miércoles, julio 28, 2010

Fregar/escapar



Esto te parecerá raro, pero te cuento que me gusta fregar. Sí, fregar platos. Debo decir que yo al principio no sabía. Eso fue hace un montón de años. No sabía, no tenía la técnica. Una tarde, una amiga, una compañera de estudios, me vio fregando y me regañó. Me dijo que yo no sabía fregar, y me explicó que primero se deben fregar las cosas menos grasosas. No podía empezar por la olla (yo había empezado por una olla) sino más bien por los vasos, y luego seguir con los platos, y los cubiertos y así. Desde ese día aprendí a fregar de verdad, como se debe. Aquella muchacha se llamaba Lena. Ella fue la que me enseñó, y desde entonces le estoy agradecido. Gracias, Lena. Gracias siempre.

Me gusta fregar, sí, y sé hacerlo muy bien. Yo he fregado en grandes fiestas en nuestras casas (la de mi mamá, la de mi suegra, la de mi cuñada, la propia). Tengo post-grado en el oficio; no te creas que soy cualquier cosa fregando.

¿Pero sabes por qué me gusta fregar? Porque fregar me abstrae, me separa del mundo y me lleva a otro lado. Cuando friego, pienso en mis historias, en las que estoy escribiendo o en las que voy a escribir. O escucho. Escucho lo que otros están hablando allá afuera. Me lleno de esas historias, ¿sabes? Esas historias me alimentan, me dan vida. También me gusta fregar porque así le huyo a la gente. Yo no soy muy social que se diga. La gente me aturde. El asunto es que fregar siempre ha sido una buena excusa para apartarme de las fiestas, para estar conmigo a solas, por un rato. Me gusta estar conmigo mismo, qué se le hace. Me gusta la soledad, me gusta estar callado y me gusta fregar. Eso sí, no me andes llamando para contratarme. Me gusta fregar cuando me toca, cuando me nace. Me gusta reconocer el momento, y no soy de andar fregándole a todo el mundo, así como así, como si eso fuera cualquier tontería.

Pero en fin, el hecho es que me gusta fregar. Fregar es para mí un arte zen que me permite seguir viviendo. Nada más y nada menos. Gracias a Dios por los fregaderos.

13 comentarios:

Acuarela dijo...

Querido Fedosy
Has descrito exactamente mi ceremonia cuando friego jeje. Gracias por recordarme lo maravilloso de abstraerse fregando!
Un abrazo.

Lena Yau dijo...

Ay, jajajaja...Fedosy...jajaja..nací llena de manías...qué horror!!!!
Gracias a ti por hacerme recordar aquellos tiempos!!!!

Un abrazote!

Sol dijo...

Recién conozco tu espacio y te felicito por todo lo que compartes.
Buena profesora tuviste en esto de fregar.

Gracias por darle una nueva dimensión a este oficio. Tu experiencia me orienta a aprovechar esta actividad doméstica de una manera más productiva de ahora en adelante.

Saludos.

Soy beatriz dijo...

HOLA, QUE GUSTO, LLEGO A TI MEDIANTE UNA PUBLICACIÓN DE LENA EN EL FACE.
Y ME ENCANTA CÓMO HAS RELATADO ESE MOMENTO TAN INTERNO, TAN INTIMO QUE EN TU CASO ES EL DE FREGAR.
NO ES HABITUAL QUE ALGUIEN CONFIESE ESO JAJA...
ESO INDICA QUE EL SER HUMANO PUEDE ENCONTRAR ESOS RINCONES EN CUALQUIER ACTIVIDAD.
UN ABRAZO Y FUE MUY PLACENTERO LEERTE.

Hernán Lameda Luna dijo...

Caramba, que gusto leer esto. A mi me gusta lavar platos tambien, y por la misma razón...... da gusto saber que no soy el único...

Luis Guillermo Franquiz dijo...

Agatha Christie llegó a confesar que había planificado sus mejores crímenes ficticios mientras fregaba los platos de la cena. Ciertamente, es todo un arte y ofrece la excelente oportunidad de conversar con uno mismo. Al final, como decía la Christie, te encontrarás con que después de tanto diálogo interno, esa tarea doméstica está hecha y casi sin darte cuenta.

linterna roja dijo...

Qué hermoso

Dante dijo...

Bueno, también friego platos de vez en cuando, pero sin ningún doctorado en la tarea. La verdad verdad no lo disfruto mucho porque siempre termino haciendo despertar una protrusión discal que tengo. La pequeña confesión para mí sería que al parecer se me da muy bien planchar. Mi madre ha llegado a decir que plancho mejor que ella. Nadie me enseñó, excepto que quizá aprendí lo básico de pequeño y sin darme cuenta viéndola a ella planchando. Sin embargo yo no plancho luego de lavar la ropa, sino justo antes de vestirme con algo que necesite ser planchado.

Patricia dijo...

Como se nota que no tienes lavaplatos eléctrico. Ahí mismo se te acaba la filosofía...

Jota dijo...

a mí lo que me pone zen es barrer el frente de la casa y la terraza, siempre pienso en San Martín de Porres cuando lo hago... fregar me da dolor de espalda, los fregaderos fueron diseñados para gente de tu tamaño, no para mí...
perdona lo bruto, pero me puedes explicar lo de empezar por lo menos sucio cuando tienes más jabón, y dejar lo más grasoso para el final, esa revelación me es esquiva...

zuleyvic dijo...

Las únicas veces que he hablado con Dios. Si eso existe, ha sido fregando platos. El lavaplatos es un centro de meditación espiritual, en serio.

Eunices dijo...

Yo también friego, de 11 a 5. También me abstrae la cuestión. También escucho historias y pienso historias. Jamás las escribo, pero algún día pasarán de ser simples anécdotas. Yo friego por deber, porque si no friego, me friego, pero, aunque suene a mentira o a resignación, el trabajito me gusta, excepto por tener que pasar casi cuatro horas de pie. Pero como dicen por ahí, hay que trabajar para ganarse el pan .

P.D.: por cierto, identificadísima con el artículo, aunque lo que digo suene a más lugar común que el carrizo, pero es que una se deja llevar por las emociones... Saludos

Profesora Dileyda Azuaje dijo...

Marivilloso relato reflexivo sobre una actividad cotidiana!