sábado, diciembre 31, 2011

222, viñeta 1




El cuarto está lleno de sombras de pájaros, algunos quietos, otros que aletean. Reposa la tarde sobre la cama anónima, vacía y desordenada, muerta. Muerta porque del vacío y del caos sólo queda una quietud etérea muy cercana a la muerte, a una confortable muerte. Él escribe y recuerda a la muchacha. Ella es quizás una de esas sombras de pájaros en las paredes de su habitación, una de las estáticas, casi tímida. La imagina afuera, en la avenida, dándole la cara a la multitud que la admira. Sobre la ola de fanáticos, un poderoso foco de luz, el foco de la fama. En la penumbra del cuarto, sin embargo, su sombra proyecta lo que es en realidad: un ave frágil dada a los aspavientos. La rememora inquieta en su excitación, como si saltara sobre la grama, buscando sustentos, moviendo la cabeza, arriba y abajo, en realidad entre sus piernas. La recuerda también unos minutos antes, echada en el sillón, una teta afuera y con una botella en la mano, cargada de coraje y de ternura. Era una pájara brava llena de valentía, sí, y esa valentía tenía algo de inocencia, de ternura, de tontería. Los valientes pueden ser tontos. Pero al final, él, que es un patán, terminó viendo a la chica coraje, a la chica famosa, haciéndole un buen trabajo en la entrepierna, allá donde se mastica la delicia. El corazón y la voz de ella eran leyenda. Pero él no quería el sonido de la voz. Él quería los labios de esa boca, la saliva de esa boca. Él estaba por la carne. Por la carne, y claro, por el dinero. En Manhattan siempre se está por el dinero. Manhattan la frívola, la de las modas que no le gustan, las de las pastillas para adelgazar. Manhattan la de la gente hermosa. Ella rió a carcajadas. «Me gustan los guapos, pero por ti haré una excepción», y después, cuando ya le daba a la cabeza entre sus piernas, él le dijo: «Tú también eres fea, muchacha». Ella se separó, se tiró hacia atrás sobre la cama, se tomó un trago, se echó a reír otra vez con sabroso estruendo: «No importa, somos feos, pero tenemos la música». Él y sus recuerdos quizás están en la habitación número 2 del hotel Chelsea. Él quizás la necesita a ella, quizás no. Lo que sí es seguro es que él se llama Leonard Cohen y ella Janis, Janis Joplin.

miércoles, diciembre 14, 2011

Una mujer y un hombre





Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

Juan Gelman

domingo, diciembre 04, 2011

Creación y desasosiego





Hoy me di cuenta
que cuando quiero crear algo hermoso, realmente hermoso,
lo mejor es dedicarse a leer a quienes ya han escrito
lo hermoso.

Leer es también crear.

viernes, diciembre 02, 2011

A lo Marlon Brando




Creemos en la bondad,
nos duele la verdad
y el bien. El bien que es
una disciplina,
un oficio de santo,
de samurai, de cuerpo,
de aguante del cuerpo.
Creemos en la bondad,
en arrancarnos toda raíz oscura,
en una luna de dos caras iluminadas.
Creemos en el retiro,
en la paz de los atolones,
a lo Marlon Brando.
En la posibilidad de estarse quieto
por dentro, sonrisa en blanco,
gordo, canoso, matando moscas por fuera.
Ni siquiera el éxtasis religioso,
ni siquiera el orgasmo de Dios,
también pecado.