
Aguardan los fantasmas.
En la pantalla fija
de los días
aguardan la mano
que sabe, la mano
experta
en darle cuerpo
a la telaraña,
a la pleura
insoportable.
A la celda
de sus días.
Aguardan los fantasmas
el descuido
de la mirada,
para entonces
la fuga,
el viento,
el arrebato,
la inmersión
y el ardor
en los remolinos
abisales
de la piel humana.
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