Acá Joaco
acaba de entrar
cantando bajito
dando vueltas
por mi estudio,
y ha llegado así
hasta la impresora
y como si yo no lo viera,
como si su piyama
lo hiciera invisible,
ha agarrado dos hojas limpias,
y yo me he sonreído,
mirando de reojo,
sin decirle nada.
El arte de mi niño
merece hojas limpias.
1 comentarios:
Hermoso... Juaco también pinta de colores más allá de sus hojas blancas. Saludos.
Publicar un comentario