martes, enero 17, 2012

Un perro dulce cruza la avenida




y sigue su camino hacia el fondo
de una esquina vacía
donde su trote se desdibuja,
su cola, su cuero seco,
sus huesos de alabastro.
A punto ya de no ser
despojo y abandono
en lo espeso del olvido
voltea y recuerda
el mundo que deja atrás
los juegos, los parques,
la hierba, las hojas bajo sus patas
rescostado junto al banco
donde ella lo acompañaba,
los niños en los columpios
las miradas, las caricias,
las sábanas prestadas en la casa falsa,
y la sonrisa en el hocico
que no está hecho para sonreír.

Pobre perro dulce que alguna vez
se creyó humano.

1 comentarios:

Ophir Alviárez dijo...

Ya sé que bello no aplica, pero qué bello...

Ophir