miércoles, agosto 30, 2006

El último espejo


Que si el esqueleto, que si la pelona, que si aquel tipo con manto negro que juega ajedrez, que si una mujer hermosa que es celosa y se lleva a la gente de la que se enamora. Tanto iconografía, tanto imaginarla, para que el día de su muerte se le viniese aparecer con esa facha inesperada. Así, de rostro joven, lozano e inocente. Y es que no había margen para el error. Era su imagen en un espejo, veinte años atrás, pero era su imagen. La muerte, tenía su rostro.


...


Y cantó en una esquina la araña del Mago de Oz:

Tengo la certeza
la oscura certeza
de estar vivo en regalía.

De haber seguido de largo
a través del hilo tenso
que atravesó mi cuello.

Tan sutil y perfecto
el hilo traidor
tan despistado y soberbio
yo, el finado.

Ahora
transito por mi casa
y por mi puesto de trabajo
sin cabeza y sin anteojos
jugando
a los ladrones vivos
que huyen de los policías muertos
en autos que van a mil
por la carretera resbalosa
de los malos sueños.

Cuando la vida
la burocrátiva vida
y su cartero paquidermo
por fin decidan
hacerme llegar
el correo tardío
de mis multas por pagar,
ese día
abriré el sobre
y veré en el espejo
de su hoja en blanco
el rostro de ese hora
en que de verdad
estuve muerto.

El brillo de mis ojos
el corte de cabello
y la mueca alegre de la boca
me dirán cuánto tiempo ha pasado
desde entonces
.

domingo, agosto 27, 2006


"No es que sea bueno, es que estoy contento".
Xavier Forneret






Escritor francés, descubierto por los surrealistas luego de un olvido casi total debido tanto a las contradicciones de su personalidad como a su aislamiento provincial casi constante. En su obra alternan el genio en estado nativo y la indigencia mental, sin que ésta pueda ser atribuida a la "locura" o inclusive pueda percibirse claramente una "crisis" que justifique tal alternancia. Es autor de máximas (unas tras otras marcadas por el más gélido humor, de una total vulgaridad, o de una auténtica poesía disimulada bajo convenciones románticas), cuentos admirables, poemas donde la torpeza hace resaltar extraños fulgores y dramas "frenéticos" representados sin éxito en Dijon y en París. Incluso en su vida, su comportamiento fue algunas veces "excéntrico", y otras, de un conformismo consternador.
(GÉRARD LEGRAND).

lunes, agosto 21, 2006

EL ROBO DE LAS ESFERAS


Atravesamos kilómetros y kilómetros de la Selva Imposible bajo el quemante sol de Puerto Cabello, y llegamos al espacio abierto donde el Árbol de la Vida ofrecía una sombra inquebrantable. Zerpa llevaba sus esferas dentro de una buchaca de terciopelo que alguna vez portó una botella de exótico licor; Néstor las portaba en unas faltriqueras transparentes, de esas que sirven para llevar las apetitosas bagatelas de lord Montague; y Willliam las amontonaba en delgadas y frías bolsas de líneas bicolores. Yo sólo tenía una esfera, con una me bastaba, y a veces la llevaba en el bolsillo del pantalón, a veces en la mano.

Despejado el terreno de ramas, piedritas y hojas caídas, los adversarios se dispusieron para la batalla campal. Yo me recliné del Árbol de la Vida y, aún con la cicuta de la desolación en el pecho, me entregué al gran silencio que se impone entre los ejércitos antes de la contienda. Sólo se escuchaba el viento azuzando las banderas, el crujido de las catapultas que en su ángulo tenso desafiaban al cielo de esmalte, y mi apagada letanía que imploraba la clemencia de los dioses.

Entonces reventaron las primeras amarras y la primera bala de cristal silbó a través de las cortinas del aire. La esfera se detuvo un instante en la cima para luego caer en el terreno y levantar una descomunal montaña de humo.

William, alto y grueso como el carromato que conducía su padre, avanzó con calma de guerrero experimentado, ostentando su sonrisa cruzada de maldad y soberbia. Era el señor de la guerra, la carne viva del terrible Atila, despiadado y atroz. Los aliados, estoicos, admirables, rehicieron sus filas de cualquier manera y dieron sus caras empozadas de sangre y barro. Y Atila se burló de la desdicha ajena con bramidos de gloria, con sus miradas de colmillo, con sonrisas de orate perdido en su propia sensualidad.

Pronto me aburrí de la rutina de la masacre y coloqué la esfera de las Mil Galaxias frente a mis ojos. Me sumergí en su oceáno uterino, en las marejadas de su recámara oval, infinta y sosegada, hacia la nebulosa del Ojo Felino en un vuelo que era nado, en un nado que era vuelo, contemplación, despojo y simbiosis cristalina. Fui enigma. Fui Creación. Fui inocencia pura, diente de león luminoso, átomo de lo eterno.

Debo confesar que alguna vez intenté el arte de la guerra. Pero mi puntería resultó pésima y nunca aprendí las reglas del todo. Así que, antes de que los otros me execraran para siempre, renuncié y me dediqué al misticismo que ahora abrazaba con aquel furor de monje medieval.

Pero no siempre el éxtasis nos condena la mirada, y para volver a las deliciosas corrientes del morbo, a la realidad que fascina con su cochambre, sólo se requiere de una excusa disfrazada de horror. Apenas una excusa para dejar caer la esfera y alzar la mirada una vez más hacia la turbulencia animal.

Y era que Atila acababa de gruñir como una bestia marcada con fuego ante la escena de una de sus falanges interceptadas. Néstor la tenía en su poder, y Zerpa, irrefutable sosias, hacía a la perfección su labor de apoyo táctico.

Minotauro perdido y cazado en su propio laberinto, el gran Atila resopló su odio y se infló como un paquidermo, lleno de una lava ardiente que recorría su cuerpo. Enrojeció, botó fuego por los ojos, su estatura aumentó, se alzó hasta los cielos, alcanzó las nubes y se transformó en titán. Convertido en el ombligo herido del cosmos, el titán aulló una explosión contra sus adversarios. Néstor calló, Zerpa sonrió nervioso y yo me quedé allí, boquiabierto, la esfera a mis pies, y mis pies clavados en la tierra.

Plaga de la ira, musaraña de la ceguera, el titán se lanzó sobre la llanura, atropelló a los ejércitos y de un manotazo apartó las catapultas y se hizo de las balas de cristal. Creí que por mi condición de místico yo iba a ser perdonado, pero los titanes no sienten respeto por las cosas sagradas. Su cuerpo gigantesco y con olor a perro salvaje me agravió, y la esfera de las Mil Galaxias fue secuestrada sin contemplación.

En un abrir y cerrar de ojos, el titán se había esfumado. Sólo quedó el polvo mefítico de los infiernos sobre aquel erial que hacía pocos segundos había sido una vigorosa explanada.

Aún sumido en el estupor, volteé a mirar a mis compañeros. Ellos, a pesar de haber sido despojados, celebraban un triunfo de sonrisas serenas y aliviadas.

Sí, existen otros triunfos. Y el de ellos era haber despertado la furia de aquel impávido guerrero. Su estrategia había funcionado, y en la próxima batalla tendrían a su favor las escenas del miedo y la deshonra incrustadas en el pecho del adversario.

Medité y comprendí que yo también debía unirme al callado regocijo. Yo también me había hecho de una victoria. Porque el titán, al robarme, se había condenado él mismo a una derrota absoluta. Por más que lo intentara, el bárbaro William, inútil para el ensueño, nunca podría obtener los secretos divinos, los goces sacramentales, las múltiples dimensiones de mi esfera. Sí, tal sería su castigo: poseer una joya que nunca le pertenecería por completo.
(De Postales sub sole)

martes, agosto 15, 2006

Lamento




Voy a ponerme a estudiar actuación
a ver si aprendo a llorar.




viernes, agosto 11, 2006

Todo por un libro


Sonriente dijo:

-Sí, lo confieso, yo lo hice. Pero es que yo haría todo por un libro.




miércoles, agosto 09, 2006

Así estamos

Y así como era, toda alegre, pana, cool y desenfadada, la locutora dijo:

-Y hablando de nombres raros, hoy escuché uno rariiiiísimo. Pero es que a la gente se le ocurre unos nombres. JAJAJAJA. El nombre era Plutarco. ¿Se imaginan? !Plutarco! ¡PLU-TAR-CO! JAJAJAJA. Yo ese nombre nunca lo había escuchado. JAJAJAJAJA. Es que la gente tiene unas cosas...

domingo, agosto 06, 2006

Su alma

Buscaba la sabiduría, la elevación, la paz del alma, pero era demasiado niña como para aceptar que estaba perdida entre dos aguas. Se hundía en los libros a la búsqueda de una respuesta. Leía a Saramago como quien lee a un profeta. En sus horas laborales, paseaba entre cubículos su cuerpo de rama de sauce, leve de tanto existir en otra dimensión. Aquel aire acondicionado no era su medio natural, se decía.

Por la noches, soñaba con prados inmensos donde el sol calentaba sus manos frías. Siempre emprendía el vuelo. Pasaba sobre las ciudades. Sentía el vértigo. Era como si la atrayera un poderoso imán. Después volvía al mundo, a rellenar vacíos con palabras, a reunirse con sus amigas de la universidad, a las que odiaba en silencio por ser ellas mismas, por tener como receptáculo del alma una cartera Gucci olorosa a perfume, cotufas y hotel cinco estrellas. Aquellos eran almuerzos de fotografía publicitaria. Y ella allí, con su cabello casi rapado, pensando que Nueva York estaba muy lejos. En Nueva York y en cualquier otra ciudad del mundo que no fuera aquella, se podía buscar el alma y estar a la moda, ganar dinero y ser anacoreta.

Y así iba después de los almuerzos de revista, mirándose en los espejos del ascensor. Entonces pensaba que su alma no era más que una proyección de dioses budistas sobre su cuerpo vestido de desnudez.






(Inspirado en Iconographical hyperfocus de Sviatoslav Ponomarev)

jueves, agosto 03, 2006

Locuás el genio

2006
Wulfgan Locuás es músico. Y no un músico cualquiera. Es un músico de avanzada. Hoy, ha decidido grabar un album por cuenta propia, pues nadie le presta atención a sus ideas. Dicen que está loco. Es más, dicen que es tremendo disfraz.

Pero Wulfgan no se amilana. Hoy se ha reunido con sus amigos DJ Loquín y DJ Mulote en un estudio underground para grabar un disco. Más que un disco, una pieza larga que a Wulfgan Locuás, su compositor, le parece la más representativa de lo que él considera que es su música. Se llama Heavyboleropunkbaladachachachá. Versión resumida: el Cha cha chá de Locuás.

La sesión arranca. Wulfan Locuás empieza a darle martillazos sin ton ni son a una pared de dos metros de altura por cinco de largo construída en el sitio especialmente para la ocasión. Por su parte, DJ Loquín deja rodar el audio de un Aló Presidente, y DJ Mulote suelta un Drum and Bass paroxístico aderezado con cornetazos de la Avenida Baralt a las cuatro de la tarde. Así están durante una hora, hasta que la pared queda totalmente derribada. Cabe destacar que los ingenieros de sonido huyeron despavoridos a las tres minutos de empezada la pieza. Lejos de allí, con los cabellos revueltos y los ojos desorbitados decían: “ese carajo está loco, no sabe nada de música, se cree John Coltrane, se cree Monk, se cree Mingus, si no es porque nos está pagando ni de vaina lo dejamos grabar”, y etecétera de los etcéteras.

2905
Jóvenes reunidos en algún lugar del futuro con aspecto del futuro más futuro en torno a un reproductor de música futurista que seguramente sea del tamaño de un garrapata, o a lo mejor tan grande como un elefante (¿un ele qué?). Algunos chasquean los dedos, otros tienen los ojos cerrados. Todos están sumidos en el extasis de los diletantes. De vez en cuando hacen comentarios:

-¡Qué bueno es Locuás!
-¡Cuántas paz emana de su música!
-Sí, pura pureza de alma.
-¡Y pensar que nadie lo comprendía!
-Hasta disfraz lo llamaban.
-Es que siempre hizo música para el futuro.
-Ese tipo era un genio.

4000
Los marcianos llegaron ya, y llegaron bailando el Cha cha chá…

A CORO:
De Locuássssss!
/El futuro queda a la vuelta de la esquina, en la casa de mi amigo que tiene un XBOX/

miércoles, agosto 02, 2006

Paradox





Y todos gritaban:
"No nos interesa.
No nos interesa la vida.
La despreciamos".

Y el que estaba sentado en la puerta de su casa, ese que nada decía, que sólo miraba tristemente el mundo, ése, fue el que se mató.

(Todos los demás siguieron gritando, para disimular, para acallar el eco del disparo, pero ya era tarde, habían quedado en evidencia).