La osamenta de un elefante, por dentro,
y cómo duele, cómo pesa
hacer un clic, responder el correo,
acariciar al niño, ordenar la cama,
sacudir el polvo de la sombra, de tu sombra.
Su cuerpo, puro cieno, abandona el motivo de sus formas,
el escorzo de sus placeres, el gusto del coseno,
y apenas avanza, cojea, con su ala (herida) de sombrero,
ocultando la verdad que en los ojos se confiesa.
2 comentarios:
Muy cierto lo que dices. Cuánto nos pesan ciertas cosas. Somos elefantes.
Muy cierto lo que dices. Cuánto nos pesan ciertas cosas. Somos elefantes.
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