
Hay dolores que quizás debamos agradecer,
golpean en la espalda, nos sacan alas
como partos de puñales en las vértebras
y nos hacen saltar al abismo de la realidad
espejos que delatan nuestro pasado
lo que no queremos ser
nunca más.
Cristales rotos
de nosotros mismos
quizás hagamos bien con abrazarlos
como se abraza a un padre
o a la mujer que se ama,
y sólo pensar en el futuro
de un corte sanado.
Es cierto,
se perdona, no se olvida
pero se agradece.
1 comentarios:
¡Qué belleza!
Hermoso poema, Fedosy.
Un abrazo
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