viernes, abril 28, 2006

LOS TRABAJOS DE PINKERTON


Allan Pinkerton, un señor tan serio, tan de bigotes y barba, tan metido en asuntos de Alta Seguridad de Estado y tan peligroso –porque peligroso debió de ser-, jamás imaginó que la terrena empresa que fundó terminaría formando parte del imaginario universal de la literatura, del cine y de los cómics, aquellos antojos del espíritu que en su grado más puro siempre le llevarán la contraria a todo lo considerado como correcto y socialmente establecido por la Seguridad del Estado aquel.

¿Qué hizo Allan Pinkerton para merecer tal honor? Nada, podríamos decir que nada ex profeso. Pero es que uno nunca sabe para quién trabaja, dice el dicho dichosamente.

Pinkerton, por supuesto, sabía que trabajaba para los poderosos, pero nunca imaginó, ni siquiera en sus más remotas pesadillas que trabajaría, por ejemplo, para la disidencia, para inocular venenos, regalar deleites y montar batallas del espíritu el día que fundó su empresa, la Pinkerton´s National Detective Agency.

Originario de Escocia, quizá Pinkerton tomaba escocés proveniente de los barriles que fabricaba y de los que vivía, cuando tuvo que huir de su tierra natal y de aquellos soldados que lo hubieran arrestado por insurgente (paradójico, ¿no?), si un amigo no le hubiera avisado a tiempo, pues a sus veintidós años, por aquellos años, Pinkerton andaba metido a Cartista, y reclamaba igualdad de derechos en una tierra desigual en un Reino Unido tan la fuerza y contra la voluntad de muchos. Total, que Pinkerton huye a Canadá y, después de un naufragio y una aventura con indios malandrines ladrones de anillos matrimoniales, llega a la autodenominada tierra de los sueños, por allá por los Estados Unidos de Norteamérica, donde siguió ejerciendo de barrilero en Chicago, y luego un poco más allá, más hacia tierras inhóspitas, donde era recomendable andar armado y ojo avizor.

Y así el devenir, Allan descubrió que en una isla que se suponía deshabitada alguien habitaba. Tras los rastros de monte pisado, se fue el intrépido barrilero y avistó de lejos a quienes allí moraban: nada más y nada menos que unos falsificadores de billetes que azotaban la región. Pinkerton, que era audaz pero no tonto, se dio media vuelta y terminó frente al sheriff de la zona. Juntos fueron a capturar a los bandidos. Al quinto día, de noche, Pinkerton descolló por su arrojo en la exitosa emboscada donde los malos cayeron sin ofrecer resistencia.

Así, picado para siempre por el zancudo de la adrenalina de los meros machos, Pinkerton se ofrecería a atrapar al jefe de la banda (a cambio de algún dinerillo, claro está), jefe que como todo autor intelectual inteligente no se había dejado capturar aquel día que capturaron a los demás. Después de varias estratagemas, dignas de un agente encubierto de nuestros días, Pinkerton logra engañar a aquel evasivo jefe de apellido Crane, un exitoso empresario de la zona, que terminó sentado frente a Pinkerton, cerrando un trato ilegal -y falso- que lo llevaría a prisión. Entonces empezó la carrera de Pinkerton como hombre de ley, con todas de la ley, convirtiéndose pronto en el agente más efectivo de la ciudad de Chicago, a la que regresó luego de haber capturado a Crane. Más adelante, en vista de su buena fama en el oficio policial, nuestro hombre en Chicago renunció y montó su propio negocio: una agencia de detectives privados. No fue la primera, claro que no, ya el gran Vidocq lo había hecho en Francia unos veinte años atrás. La diferencia entre uno y otro: Pinkerton tenía una conciencia comercial y publicitaria adecuada para un país amante de las frases vendedoras y los logotipos (Vidocq también se supo vender, pero vivía en una Francia menos propensa a los embrujos de los publicistas).

Pinkerton sabía de espejitos deslumbrantes, y creó un logotipo y una frase que harían historia: Un ojo y debajo del ojo: “We never sleep”. De aquel ojo, saldría el término Private Eye – P.E., jugando con la fonética de las siglas P.I. del Private Investigator, y que se haría célebre en el mundo y en la literatura. Pero esto es apenas el principio.

Pinkerton, que sabía moverse, se hizo de buenos, o más bien digamos, poderosos amigos, entre las que se encontraban los dueños de los ferrocarriles que estaban recorriendo y fundando a diestra y siniestra una nación, y nada más y nada menos que el Presidente Lincoln, a quien salvó de un intento de asesinato, a través claro está de sus agentes encubiertos y otros truquillos por el estilo. Gracias a esta amistad agradecida, Pinkerton también tuvo que ver en la Guerra de Secesión, donde sus hombres anduvieron de espías, sirviendo así de antecedente al FBI de aquel moralista gay cuyo nombre evitamos y la CIA de aquellos senadores dueños la Banana Fruit Company.

Así que, de cierto modo, todas esas novelas y películas de espionaje que hemos disfrutado se las debemos a Pinkerton en gran parte. El famoso cartel de WANTED, ese de las películas de vaqueros y de las comiquitas de Bug Bunny, es algo más que también le debemos a Pinkerton y a su agencia. Un detalle sublime y una historia fenomenal. Pues el cartelito surgió de la relación de Pinkerton con las poderosas compañías de ferrocarriles, cuyos trenes, una y otra vez eran asaltados por la banda de los hermanos Jesse y Frank James o por la de Butch Cassidy y Sundance Kid, ésta última conocida con el inolvidable apodo de la Wild Bunch. Los hombres del viejo Pinkerton hasta en Latinoamérica estuvieron detrás de Cassidy y Kid, pisando pampas argentinas y los andes bolivianos, donde se dice dejaron la vida los inmortales forajidos.

Pero con esto no basta, pues muchos años después, un agente, un investigador privado de la Pinkerton, se cansaría de la calle, o se vería obligado a salirse de ella por manejos oscuros que no han quedado en claro, y se encerraría a escribir historias que tenían que ver con el crimen y sus asuntos. El agente trasmutado a escritor se llamaba Dashiell Hammett, y se convertiría en uno de los grandes maestros de la literatura policíaca. Su aporte: una escritura breve, cruda, un tipo de detective rudo y descreído, el famoso hardboiled que Hammett no crearía pero terminaría de definir, y unas historias finalmente puestas en la calle sucia y traidora, la calle de la que Hammett había salido, y menos mal, pues puso la calle y sus historias criminales en papel, convertidos en genial literatura, divertida y verdadera de un lejano 1929.

No es poco lo que nos legó el viejo Pinkerton, no es poco el imaginario que salió de su mente, no es poco su aporte a mi divertimento. No sé al tuyo, lector, no me interesa. ¡Ah, esa rudeza también la heredamos de Allan Pinkerton!

jueves, abril 27, 2006

aVocalipsis


-¿Pero.... pero qué hiceste, hermano Z?
-Mate a al hermano Y, mi estimado X.
-¿Te volviste loco?
-!Ay, no le pares!, acusaremos a los Otros.
-Ya no hay Otros, acabamos con todos. Quedábamos nosotros tres.
-!Qué vaina! Bueno, entonces tú trendrás la culpa.
-¿Qué? !Oye, espera!


-Pero es que esta gente que está en contra del Gobierno Soberano es una vaina seria.

miércoles, abril 26, 2006

CUIDADO


Y si ves a la gente reunida en pequeños grupos, y si están en las zonas de seguridad o no, y si están en todas partes, si parecen estar compartiendo información o alguna otra cosa. Ten cuidado, ten mucho cuidado. Pueden estar conspirando. Pueden estar planeando secuestros, asesinatos clericales, falsas maniobras militares extranjeras y monstruosidades varias. Ten cuidado, ten cuidado, que pudiera tratarse de una Conspiración Mundial.

martes, abril 25, 2006

Killer Joe 2



Y como por no dejar, miró bajo la cama.
Allí encontró la cabeza que le faltaba.

Un sueño


Anoche mi papá me regaló un hermoso sueño.

Yo tenía unos quince años y él también era más joven. Caminábamos en una gran explanada, y vimos al fondo lo que se nos antojó la popa redonda de un barco que mostraba una enorme quilla, pues la nave parecía flotar o pender de algunas amarras en lo alto de un techo invisible. Ya más cerca, descubrimos que aquello no era un barco, sino la cola de un cachalote más grande que la misma Moby Dick. Seguimos avanzando y nos encontramos con una barrera, que parecía ser de yeso y que consistía en una secuencia de láminas lisas y blancas. Nos dimos cuenta que la franja continuaba paralela a la cola del cachalote. Comenzamos a seguir esa ruta y notamos que la cola se unía al gran cuerpo del animal. Luego vimos su cabeza soberbia, majestuosa. Del otro lado de la barrera, se alzaban ondulaciones que brillaban como diamantes azules. Eran olas talladas en algún cristal o en hielo, que se movían a manera de ondas de utilería, acompañadas de un poderoso sonido de tormenta. El efecto, sin embargo, era notable, muy real, alejado de la tramoya teatral. Sobre aquella olas, navegaba una tropa de pequeñas embarcaciones también blancas. Eran como pequeños remolcadores. Llegamos a un punto donde la barrera se abría hacia un puente y hacia la borda de una de esas embarcaciones. Allí el lecho falso había sido substituído por agua de mar, que se sacudía iracunda contra el compacto remolcador. Papá y yo decidimos pasar a la proa a pesar de la agitación de la pequeña embarcación. Sin temor alguno, llenos de confianza, nos sujetamos de las partes sobresalientes de la cabina de mando y nos movimos a lo largo del estrecho pasillo. Llegamos a la proa. Nos asomamos al borde. Contemplamos el horizonte. Frente a nosotros se erguían los glaciares de la Antártida y un cielo de cobalto rasgado de largas formas de luz detenida. Arriba, un grupo de niños jugaba sobre la cabeza del cachalote. Alguien nos llamó al fondo. Era mamá; también joven, hermosa, alegre. Nos dijo que entraramos, que ya era hora de comer. Papá me dio una palmada en el hombro. Volteé a mirarlo. Sonreímos. Éramos felices...

Te extraño, mi viejo...

lunes, abril 24, 2006

"A ver, demuestra lo que sabes acerca de..."


(A propósito de una conversa de fin de semana)


"El talento en Venezuela (y tal vez en cualquier parte) lo quieren tratar como a los cristianos en el circo de Roma, con el suplicio. Debe pagar el hecho de usar la cabeza para algo distinto a dar topetazos, acción ésta más democrática. Lo que los verdugos del talento ingoran es que uno de sus atributos es la resistencia. Son roedores esos verdugos, sí, como ratones contra un templo de piedra. Se oye, sin duda, la impotencia de sus dientecillos, que es el único ruido que hace la impotencia".

Eleazar León.

INSTIGACIONES.

viernes, abril 21, 2006

Por encima del cristal


Este tercero no tenía mucho que ver conmigo. Pero me asomé. Recién llegué y me asomé. No sé muy bien por qué lo hice.
Volví a ver la misma no-expresión que había visto ya dos veces. Esa máscara vacía, como si tuviera un velo sobre ella, como si una delgada capa de aquel antiguo éter traspusiera, delimitara, desenfocara. Fue como mirar a Ofelia apenas sumergida.
Me habían dicho que tenía "problemas". Quizá fue por eso. Quizá me acerqué a ver cómo era el rostro de alguien que había tenido "problemas".
Fue casi una decepción. No encontré un solo rastro de aquellos "problemas" que tuvo en vida.
Sí, me incliné buscando quizás morbo, y sólo encontré una vez más el horror del último espejo.
Bien hecho, para que aprendas.

Como un dolor de muelas

Como si llegaran a buen puerto mis ansias,
como si hubiera donde hacerse fuerte,
como si hubiera por fin destino para mis pasos,
como si encontrara mi verdad primera,

como traerse al hoy cada mañana,
como un suspiro profundo y quedo,
como un dolor de muelas aliviado,

como lo imposible por fin hecho,
como si alguien de veras me quisiera,
como si al fin un buen poema me saliera...
una oración.

Como si la arena cantara en el desierto
los cantos de sirena del mar Muerto,
como si para crecer sobraran las escaleras,
como si escribiera un ciego un libro abierto.

Ven a poblar el zócalo de ojos,
siembra de migas de pan caliente
mis canas de alcanfor adolescente.

Ponle al sordo voz y alas al cojo,
bendice nuestro arroz, nuestro minuto,
como si no fuéramos cómplices del luto...
del corazón.

Joaquín Sabina

lunes, abril 17, 2006

PEQUEÑAS ENERGÍAS APROVECHADAS


Una vez que hubo pasado el berrinche del niño, ya en la fase del puchero con gimoteos, la madre se acercó a consentirlo, a mimarlo, a limpiarle los lagrimones que aún le colgaban de las mejillas. Pero el niño apartó las manos adultas y dijo:

-Mami, no me quites las lágrimas, que aún las estoy usando.

miércoles, abril 12, 2006

HOY EN LA TRATTORÍA DE LOS HERMANOS CHANG


Amigos, hoy la trattoría nos presenta como plato fuerte unos deliciosos Recuerdos Menores, cachapa con queso de mano, pero en chiquito.
Su autora: María Graciela Bastardo.

martes, abril 11, 2006

Mi mini Ipod



A todos los detractores del Ipod, lo siento, lo siento muchísimo. Yo no sé qué razones tengan Uds. Bueno, sí, las he leído por ahí, y puede que esté de acuerdo o no, queridos amigos. Pero yo tengo un Ipod, y le saco provecho, mucho. Yo uso mi Ipod para apartarme de este mundo cruel y estúpido. Y cuando no lo hago, mis panas, ¡qué mal me siento! Todos los días me monto en un ascensor que ustedes no tienen idea. ¡Dios, qué cochambre de mundo! Vamos todos apretujados y, para colmo, el ascensor se para en cada piso. He de acotar que yo trabajo en PH. Hoy, por cierto, un viejo idiota marcó varios pisos. Hermanos, hermanos del alma, cada mañana en ese ascensor me jode la existencia. Hermanos, hermanos del alma, no saben ustedes el bien que me hace el Ipod, el bien que me hace separarme de tanta cara pusilánime, el bien que me hace escuchar la música que a mí me gusta, encerrarme en mi burbuja, olvidar que hoy es un 11 de Abril de mierda, que los maguilas del mundo siguen mandando, que la gente muere en cada esquina y que en los maravillosos blogs de la blogesfera venezolana abunda la frase trillada de PROHIBIDO OLVIDAR, como si esa vaina fuese lema de los más original y guerrero. No, mis panas queridos, yo estoy bien con mi Ipod, mi Ipod me salva la vida y me permite seguir un día más, con Glovisión o sin ella, con Venezolana de Televisión o sin ella. Por las noches, sueño que estoy en una convención de vendedores de curitas ambulantes, que tocan tu puerta, tu timbre y tu ventana también, y que afuera, los muertos se levantan de sus tumbas y se llevan al Infierno a los asesinos, a los mentirosos, a las garrapatas del poder. ¿Por qué carajos no puedo olvidarme del mundo un instante con mi Ipod? El fin es sobrevivir. El medio, mi decente mini Ipod descontinuado. Tampoco se crean...

lunes, abril 10, 2006

DIABLA VIEJA



Eufronsina siempre fue mala. Pero la edad la ha hecho maléfica. Ahora, con setenta años, y su supermemoria es más mala que nunca.

Sus presas preferidas son los jóvenes. Los jóvenes, todos, que piensan que se la saben todas. Pero la que se las sabe todas es ella, por vieja, claro está.

Una de sus trampas preferidas la perpetra con su nombre, que como ya nos hemos dado cuenta, es harto difícil. Veamos...

Eufronsina va por la calle y se encuentra con la hija de una conocida. Eufronsina, que recuerda su nombre, la para y la saluda.

-¡Hola, miiiija!

La muchacha la reconoce, pero por la expresión de su rostro, Eufronsina sabe que la muchacha está tratando de recordar su nombre.

-Hola... señora... ¿cómo está?

-Bien, mi amorcito, gracias. Tú eres Carina, ¿no? La hija de la Titi Maldonado.

-Sí, soy yo –confirma la chica con sonrisa de oreja a oreja.

-¿Te acuerdas de mí? –pregunta Eufronsina muy tierna, muy abuelita.

-Claro que me acuerdo, por favor –responde la muchacha.

-¿Sí te acuerdas?

La muchacha duda, pero responde:

-Sí... claro que me acuerdo...

-Bueno, a ver, ¿cómo me llamo?

Boquiabierta, la muchacha no tiene respuesta, balbucea.

-A ver pues, ¿cómo me llamo?

La chica aprieta los labios, zapatea, mira inquieta a los lados, se le empozan los ojos.

Y Eufronsina disfruta, disfruta de su suprema maldad.

domingo, abril 09, 2006

Solidaridad zoolander


Estaba escrita la palabra LUTO sobre el vidrio trasero. Era una camioneta enorme, último modelo, pulidísima, vidrios ahumados y rines de yo no sé qué cosa. Pero nada de esto importa. Lo que era realmente extraño era que a pesar de la palabra, a pesar de su más que clara solidaridad con el trágico hecho nacional, de la camionetota, de sus super cornetotas, por encima y a través de la gorrita Ferrari, la sonrisa de papitomirey y los anteojos oscuros enmarcados en la ventana del conductor, brotaba un sonoro, alegre y despreocupado reggetón. A todo volumen, a todo lo que daba.