martes, enero 31, 2012

Esas tardes cuando todo culmina





y el cuerpo desciende de las amarras,
sobre la silla pide reposo
y las manos, todavía rígidas
buscan en la nuca el mar
y ya no el escritorio el teléfono la nada

tardes de grillos, de oleajes como afectos
donde la furia por las costas del mundo
marca llena de nudos la retirada

tardes de soledad bienvenida
mástil, vela que suena a viento
pasos en cubierta, pocos y sin prisa

tardes de barco que toca muelle
de gaviero que piensa en plazas
en un banco con raíces y ramas
y él sentado, curtido en sus arrugas
agradecido en la mirada
que el grandor contempla

tardes de claraboya, de sombra y sábana
un quieto vaivén, un pez sin carnadas

tardes en que te pienso
y sé, sólo sé
que estaríamos mejor
a bordo, sobre la cama.

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