, sus amigos empezaron a darle un uso diferente. A través del chat habían conocido chicas y se habían citado en centros comerciales. De esos encuentros habían surgido historias divertidas (más de una resultó ser una chica fea y latosa), o amorosas (la chica no resultó para nada fea).

Sebastián no había tenido esa fortuna. Claro que había conocido a unas cuantas chicas, cuatro en realidad. Dos de ellas lo rechazaron de tajo, diciéndole que ellas no entraban al chat para hacer amistades reales sino virtuales; a la otra nunca le habló de un encuentro, porque desde el comienzo se mantuvo ajena a sus insinuaciones; y la cuarta, con la que tuvo buena química, le dijo que vivía en una lejana cuidad del interior.

Hoy, a la búsqueda de mejor suerte, había ingresado tarde en la noche, momento en el que quizás entraban chicas más atrevidas. Una hora después nadie se había metido en la página, y él estaba a punto de salirse cuando llegó el saludo.

¿Sería esa su oportunidad de vivir una aventura como la que algunos de sus amigos había vivido? ¡Claro que sí! Si el tonto de Richard, que ni siquiera sabía escribir, había salido con una chica del chat, él que sabía expresarse y escribía sin errores ortográficos, no iba a fallar en sus planes de conquista.

Pasados unos minutos, apareció una respuesta bastante extraña.

Yoamoatodoelmundo dice:
Tu prefiere yo femenino.

Sebastián, emocionado por aquel primer contacto, dejó pasar la sintaxis incongruente y siguió como si nada.

Contra Master dice:
Dime tu edad.

De nuevo pasaron unos minutos, hasta que por fin apareció la contestación.

Yoamoatodoelmundo dice:
edad mía¿? dime tu edad para mi¿?

Sebastián se molestó un poco y, acostumbrado a hacer lo que se le antojaba con la gente del chat, no dudó en responder de un modo categórico y directo.

Contra Master dice:
Oye, idiota, no te entiendo. ¿Qué te pasa, no sabes escribir?

Pasaron unos cinco minutos y no hubo respuesta; pero Yoamoatodoelmundo seguía en línea. Sebastián se sintió burlado.

Contra Master dice:
Si no respondes te va a ir muy mal en la vida.

No hubo respuesta y Sebastián decidió utilizar una de sus técnicas de ataque preferidas. La repetición.

Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca
Contra Master dice:
Responde, loca

Y así escribió unas treinta veces. Pero del otro lado, nada pasó. Cansado ya de lidiar con el enigma, Sebastián decidió salirse de la página, no sin antes soltar unas últimas palabras.

Contra Master dice:
Te voy a bloquear, loquita.

La respuesta no tardó en llegar.

Yoamoatodoelmundo dice:
Sí desconecta_ por favor bloquea.

Contra Master dice:
¡Ah, ahora sí me respondes!

Yoamoatodoelmundo dice:
Sí bloquea_ por favor desconecta mí

Contra Master dice:
¿Pero qué te pasa, por qué escribes así?

Sebastián imaginó que del otro lado había una chica loca. Sí, una chica que había crecido con problemas mentales, toda despeinada y en bata verde; una chica que alguna vez vio a su hermano frente a la computadora, conversando en el chat y tuvo curiosidad. Con voz torpe, entrecortada, quizás ella le había preguntado qué hacía, y el hermano, rudimentariamente, le explicó y le enseñó. Ahora, la chica loca usaba el chat, y los familiares la dejaban porque se quedaba tranquila y no gritaba y no lloraba, aunque fuera por unos instantes.

Toda aquella historia era divertida, pero al final le resultó aterradora. Sebastián siempre había tenido la sensación de que el chat funcionaba como una especie de telepatía cibernética, algo como entrar con la mente en la mente de otra persona. Si esto era así, entonces la locura de la chica había estado dando vueltas por la cabeza de él y, como un virus, se había incubado en algún oscuro rincón de su cabeza, desde donde se expandiría a todo su ser, volviéndolo loco, totalmente loco…

Nervioso y apresurado, Sebastián se salió de la página de conversación.

***

Una semana después, recibió un mensaje de la misma persona.

Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ cómo estás?

Sebastián se sobresaltó, pero como Richard se encontraba de visita, se sintió envalentonado y dispuesto para las burlas.

-¡Mira, mira, la loquita de la que te conté! –dijo Sebastián.
Richard se acercó y leyó el mensaje.
-Salúdala –dijo su amigo con sonrisa siniestra.

Sebastián comenzó a teclear.

Contra Master dice:
Epa, loquita, ¿en qué andas?

Yoamoatodoelmundo dice:
Yo mujer_a ti gusta yo femenina.
Contra Master dice:
Claro que gusta tu a mí, ricura.

Esta respuesta hizo reír a Sebastián y a su amigo, al mismo tiempo que chocaban las palmas, satisfechos y cómplices. Esperaron las palabras de vuelta, pero al cabo de unos minutos sin señales de vida, Sebastián volvió a escribir.

Contra Master dice:
¿Oye, loquita, tú tienes alguna enfermedad mental o algo así?

La respuesta no tardó en llegar.

Yoamoatodoelmundo dice:
Disconecta sí por favor bloquear_ adiós.

Contra Master dice:
Desconectate tú sola.

Yoamoatodoelmundo dice:
No, sólo tú desssconecta mí, por favor bloquear_ adiós.

Contra Master dice:
Desconectate tú sola, ¡LOCA!

Yoamoatodoelmundo dice:
No habla así para mi tú.

Contra Master dice:
¿Qué pasa loquita, tienes miedo de enfrentar la realidad? ¡Loca, loca, eres una loca! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAAJA!

Yoamoatodoelmundo dice:
No diga eso para mí, disconecta sí por favor bloquear bloquea tú para mí por favor

Contra Master dice:
La loquita le tiene miedo a la verdad, jajajaja. Pues déjame decirte que eres una triste loca, que nunca tendrás novio y que siempre vivirás con tus padres o metida en clínicas.

Yoamoatodoelmundo dice:
Disconect por favor

Contra Master dice:
Seguro que todavía usas pañales, porque te haces en la ropa, y ni siquiera sabes comer sola.

Yoamoatodoelmundo dice:
No hable tu así, por favor

Contra Master dice:
Seguro que te levantas por las noches, pegando gritos y llorando, porque estás loca. JAJAJAJAJAJAJAJAJA. ERES UNA POBRE LOQUITA.

Yoamoatodoelmundo dice:
por favor, no más_

Yoamoatodoelmundo dice:
por favor…

Sebastián no paró de lanzarle cosas desagradables, pero Yoamoatodoelmundo no volvió a escribirle. Unos minutos después, al no recibir respuesta, los amigos se aburrieron y se salieron de la página de conversación.


***

Tres noches después, Sebastián recibió el saludo ya familiar.

Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_cómo estás?

Esta vez no tuvo temor al contagio de la locura, quizá porque la vez anterior había tratado tan mal a la chica que ahora se sentía superior y hasta de buen humor.

Contra Master dice:
¡Hola, loquita! ¿Te molestaste el otro día?

Sebastián se imaginó a la chica loca en otra parte de la ciudad. Era curioso, se dijo, pero desde el primer momento, cuando pensó que podía ser una conquista, la imaginó rubia, hermosa y con el cabello muy largo. Después que descubrió sus particularidades, la siguió imaginando rubia y hermosa; pero demacrada, despeinada y con bata de hospital. Sebastián la dibujó en su mente frente a la computadora: allí, cabizbaja, el cabello sobre su cara, su mano pálida sobre el teclado, presionando sin fuerza, pasando con lentitud de una tecla a la otra, tratando de enviar un débil mensaje (¿qué tipo de mensaje?) a través de cientos de kilómetros de distancia, a través de la niebla de la locura… De esa locura contaminante en la que ahora volvía a pensar…

Yoamoatodoelmundo dice:
Sí molesté un poco.

Sebastián quiso pedirle disculpas, pero le pareció más de chico duro escribir algo desagradable. Estaba a punto de comenzar a teclear, cuando las palabras que leyó evitaron que lo hiciera.

Yoamoatodoelmundo dice:
No gusta tú ríe tu con amiggo, sí_

¿Había leído bien? Pestañeó, volvió a leer. Sí, había leído bien. Pero, ¿cómo podía saber la loquita que Richard había estado a su lado en aquella ocasión?

Quiso escribir algo, pero apareció otro texto.

Yoamoatodoelmundo dice:
Hola… tu nombre…

Yoamoatodoelmundo dice:
TU SER…

(Las frases ahora entraban una tras otra, aceleradas, como si las estuviera escribiendo una máquina demencial).

Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ TU SER…

Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ tú nombre…

Yoamoatodoelmundo dice:
Hola_ Sebas.

Sebastián sintió que le estallaba un bomba en el pecho y, de un modo casi automático, atacó el teclado.

Contra Master dice:
¿Cómo sabes mi nombre si no está en mi perfil ni en mi correo electrónico? ¿Cómo sabes mi nombre, loca?

Tres horas más tarde aún no había respuesta y Yoamoatodoelmundo seguía en línea.


***

Su vida se volvió un infierno. No dormía, empezó a sacar malas notas en el colegio, se apartó de sus amigos –desconfiaba de ellos-, no comía y se la pasaba la mayor parte del tiempo en línea, frente al computador, sin escribir y a la espera de que Yoamoatodoelmundo ingresara.

Estaba obsesionado y lleno de rabia. ¿Realmente una persona desconocida había escrito su nombre en el chat? ¿Lo había imaginado acaso? ¿Había empezado a crecer la locura de la chica en su mente? En el fondo, estaba seguro de que así era y, en una lucha contra sí mismo, trataba de buscar explicaciones racionales a todo aquel asunto.

Llegó a la conclusión de que alguien había estado jugando con él. Quizá se trataba de sus antiguos amigos y de alguna chica que no era loca, sino alguna malvada que le gustaba jugar con los demás. Sí, se trataba de una chica frívola que estaba aliada a sus ex amigos. Y él no estaba loco, porque nunca había existido una muchacha loca.
¡Ah, pero cuando ella volviera a ingresar en el chat, él la descubriría y como en los viejos tiempos se burlaría de ella! ¡Sí, lo más importante ahora era la venganza, y por eso, su nuevo apodo era EL VENGADOR!


***

Una de esas noches de espera, le llegó el mensaje.

Yoamoatodoelmundo dice:
¿Hola, cómo estás?

Sebastián tecleó rapidamente la respuesta.

El VENGADOR dice:
NO TAN BIEN CÓMO TÚ.

Yoamoatodoelmundo dice:
¿Y por qué, te ocurre algo?

El VENGADOR dice:
¡AH, AHORA VEO QUE ESCRIBES MUY BIEN!

Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, ahora escribo y hablo mejor, todo gracias a ti.

El VENGADOR dice:
¿GRACIAS A MÍ?

La respuesta se repitió varias veces y de un solo golpe.

Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, tu me hiciste quien soy.
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, tu me hiciste quien soy.
Yoamoatodoelmundo dice:
Sí, tu me hiciste quien soy.

El VENGADOR dice:
¡DEJA YA DE JUGAR CONMIGO!

Yoamoatodoelmundo dice:
Yo no estoy jugando contigo.

El VENGADOR dice:
¡CLARO QUE SÍ, MALDITA, CLARO QUE SÍ!

De golpe, entró un párrafo largo.

Yoamoatodoelmundo dice:
La primera vez que hablamos, yo era nada más que un soplo de energía en la red y te amaba, porque tú habías sido destinado a ser mi creador. Yo estaba, digamos, “vacía”, y existía con un grado mínimo de pensamiento y expresión. Después, tú me fuiste creando. Me convertiste en una niña linda y rubia, y también fuiste moldeando mi mente. Cada vez que hablábamos, yo aprendía y crecía. Pero un día, me di cuenta de que la niña rubia en realidad se había convertido en un ser muy feo, que se formó en tus humillaciones y en la locura que tú le insuflaste…

-…entonces dejé de amarte –dijo una voz de niña a sus espaldas.

Sebastián giró su cuerpo a una velocidad tal que casi se cae de la silla. Frente a él, estaba una niña rubia, vestida con una bata verde de hospital y, aunque hermosa, tenía una expresión oscura, dura y llena de maldad y tristeza al mismo tiempo.

-Ahora ya no amo a todo el mundo, ¿sabes? –dijo la niña.

Sebastián, paralizado del miedo, mascullaba algunas palabras:

-Yo no sabía… yo… yo… por favor...

-Por tu culpa –la niña lo señaló y avanzó hacia él-, jamás podré amar ni ser feliz.
Una mano pálida y fría rozó la cara de Sebastián. Él pegó un grito y la pantalla de la computadora se sacudió. De pronto, aquel grito se opacó, como si lo hubieran metido dentro de algo, como si lo hubieran lanzado a un abismo.

***

Minutos después, en el monitor de Richard alguien entraba al chat y lo saludaba.

Niña rubia dice:
¿Hola, cómo estás?

Richard sonrió y comenzó a teclear.

domingo, octubre 08, 2006

Pura coincidencia

Oh santo mono del pedestal
Oh santo mono del ojo pelao
mejor y empiezas a hacer milagros
que tus creyentes te miran feo
y dicen que es contigo el peo
que ya el pedestal comienza a ser de barro
y te van a mandar a freir monos

Iluso yo! Alucinaba!
Igual te quedas
y mientras el fin de los tiempos nos alcanza
del reino, el mar y el cielo
tronante les hablas
y ellos igual se creen
tus pendejadas.


____
texto inspirado en el monito de Mark Ryden, artista que a su vez he retomado por una imagen aportada por Ophir A.

viernes, octubre 06, 2006

Amabilidad de bomba



Apenas me bajé del carro leí el cartel escrito a mano que estaba pegado al surtidor:


"NO SEAS PICHERRE, DA PROPINA, GRACIAS"


El bombero se acercó y yo le di los buenos días. El tipo, con cara de hastío, apenas me miró. En vista de que no me devolvió la palabra, me limité a decirle el octanaje de gasolina que quería y cuanto.

¿Será que con las gracias del cartel bastaba? ¿Será que con esas gracias era suficiente para darle propina?

Ya te podrás imaginar si le di.

Hay algo que sangra



Curitas con eso...


martes, octubre 03, 2006

Baba

Se murió la abuela. Se murió María, se murió Baba. Por fin descansa la vieja, por fin descansa la mujer que nunca descansó, la mujer que estuvo años en una silla de rueda, con lagunas en los ojos. Por fin descansa la matrona ukraniana que vino de tan lejos, acompañando a su viejo, con cuatro hijos sobre su espalda.
Ahora debe estar regañando al viejo terco. "Ya llegué, carajo. A ver Fedosy, ¿qué estás haciendo?"

Cuentan que mi abuelo vio a mi abuela una vez, y dijo: "Con esa me casó". Ella era una campesina ukraniana. Él, el hijo de un capitán del ejército zarista. Se casaron, y se dedicaron a cuidar caballos de raza. Pero entonces aparecieron los partisanos, y después Hitler, y después el fin del mundo. De su mundo.

Llegaron a Venezuela luego de un largo periplo por Europa. Les ofrecieron unas tierras para sembrar, y a ellos esas tierras empantandas no le parecieron tierras. Así que se regresaron a Puerto Cabello.

Allá, en esa pequeña ciudad calurosa, criaron a sus hijos. ¿Qué los hizo quedarse en Puerto Cabello? ¿El mar? Yo creo que fue el mar. Para quien nunca lo ha visto, el mar de Caribe crea un embrujo en las almas.

Pensaron alguna vez irse a Canadá, pero murió entonces el primer hijo, murió Basilio, el único varón, el titán de leyenda. Cuentan que en una riña en un bar, Basilio alzó a dos marineros, uno por cada brazo, y los hizo chocar uno contra el otro (así como en la comiquitas, pero de verdad verdad). No obstante, Basilio no pudo contra la fuerza bruta del destino. Lo atrapó un cable de alta tensión en la construcción de la autopista Valencia-Puerto Cabello.

Se quedaron. Fedosy y María se quedaron y lucharon por darles tres hijas dignas al mundo. Se quedaron, y entonces, mucho años después Nadia conoció Víctor, y luego, luego nació el segundo Fedosy de la familia.

El primer recuerdo que me llegó de Baba apenas traté de rememorarla constituye un episodio cómico. Ahora descubro que en realidad sólo tengo recuerdos cómicos de ella. Dejo apenas esbozos de dos de ellos.

La recordé primero en un ascensor en una clínica en Valencia. Estábamos mi mamá, otra tía, Baba y una pareja desconocida. La chica tenía un esparadrapo en la nariz. Estaba recién operada. Baba miró a los extraños, y sonriente, en el incipiente español que nunca aprendió a hablar le dijo al muchacho: "Tú malo, tú no pega para ella".

También la recordé en una lejana fiesta de diciembre, tomando whisky. Esa noche tomó tanto, allí sentada en el largo mesón, que en cierto momento, no sé cómo, se cayó de la silla. Todo el mundo se preocupó por la caída, pero ella surgió del fondo de la mesa como si nada, mostrando su sonrisa de dentadura falsa, con sus ojos alegres, pequeños e inquietos de siempre.

Puedo decir también que era una excelente cocinera que preparaba unos platos ukranianos que jamás he vuelto a disfrutar, y unos deliciosos pasteles que tampoco he vuelto a tener el gusto. Creo que nunca probaré nada más rico sobre este planeta, y espero que el día que muera, ella me reciba con uno de esos pasteles y con gran plato de haluski.

Era una gran mujer, mi abuela.

Y por fin descansa, por fin está mejor que nosotros.
Amén.

A un tordo


El tiempo y la tristeza
a veces me parecen
una misma vaina