
Debe aprender
mi pecho
del saltamontes
que resiste
contra el vidrio
de mi carro,
lo embates
de la inclemencia.
Pequeño, heroico,
ridículo,
el saltamontes
se aferra
al espejismo
de la calma,
como a su vez
mis manos
se aferran
al volante
de lo indócil.
El saltamontes sólo sabe
de supervivencias,
sólo sabe
que si se dejar ir,
yo me pierdo.
1 comentarios:
Cualquier cosa, aplicas el plan B: saltas.
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