
Qué linda Patti Smith
y qué cansado estoy.
Cansado de mi panza,
de mis dolores de pies,
de mis dolores de cabeza,
de mis mareos, de mi espalda,
de mi cara larga, de mi cara estúpida,
de mi herencia Neanderthal.
De mi falta de paciencia, de mi ira
que se muerde los dientes, de no saber
bien los oficios del buen padre.
Y, sobre todo, de esta tristeza
que ya me aburre,
como me aburren
las escopetas.
¿Te digo qué me duele y he callado?
Saber que su mano está en mi hombro,
y que me sopla al oído el nombre de mi padre.
Y el azúcar, el azúcar de los postres me duele.
Y ese silencio desde el mar,
que me agrede sin hablar,
sin darme explicaciones.
Ah, y no saber escribir un buen poema.
Qué linda Patti Smith,
y qué cansado estoy.
Hoy todo el mundo ha llorado,
y yo estuve ahí, de acompañante, en silencio,
diciendo algo, no sé si lo correcto.
Siempre se espera lo correcto, ¿no?
Me hicieron preguntas también,
como si yo supiera de algo,
y yo no sabía responder,
yo no entendía nada,
nunca entiendo nada.
Yo sólo quería perderme
entre anaqueles de libros
y callar. Callar con los libros.
También busqué un poema,
un poeta que dijera
mi verdad.
No encontré nada.
Qué linda es Patti Smith
y su amor, su grande amor,
y yo sólo digo sí, sí.
Mi puerta está cerrada,
pero no tiene seguro,
vino sin seguro
esta puerta de esta casa.
Cualquiera puede abrirla,
cuando quiera, sin tocar.
¿Puede uno salir corriendo
dentro de uno mismo?