
Oscila, incierto,
busca comprender,
trabaja la paciencia,
es un santo,
un alquimista,
el traductor
de los silencios,
de las señales lejanas.
Penitente, sufre y anhela
el perfume brevísimo.
Y célibe,
célibe milenario,
apenas disfruta de la brisa
que acaricia su rostro
cada vez que recuerda
el mito de los jardines,
de los columpios,
del picnic.
Lo sagrado
nunca se da del todo.
Esa es su belleza,
su ardua delicia.
1 comentarios:
Simplemente hermoso.
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