jueves, septiembre 22, 2011

Mandalas de mar




Caminaste quizás a solas un día,
a la punta donde se curva la hora,
y donde la maraña vegetal asoma
la gruta altiva de tus enigmas.

Quizás también recogiste piedras,
o te sentaste frente al mar, hundida
tu mano en la arena, sintiendo la brisa
de un pensamiento furtivo, uno y no más.

De regreso, las huellas, no saben
si van o vienen, pero deshacen obstinadas
los mandalas que al paso de la espuma renacen.

En tus dedos, en la orilla transmutada
el dibujo de lo que callas, y el viento de la tarde,
que se detiene en tu boca sin esperar nada.

1 comentarios:

Cinzia Ricciuti dijo...

Muy bello soneto, de verdad que sí.