
Sobre Bob Dylan se ha dicho ya demasiado. Rodrigo Fresán, el escritor argentino que quizás lo conoce más en Latinoamérica, dice: «Leemos libros sobre Bob Dylan —lo mismo ocurre con esas aproximaciones entre alucinadas y rencorosas a J. D. Salinger— para llenar el agujero negro entre disco y disco de Bob Dylan, entre concierto y concierto de Bob Dylan, entre un Bob Dylan y otro Bob Dylan. Leemos libros sobre Bob Dylan porque —al igual de lo que ocurre con J. D. Salinger— el tipo habla poco y nada sobre sí mismo y entonces, bueno, leemos lo que hablan otros.» Sí, Dylan habla poco y, como buen artista no necesita explicar todo lo que hace, ni tiene tampoco por qué entender totalmente lo que hace. Su arte es su forma de expresión y a través de su arte dice lo que quiere decir, y así con su arte es cómo se conoce y se reconoce. Dylan es una especie de Judío errante (lo llama así Fresán), eterno en vida, misterioso en vida, críptico en vida, que a muchos causa una profunda inquietud. Así le ocurrió a A. J. Weberman, un hombre incómodo para muchos, un defensor de la LSD y la mariguana, alguien —¿polifacético?— que ha sido llamado escritor, activista político y un gadfly. ¿Qué es un gadfly? Precisamente una persona incómoda, que está en contra del status quo, y que se caracteriza por ser irritante, molesta, una mosca, un tábano que te merodea y no deja de merodearte e irritarte. Dicen que Platón, al referirse a Sócrates, dijo que Sócrates fue un gadfly o tábano para la sociedad ateniense y por eso fue condenado a muerte. Así que el gadfly tiene abolengo, y del bueno, o eso suponen los tábanos de oficio. En fin, el asunto es que Weberman el tábano, se obsesionó con Bob Dylan, y creo el «Frente de Liberación de Bob Dylan» en los años sesenta, y lo hizo con el fin de librar a Dylan de sí mismo, de sus acercamientos a la clase burguesa, de la entrega de su alma a la música comercial, de su alejamiento de los grandes valores de la humanidad (o vale decir, de la izquierda). Weberman se convirtió en un acosador de Dylan, inventó la Dylanlogía, de la cual era el principal dylanlogista (obviamente). Weberman escribió un libro sobre Dylan y sus líricas, inspirado en un análisis muy su generis de la basurología, un término surgido de la Universidad de Arizona bajo la tutela del arqueólogo y antropólogo emérito graduado en Harvard, William Laurens Rathje. Rathje condujo en 1973 el Projet du Garbàge, el cual consistía en un estudio arqueológico y sociológico de la basura de los habitantes de Tucson con el fin de determinar parámetros de consumo. Weberman llevó esto mucho más allá de los simples parámetros de consumo, y se dijo que en la basura de Dylan podría encontrar claves fundamentales para los misterios de su vida y de sus letras, y así, metiéndose en los desperdicios de Dylan, determinó, según él, la clave de sus canciones. Para Weberman, por ejemplo, cada vez que Dylan dice «gritar» en realidad está diciendo «cantar en público», o cada vez que dice «lluvia» quiere decir «destrucción», y cuando dice «dientes» está en realidad hablando de guitarras, o de ejecución de la guitarra, tal como lo determinó gracias al encuentro de unos cepillos de dientes de varios colores y un tubo dentífrico que encontró intactos dentro de una bolsa en la ya mencionada basura de Dylan. ¿Sería Weberman seguidor radical de la máxima de Lautréamont que nos habla de la belleza como el encuentro fortuito de una máquina de coser con un paraguas sobre una mesa de disección? Weberman también grabó algunas conversaciones con Dylan sin que éste lo supiera. A Dylan, por supuesto, no le gustó lo de las grabaciones, ni el acoso ni mucho menos su libro de Weberman. De verdad, hay cada loco en el mundo. Desgreñados y todos. Porque de eso sí que no me sacarán. Quien anda así de desgreñado, no sólo no le luce bien la cabeza, sino que no está bien de la cabeza.
1 comentarios:
Vi a Dylan hace un mes. Estuvo sublime. Claro que a mí me gusta él y esperaba un buen concierto, a pesar de las advertencias...
Me sorprende como alguien puede versionarse tanto a sí mismo y que suene bien después de tropecientos años.
Esto que has escrito, quiera lo quieras decir, da gusto leerlo.
Besos
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