
Caminaste quizás a solas un día,
a la punta donde se curva la hora,
y donde la maraña vegetal asoma
la gruta altiva de tus enigmas.
Quizás también recogiste piedras,
o te sentaste frente al mar, hundida
tu mano en la arena, sintiendo la brisa
de un pensamiento furtivo, uno y no más.
De regreso, las huellas, no saben
si van o vienen, pero deshacen obstinadas
los mandalas que al paso de la espuma renacen.
En tus dedos, en la orilla transmutada
el dibujo de lo que callas, y el viento de la tarde,
que se detiene en tu boca sin esperar nada.
1 comentarios:
Muy bello soneto, de verdad que sí.
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