viernes, junio 30, 2006

Ochi chyornye


Ochi chyornye, ochi zhguchie
Ochi strastnye i prekrasnye
Kak lyublyu ya vas, kak boyus' ya vas
Znat' uvidel vas ya ne v dobryj chas

Ochi chyornye, ochi plamenny
I monyat oni v strany dal'nye
Gde tsarit lyubov', gde tsarit pokoj
Gde stradan'ya net, gde vrazhdy zapret

Ochi chyornye, ochi zhguchie
Ochi strastnye i prekrasnye
Kak lyublyu ya vas, kak boyus' ya vas
Znat' uvidel vas ya ne v dobryj chas

Ne vstrechal by vas, ne stradal by tak
Ya by prozhil zhizn' ulybayuchis'
Vy zgubili menya ochi chyornye
Unesli na vek moyo schast'e

Ochi chyornye, ochi zhguchie
Ochi strastnye i prekrasnye
Kak lyublyu ya vas, kak boyus' ya vas
Znat' uvidel vas ya ne v dobryj chas

jueves, junio 29, 2006

LOS CHOCOLATES DEL SEÑOR CONSTANZA


Había una vez una empresa en la que yo, Tacho Camacho, fui “asistente ejecutivo”.

Esa vez, de aquel día que te quiero contar, al final de la mañana, entró la bruja Fredebunda hecha toda una furia.

No entró por la puerta, claró está; lo hizo por la ventana y montada en su escoba, como lo hacen todas las brujas. Aterrizó frente al escritorio de Cristina y, antes de decir cualquier cosa, se acomodó la hermosa melena. Porque Fredebunda era una bruja muy bonita, parecía una actriz de telenovelas.

Después de acomodarse el cabello, Fredebunda pidió a gritos la presencia inmediata de “ese estafador”, el mismísimo señor Constanza, el Magnate De Los Negocios Rápidos, Frescos Y Cuantiosos, tal como él mismo se definía.

Pero antes de seguir, te voy a contar cómo conocí al señor Constanza.

Un día, el jefote (que entonces no era mi jefote) me encontró en la calle pidiendo limosna. Dijo que faltaba algo en “nuestro negocio” y me enseñó a hacer unos malabarismos con unas naranjas.

A los tres días regresó y me preguntó cómo andaba todo. Le respondí que me había ido mejor haciendo trucos en el semáforo que pidiendo por pedir.

Me dijo: “¿Ves? Si trabajas para mí, las cosas salen de mil maravillas”; y luego de yo entregarle un porcentaje de lo ganado aquellos días por concepto de “asesoría financiera”, me ofreció chamba como “asistente ejecutivo” en su empresa.

Yo, que no había quedado muy contento con el desembolso por la asesoría, arrugué la cara y lo pensé dos veces y hasta tres; pero, al final, me dije que podía aprender mucho del señor Constanza, y quizás, algún día, yo terminaría cobrando por asesorías y todo eso. Así pues, me fui con el jefote.

Constanza se metía en todos los negocios y todo lo sabía hacer. Tenía una tarjeta de presentación para cada caso. Una tarjeta podía decir “Constanza, amaestrador de pulgas”, y la otra “Constanza, experto en meteoritos marcianos”.

Unas semanas antes de que la enojada Fredebunda entrara por la ventana, el jefote le había construído a esta bruja una casa de chocolate en el bosque, ese que está al pie de la montaña y en el que se pierden los niños.

Ya sabes para qué las brujas quieren una casa de chocolate. ¡Claro, para atrapar a esos niños extraviados y hambrientos!

Al parecer, Fredebunda estaba buscando un nuevo constructor de casas de chocolate, porque ya estaba harta de los de siempre, que estaban cobrando precios astronómicos.

Así que, buscando presupuestos aquí y allá, fue a dar con el jefote, quien sacó dos tarjetas ideales para la ocasión. Una decía “Constanza, arquitecto”, y otra “Constanza, distribuidor autorizado de chocolates de primera”.

Al unir ambas profesiones, este señor de diente de oro y brillantes bigotes ensortijados, resultó ser el profesional perfecto para esta bruja harta de los altos costos de la vida.

El señor Constanza le dio a probar una barrita de chocolate y la bruja dijo: “¡Maravilloso, excelente!”.

De ese chocolate que el señor Constanza había comprado en la tienda de la esquina, no supe más. Pero sí de las cientos de cajas que el jefe compró a precio de gallina flaca –y disculpan las gallinas flacas, que modelos de pasarela serán-, a una fábrica de chocolates. Resulta que un saboteador profesional, contratado por otra fábrica de chocolate de la competencia, había echado sal, aceite de ricino y sopa de verduras a la coladora principal de chocolates de esta fábrica. Los bombones que surgieron de este sabotaje desleal supieron a mil infiernos. El portero de la fábrica, un rufián que conocía a mi jefote, le paso el dato de que de que había cientos de cajas de chocolates a punto de ser despachadas al basurero. Constanza, que en todo ve un negocio, habló con los dueños y les compró las cajas, a condición de no usar los chocolates para el consumo de los niños y si, en caso tal lo hiciera, que no apareciera el nombre de la fábrica por ningún lado. Ya sabes, para algunos todo lo que importa es el dinero.

Con las cajas y unas fotos que el jefote encontró en la revista para brujas “Arquitectura encantada”, nos fuimos para el bosque, seguidos de siete enanitos que encontramos sin trabajo en una esquina, a los que Constanza llamó “mano de obra calificada”. Yo, por cierto, fui nombrado “asistente supervisor”.

Así, mal que bien, terminamos la casita y, aunque estaba ligeramente más inclinada de un lado que de otro, la bruja la contempló feliz, pues la verdad que nos quedó muy parecida a la de la revista.

Fredebunda que, como ya dije, no era fea, le dio un apretujón al señor Constanza, feliz y de lo más agradecida, como también feliz y agradecido se le veía al jefote entre los brazos de ella.

De la abultada línea del escote, Fredebunda sacó un fajo de billetes que el señor Constanza, amablemente, no contó. Gud bai, o algo así dijo, y todos agarramos el camino de vuelta.

Ya en la ciudad, el jefote nos pagó con unos perros calientes de calle. Los enanitos, que estaban muertos de hambre, ni chistaron. Yo hubiera preferido comer en la pollera de enfrente, donde el señor Constanza sí entró, urgido de un baño, y de la cual salió media hora después, sobándose la panza y con un palillo entre los dientes. Al enenatito que se comió más de tres perros, lo tildó de “abusador”, le dio unos coscorrones y lo hizo a ir a limpiar la oficina al día siguiente.

Una semana después, el señor Constanza ya estaba hablando de mudarse, cosa que no me pareció rara, porque desde que yo trabajaba para él, nos habíamos cambiado de lugar nueve veces.

El jefote decía que él era un hombre inquieto y que, además, yendo y viniendo por el mundo, uno podía encontrar más negocios y ser más próspero. Yo, lo que nunca entendí, es cómo se puede tener prosperidad si no se le avisa de la mudanza a los clientes.

Para cuando Fredebunda estaba frente a Cristina pidiendo ver al “estafador”, ya habíamos recogido casi todas los cosas y estábamos listos para mudarnos al día siguiente.

Y sí, nos mudamos, pero no de la manera cómo el señor Constaza había planeado, y ya te contaré por qué.

Cristina, con su vocecita chillona y antipática, le soltó a la bruja:

-¿De parte de quién?
-¿Cómo que de parte de quién? –preguntó enfurecida la bruja.
-Lo siento, no la recuerdo –respondió inmutable Cristina, y luego repitió aburrida y chocante-: ¿De parte de quién?
-¡Que le diga al estafador de su jefe que estoy aquí! –estalló la bruja.
-No está –dijo Cristina, y se limó una uña.
-¿Cómo que no está?
-No está –volvió a decir Cristina y, antes de que se limara la otra uña, un rayo, proveniente de la varita mágica de la bruja, la pulverizó.

Yo, que lo estaba viendo todo desde mi puesto de trabajo, ni siquiera moví los párpados. No quería llamar la atención en lo más mínimo. Pero Fredebunda no estaba interesada en un niño flaco y feo, sino en cierto señor de bigotes ensortijados.

La bruja le dio un patadón a la puerta de la oficina privada del jefote. La puerta se abrió de golpe y descubrió al señor Constanza con medio cuerpo fuera de la ventana.

Fredebunda volvió a lanzar otro rayo y el jefote salió disparado hacia el interior de la oficina, donde quedó sentado en el piso, frente a la hermosa y enfurecida bruja, todo despeinado, los bigotes achicharrados y la camisa tan quemada que mostraba su enorme panza inflada de pollos.

-Señor Constanza –dijo la bruja-, aunque ya lo sabe, le voy a contar por qué estoy aquí.
-Yo puedo explicarlo todo –dijo el jefote con los ojos convertidos en unos enormes balones.
-Resulta que a los días de usted entregarme la casa, se apareció un niño –continuó la bruja sin prestarle atención al señor Constanza-. El niño arrancó un pedacito de chocolate, lo probó y puso una cara de asco que tendría que haberla visto porque no se la puedo describir. El niño tiró el trozo de chocolate y se fue. Después vino otro y lo mismo. Ahora, según me he enterado, todos los niños de la ciudad no sólo saben que en el bosque vive una bruja en una casita de chocolate, sino que el chocolate de esa casita sabe asquerosamente mal.

-Yo… yo… yo puedo explicarle, es que los de la fábrica me engañaron, de verdad, le juro que… -decía el jefazo.
-¡No me explique nada! –interrumpió la bruja.
-Pero es que…
-¡Pero es que nada! Usted es un tramposo, y la viva demostración de que lo barato sale caro.
-Preciosa señora, yo…
-¡Preciosa señora nada!

Entonces la bruja alzó de nuevo su varita y otra vez le volvió a salir un rayo que cayó sobre el señor Constanza, quien, en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en sapo. Un sapo que se quedó allí, sentadito en sus cuartos traseros, frente a la bruja que ahora se reía a carcajadas del resultado de su hechizo.

Una vez que vació toda su risa y quedó agotada de tanto carcajearse, Fredebunda se montó sobre su escoba, me echó una mirada y dijo:

-Aprende, muchacho, a las brujas no se les engaña -y entonces salió disparada por la ventana.

El señor Constanza llegó dando saltitos hasta el lado de la oficina donde yo me encontraba. En vez de croar, eruptó, y luego lo escuché decir:

-¡Qué tonta esta bruja, venir a convertirme precisamente en sapo!

Ese mismo día, nos mudamos a los alrededores de un castillo y nos instalamos cerca de un estanque. Pasados unos días, una princesita apareció por el lugar y se encontró con mi sapo jefote sobre una hoja del estanque.

Tras unos matorrales, presencié la escena y, una vez más, fui testigo de la astucia del ¿señor? Constanza. En menos de cinco minutos, aquel sapo hablador, convenció a la princesa de que él era un príncipe azul. Ella lo besó y el sapo se transformó. Pero su cambio nada tuvo que ver con la sangre azul de un príncipe, sino más bien con una cola roja y ponzoñosa.

Así es, al sapo Constanza le salió una cola de alacrán con un enorme aguijón que, de inmediato, lo picó en el lomo. El sapo pegó un fuerte alarido, acompañado de un brinco que lo sacó del estanque. El aguijón lo volvió a picar y el sapo gritó y brincó unos metros más allá. Y así fue, una y otra vez, hasta que lo vi perderse en la distancia.

La princesita, deslusionada y triste, también se alejó del sitio. Y yo recordé las palabras de Fredebunda: “A las brujas no se les engaña”.

Te cuento que ahora, cada vez que veo a una bruja, me cambio de acera, aunque nada tenga que temer. Como buen estudiante de primaria que soy, aprendí la lección.

En cuanto al sapo Constanza, supe que anda de gira con un circo, exhibiéndose como el único príncipe azul del mundo que tiene la maldición más terrible de todas: haber sido condenado a ser un sapo-alacrán que se picará a sí mismo para siempre jamás.

lunes, junio 26, 2006

sábado, junio 24, 2006

SINSESO SALIÓ A BOTAR BASURA

Sepan lo que le pasó a Sinseso ayer. Resulta que nuestro querido amigo se encontró con que se le estaban acumulando las bolsas de basura en casa, y ya era hora de botararlas. Su mujer estaba de viaje, y él, como buen varón domando actúa sólo bajo sus órdenes. Pero ya eran demasidas bolsas en el rincón del lavandero y le preocupaba que su hijo Joaquín fuera a enfermarse por culpa de su negligencia.

Así que Sinseso salió a botar la basura. Estaba en interiores y con una franela que no sabía cómo carrizos había llegado a su casa y que decía POR AHORA (la usaba mucho porque era fresca, liviana). Como era sábado en la tarde y el bajante quedaba ahí mismo, no le dio importancia a su facha, abrió la puerta y subió las escaleras, vía el bajante.

Mientras arrojaba la segunda bolsa, escuchó que la puerta de su apartamento se cerraba. Tardó unos segundos en comprender. Unos segundos en los que se quedó como un robot desconectado con la bolsa en la mano. ¿Qué había pasado? Simplemente que su hijo Joaquín, que ya tenía un año, que caminaba y además tenía la manía de cerrar todas las puertas, le había dado por cerrar ésta. Y claro, Joaquín sabía cerrarla, pero no abrirla. Así que Sinseso tardó unos treinta segundos en comprender, pero al final lo vio todo clarito: se había quedado fuera de su apartamento, en interiores, con una franela que decía POR AHORA, y su hijo estaba adentro, absolutamente solo. Cualquier cosa podía pasar.

Presa del pánico y olvidando la vergüenza, Sinseso bajó hasta donde la conserje, la cual pegó un grito y cerró su puerta al verlo. Sinseso insitió y le suplicó que llamara a los bomberos (un cerrajero tardaría demasiado), que su hijo se había quedado dentro de su apartamento y él, su padre, afuera y sin llave.
Pasados quince minutos llegaron los bomberos con su parafernalia y su corneta escandalosa. Todos los vecinos del edificio salieron a averiguar qué pasaba y terminaron viendo a Sinseso en interiores y con aquella franelita. Muchos lo miraron feo (los que se fijaban en la franela), y alguna que otra dama madura con cierta lubricidad (las que miraban el bulto.)

Cuando los bomberos abrieron la puerta, Sinseso pegó una carrera y encontró a su Joaquín en el baño. Todo el papel higiénico estaba regado por el piso (el usado y el sin usar), y Joaquín jugaba de lo más feliz con el agua de la poceta. Al llamarlo, el chiquitín volteó y se sonrió. A Sinseso, aquella sonrisa, le devolvió el alma al pecho.

***


Moralejas varias:

* Siempre lleva las llaves de tu casa contigo cuando vayas a botar basura.

* No salgas en interiores al pasillo, no vaya a ser que una vecina fea te bucee.

* Usa franelas ovejita sin frases politiqueras.

* Y no te olvides de bajar la poceta siempre que la uses, si no quieres que tu hijo termine jugando con un submarino. ¡Asco!

Madredeus (Vem)


Vem
Come to me
O Espírito da Paz

Vem
Além de toda a solidão
Perdi a luz do teu viver
Perdi o horizonte

Está bem
Prossegue lá até quereres
Mas vem depois iluminar
Um coração que sofre

Pertenço-te
Até ao fim do mar
Sou como tu
Da mesma luz
Do mesmo amar

Por isso vem
Porque me quero
Consolar
Se não está bem
Deixa-te andar a navegar

viernes, junio 23, 2006

CUANDO ME ABURRA DEL JET SET

Cuando sea billonario como Bill Gates, cuando tenga tanto pero tanto hastío que llegue a pensar en comprarme un equipo de futbol –yo, que no soy gran fanático del "poético" y "aguerrido" deporte-, contraré no a un entrenador para que dirija mi equipo, sino a un comentarista de televisión. ¿Qué uno? ¡Dos comentaristas de televisión! Porque esos sí que saben qué es lo que hay que hacer sobre el campo. Y si son del cono sur, más todavía.

jueves, junio 22, 2006

DIABLO VIEJO


Maiki, pegado al techo, descarga su metralla sobre mí.

…salta pues salta me dijo el tipo y sonreía no paraba de sonreír como si no tuviera boca y en su lugar hubiera como que una sonrisa tatuada y yo me le quedé mirando ahí de pie sobre la silla en el balcón yo era el diablo estábamos en una rumba en lo de Claudio y yo le había dicho a todo el mundo que yo era el diablo que estaba ahí para retarlos no para tentarlos la tentación es como que cualquier vaina el reto es más fuerte más de trance espiritual mi bro el reto es decirle a la gente lo que es ¿me explico? el diablo es como una luz su verdadero nombre al principio de los tiempos era Luzbel el que le dio y le da a los hombres el intelecto la capacidad de interpretar el mundo ese fuego que Dios le negó ¿me entiendes? Luzbel es así como que durísimo así finísimo y hace que los hombres despierten y despertar es duro mi bro por eso cuando yo le muestro a la gente la Gran Verdad la gente como que se caga ¿ves? yo soy un pobre carajo de Chuao pero tengo esta vaina por dentro esta luz este poder yo lo he trabajado una vez me encontré con unos sabios unos tipos poderosos que vinieron de Europa buscando a la gente a los que tuvieran el don y un día me encontraron y me lo dijeron y yo me cagué pero lo asumí y ahora estoy en esta lucha por evolucinar y diciéndole a la gente lo que tienen que saber aunque se caguen como tan cagados estaban todos cuando me subí a la silla y les grité que me iba a lanzar por el balcón pa´bajo y entonces vino Claudio sí Claudio estuvo antes de aquel tipo y me dijo que me calmara y yo más allá del bien y del mal insulté al pana en su casa en su propia casa porque así es la fuerza espiritual que llevo por dentro ¿me explico? una vaina así dura mi bro que no se detiene ante nada así durísima porque más importante es la misión que me tocó así nadie me entienda aunque Claudio sí Claudio es un tipo como que evolucionado él y yo hemos conversado y esas conversaciones nuestras están en las letras de su banda son letras oscuras y llenas de poesía pero duras verdaderas y por eso porque Claudio sabe cómo es todo se quedó tranquilo me mandó para el carajo me dejó y siguió en lo suyo, ¿ves mi bro? le dijo a la gente que no pasaba nada y yo me quedé ahí sobre la silla como que mirando el vacío y ahí fue cuando apareció aquel tipo y me dijo salta pues salta y yo tenía la sospecha de que si me lanzaba iba a caer en algo blando el mundo era de ladrillos blandos en ese momento ¿me entiendes? porque yo hace tiempo que aprendí a pasar las puertas de la percepción como Morrison ¿me explico? pero hay gente que no sabe nada gente que vive para burlarse de la sabiduría de lo espiritual como ese tipo que seguía ahí con su sonrisa como que tatuada parecía una mujer de mentira un tranformista de la Libertador así de feo y tal y entonces me arreché me bajé de la silla y me planté frente a él y le dije a mí nadie me manda yo soy un diablo viejo y el tipo sin dejar de sonreír dio media vuelta y entró a la sala y yo lo perseguí yo estaba como que dispuesto a darle un par de coñazos, pero el tipo pasó entre los cuerpos y llegó hasta la puerta que estaba abierta y salió se fue no lo vi más no lo he vuelto a ver al cabrón ese pero yo lo sigo esperando porque ese tipo y yo tenemos algo como que pendiente algo así durísimo a nivel espiritual y todo ¿me entiendes…?

Así me va diciendo Maiki, deambulando cual bicho enfermo, rasgándole los bordes a la mesa, eléctrico y con mala memoria. Porque yo te podría decir cómo fue en realidad ese final, podría hablarte de su silencio, allí, sobre la silla, lleno de pavor y de lucidez, podría contarte que no se bajó hasta que yo me fui, que no me dijo nada, nunca me dijo nada, pero no, mejor te dejo la historia hasta aquí, mejor no entramos en detalles. Sólo te digo que Maiki tiene mala memoria, que esta madrugada tampoco me ha reconocido, que una vez más ha olvidado quién soy. Eso me divierte, y mientras él descarga sus balas de salva, yo canto bajito esa canción de Charly que casi nadie conoce, pero que a mí me encanta.

martes, junio 20, 2006

Robot chicken

lunes, junio 19, 2006

El nombre


Una manaña, Vicentico llegó a su trabajo, y el primer compañero con que se encontró lo llamó por otro nombre.
-Buenos días, Raúl –le dijo el individuo.

Vicentico dejó pasar lo que consideró un descuido del compañero y siguió a su puesto de trabajo. Poco después, otro compañero de trabajo también lo llamó Raúl. Y así, en menos de media hora, todo el mundo lo había llamado por ese otro nombre.
Vicentico pensó que sus colegas habían tramado una componenda con el fin de pasar un buen rato a costa suya, y se quedó tranquilo, con la esperanza que su indiferencia bajara la intensidad de la mamadera de gallo. Pero ya al final del día, al notar que le seguían deciendo Raúl, decidió darle un parado al asunto.
-Muchachos, ya está bueno ya –dijo poniendo cara de hombre serio.
-¿Bueno de qué, Rául? –preguntó alguno.
-Ya está bueno de llamarme Raúl –replicó él.
-¿Y cómo quieres que te llamemos? –quiso saber otro.
-Como yo me llamo, Vicente.
-Okey, está bien –dijeron todos y, al verlo tan alterado, se hicieron los locos y se fueron alejando.

Vicentico, harto del asunto, se fue para su casa. Al llegar, su mujer le dio un beso y le dijo:

-¿Cómo estuvo tu día, mi Raulito?

¡Ah, carajo, pero es que su mujer también! Y si no fuera porque en su trabajo todo el mundo lo había llamado por el mismo nombre, hubiera pensado que su señora… ¡No, no podía ser! ¡Mucho menos tratándose de ese nombre…!
Aguántandose las ganas de caerle a pescozadas a su mujer, Vicentico fue a encerrarse al baño. Allí, sentando sobre la poceta, abrió su cartera y sacó la cédula.
Y bien, allí estaba su foto, la misma foto de siempre, y su número de identificación, el mismo de toda la vida. Y sus dos apellidos también eran los mismos, sí. Pero ya adivinarán, ¿verdad? Sí, su nombre, su nombre no era su nombre, sino el que ya sabemos. Pero esto no fue lo peor de todo, pues cualquiera podría vivir de la noche a la mañana con otro nombre. Lo que realmente fue horrible, lo que realmente parecía una broma pesada armada por Dios y el Diablo en desigual confabulación contra su pequeña existencia, fue que aquel Raúl que tanto le achacaban era el nombre de su peor enemigo.

miércoles, junio 14, 2006

Cara de orgasmo público

-¿Y que pasó con él? Si se veían tan felices.
-Ay, chica, como ya sabes, él era bello, fiel, amoroso. Era perfecto, pero cuando tocaba la batería, ay no, cuando tocaba la batería pasaba algo que... No sé, el ponía esa cara... Alzaba la cabeza, abría la boca, cerraba los ojos y así se quedaba por unos segundos. Y yo al principio intenté, te lo juro que intenté, amiga. Hasta quise pensar que su cara era muy cómica, como de muchachote gafo o algo así. Pero cada vez se me hacía más difícil soportar ese rostro. Y un día... un día llegué a reconocerlo, a ubicarlo en otro momento. Y es que era horrible verlo poner esa cara en público, esa cara que tantas veces en la intimidad estuvo sobre mi cuerpo. Y sabes que cuando estás excitada, cuando estás en eso, las cosas son diferentes y tienen su gusto, su razón de ser. Y esa cara de él, en ese instante, se justificaba y era divina. Pero cuando la sacabas de allí, y la ponías sobre un escenario y delante de un público, era algo espantoso. La cara que tantas veces amé, la cara enamorada, de goce sexual, estaba exhibida como en un museo mientras él tocaba batería, impúdica, asquerosa, atroz. Y yo no podía soportar la nauseas, las ganas de vomitar, de salir corriendo. No pude seguir, amiga, no pude con su cara de orgasmo público, y tuve que terminar la relación... Para siempre.
.

lunes, junio 12, 2006

Bajando pantaletas



Un nuevo negocio ha abierto sus puertas.

www.hermanoschang.blogspot.com

...

Amo a las gemelas chinas

las amo:
sus caderas achatadas
sus coñitos rasgados
sus pies de porcelana...

amo a ese par de putas siamesas
comparten
salidas de emergencia
entradas a galope
las trompetas y los tambores

extraña postura
siamesas que se dan la espalda

nunca se
si es el coño de la una
o el culo
de la hermana

Andreas Kartak (Jass Jass)

EL SALDO URBANO

En alguna parte de este libro, se halla el Round del ascensor.





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domingo, junio 11, 2006

Una tarde blanda




Vamos ajenos de mundo
navegando el coche
en silencio.

Joaco da un suspiro
cierra los ojos
y suelta la cola del pez traslúcido con pecesitos en su panza.

Arriba
un río fluye a través del ramaje
el viento.




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viernes, junio 09, 2006

TEN CUIDADO CON LA CUCARACHA (VOLADORA)

El día que murieron todos los hombres, el día que la tormenta de mil bombas de protones dejó en escombros el planeta, ese día, brotaron de la capa de humo gris que cubría el mundo, las cucarachas. Las resistentes y pulcras cucarachas, sobrevivientes ancestrales de planeta.

Poco después (dice uno “poco después”, pero el tiempo ya no tenía sentido), aparecieron las naves espaciales, de las que bajaron unos seres de seis patas delgadas y espinosas, con alas que le cubrían el abdomen y dos largas antenas. Eran cucarachas muy similares a las periplaneta americanas, pero de dos metros de altura y vestidas con sofisticados trajes de látex plateado. Eran pues insectos extraterrestres que habían alcanzado el más alto grado de evolución en alguna otra parte del universo.

Estas periplanetas alienígenas, tomaron a un grupo de cucarachas terrestres (las más fuertes, las más agresivas) y las sometieron a complejas microcirugías genéticas. Una vez recueperadas de las operaciones, las cucarachas terrestres comenzaron a actuar de un modo distinto. Se comunicaban entre ellas telepáticamente, andaban en dos patas, echaban chistes buenísimos, construían utensilios y comenzaron a adorar a las cucarachas siderales, que ahora eran cucarachas dioses.

Al cabo de cientos de años, la configuración genética de las nuevas cucarachas inteligentes se regó por todo el planeta (“se regó” es un eufemismo para decir que la vaina era un tiradera… como siempre ha sido y será).

Pasados mil años, las nuevas cucarachas eregían pirámides y esfinges con caras de cucarachas. Un tiempito después inventaron las computadoras y el avión supersónico (eran muy pero muy inteligentes, más que los humanos, cuya existencia, por cierto habían olvidado por completo).

Y hablando de humanos, podríamos concluir de esta historia un algoritmo filosófico (¿algoritmo filosófico?) más que evidente. Ahí se los dejo:


En cualquier mundo civilizado las razas dominantes serán siempre las razas consideradas más cochinas, feas y despreciables en la extinción inmediata anterior.

¿Cómo les quedó el ojo?
He dicho.

lunes, junio 05, 2006

TALLER DE ESCRITURA DE CUENTOS


La escritora María Celina Núñez, autora de varios libros de cuentos y de crítica literaria, dictará a mediados de junio un Taller de Escritura de Cuentos de tres meses de duración. Será una sesión semanal de dos horas. El lugar es Santa Eduvigis a unas cuadras del metro de Parque del Este. El costo es de Bs. 60.000 mensuales. No se cobra inscripción. Para mayor información escribir a mariacelina00@cantv.net

jueves, junio 01, 2006

El diablo (lectura criolla del arcano)




"Negra se le ve la manta,
negro el caballo también;
bajo el negro pelo'e guama
la cara no se le ve.
Pasa cantando una copla
sin la mirada volver"

...

"qué tenebroso el camino
que nunca desandará,
sin alante, sin arriba,
sin orilla y sin atrás."

....

Lanza tu carta a ver qué te sale.