viernes, septiembre 30, 2011

Barco en la noche





El barco en la noche se sabe sin escollos,
y va tenue, más que ligero su casco,
el rumor y vértice de sus tactos
sobre la plata fugitiva del agua.

El barco en la noche sabe de la brisa,
de la lluvia de estrellas en la mirada,
de las manos serenas que aguardan
al tripulante del astrolabio perdido.

Adentro, un desarreglo de naves,
afuera la luna, trasegando caminos
en el dibujo de mapas inciertos.

Y las ganas del horizonte abatido,
la plenitud de lo arcano, el temblor
en los labios, la delicia del sinsentido.

Inevitable





Una tajante miniatura, tu sueño,
un sueño bueno, como pocos.
Guárdalo, mímalo, llévalo contigo,
dale la oportunidad de crecer
entre tus manos, en tu boca.
Al sueño bueno de la locura
inevitable, el sol no lo quema
y el olvido no lo arrastra
en sus aguas torrentosas.
Al sueño bueno de la locura inevitable
dale una cesta, una arcilla, dale piel
y una caricia, la vida que te pide,
la vida que te pides.

jueves, septiembre 22, 2011

Mandalas de mar




Caminaste quizás a solas un día,
a la punta donde se curva la hora,
y donde la maraña vegetal asoma
la gruta altiva de tus enigmas.

Quizás también recogiste piedras,
o te sentaste frente al mar, hundida
tu mano en la arena, sintiendo la brisa
de un pensamiento furtivo, uno y no más.

De regreso, las huellas, no saben
si van o vienen, pero deshacen obstinadas
los mandalas que al paso de la espuma renacen.

En tus dedos, en la orilla transmutada
el dibujo de lo que callas, y el viento de la tarde,
que se detiene en tu boca sin esperar nada.

miércoles, septiembre 21, 2011

Qué linda Patti Smith





Qué linda Patti Smith
y qué cansado estoy.
Cansado de mi panza,
de mis dolores de pies,
de mis dolores de cabeza,
de mis mareos, de mi espalda,
de mi cara larga, de mi cara estúpida,
de mi herencia Neanderthal.
De mi falta de paciencia, de mi ira
que se muerde los dientes, de no saber
bien los oficios del buen padre.
Y, sobre todo, de esta tristeza
que ya me aburre,
como me aburren
las escopetas.
¿Te digo qué me duele y he callado?
Saber que su mano está en mi hombro,
y que me sopla al oído el nombre de mi padre.
Y el azúcar, el azúcar de los postres me duele.
Y ese silencio desde el mar,
que me agrede sin hablar,
sin darme explicaciones.
Ah, y no saber escribir un buen poema.

Qué linda Patti Smith,
y qué cansado estoy.
Hoy todo el mundo ha llorado,
y yo estuve ahí, de acompañante, en silencio,
diciendo algo, no sé si lo correcto.
Siempre se espera lo correcto, ¿no?
Me hicieron preguntas también,
como si yo supiera de algo,
y yo no sabía responder,
yo no entendía nada,
nunca entiendo nada.
Yo sólo quería perderme
entre anaqueles de libros
y callar. Callar con los libros.
También busqué un poema,
un poeta que dijera
mi verdad.
No encontré nada.

Qué linda es Patti Smith
y su amor, su grande amor,
y yo sólo digo sí, sí.
Mi puerta está cerrada,
pero no tiene seguro,
vino sin seguro
esta puerta de esta casa.
Cualquiera puede abrirla,
cuando quiera, sin tocar.

¿Puede uno salir corriendo
dentro de uno mismo?

domingo, septiembre 18, 2011

Utopía del cuerpo

.


Este cadáver tatuado
de poemas heridos,
tachados.
Este espejo sin máscara,
esta máscara sin poderes,
estas piernas rotas,
amputadas,
dolorosas
como fantasmas.
Este cuerpo sin utopías,
sin la aventura del mandala,
este cuerpo que se descompone,
que se arruga y se vuelve flácido
en su tristeza, este cuerpo
que ya no está vivo,
pero tampoco muerto,
sin el presente
de su otro cuerpo,
su amor.

jueves, septiembre 15, 2011

Saltamontes




Debe aprender
mi pecho
del saltamontes
que resiste
contra el vidrio
de mi carro,
lo embates
de la inclemencia.
Pequeño, heroico,
ridículo,
el saltamontes
se aferra
al espejismo
de la calma,
como a su vez
mis manos
se aferran
al volante
de lo indócil.
El saltamontes sólo sabe
de supervivencias,
sólo sabe
que si se dejar ir,
yo me pierdo.