
que a cuatro manos
y dos pieles forjamos
el cajón de mi muerte
de la tuya
de la nuestra
una puerta sellada con palos
de los más fuertes brazos
que nunca pensamos
ver derramados
una cruz sin tercer día
sin cielo sin reino
una cama gélida
abandonada
como una ciudad
tras la hecatombe
una balsa pequeña
sin mástil
y sin embargo
no alcanzó para los remos
ahora el columpio
una tabla salvavidas
ahora las cuerdas
nudo en la garganta.
Aquel árbol
que era este templo
estas ganas
este gran nido
aquel árbol perdió su sombra
ya nadie lo sueña
ya pájaros no acoge
perdió sus alas
y sus ojos...
o sus hojas
es lo mismo.
2 comentarios:
(Faltaron los remos... entonces ¿cómo avanzar? Insisto, dejarse amar)
Hermoso...
K. Puleto
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