
Cuando uno ve Cómo entrenar a tu dragón, corrobora una vez más que Avatar es una película mala, muy mala. Ambos films hablan de lo mismo, ambos recurren a elementos parecidos. Mundos lejanos, dragones, batallas finales. Pero donde el Avatar de Cameron se convierte en un revoltijo de lugares comunes que lleva a una irremediable propaganda belicista, en el film de Dean DeBlois y Chris Sanders acudimos a una trama conformada por imágenes que se convierten en metáforas absolutamente sutiles y mucho más profundas.
Cameron, al igual que DeBlois y Sanders, pretende una cinta sobre el fin de la intolerancia, pero nuestro «Rey del mundo» termina lamentablemente sumido en la magnificencia de los efectos especiales, obligado en el despliegue a una guerra y a una destrucción llenas de pirotecnias que nos remiten a los más radicales procedimientos de la intransigencia. Es el recurso más fácil, pero sobre todo al que se condenó desde el principio: él eligió a un militar como héroe, y nada que se pretenda pacifista puede salir bien con un militar a la cabeza de las acciones. Avatar termina siendo una burda lucha entre militares, donde la izquierda prehistórica, militar pero idealista y ecológica, termina venciendo con su arrojo, sus piedras, sus dragones extraños y su heroísmo a muerte al portaviones del imperio, también militar y para colmo asociado con las maléficas corporaciones capitalistas. Está de moda ser de izquierda, sin duda. Está de moda señalar a los malos del imperio. Los clichés políticos abundan. Por su parte, la cinta «para niños» propone una vía más sutil, elegante y artística. Hiccup no es un vikingo rústico, agresivo ni lleno de un orgullo soberbio y malformado; él, más allá de ser la caricatura de un marginado colegial, es un muchacho inteligente, pero sobre todo, sensato. Cuando le llega el momento de convertirse en la tribu, es decir, de tomar el camino destinado a todos y matar al dragón enemigo y poderoso, se detiene: él ve en el dragón el mismo miedo que a él lo posee. Entonces Hiccup comienza a adentrarse en el mundo de los Otros (los dragones, los malos, los enemigos), y poco a poco se va volviendo también el Otro. Hiccup es humano, pero también es dragón. Hiccup es una nueva raza, o mejor, Hiccup es la raza universal por excelencia. El enemigo, como siempre, no está allá afuera, sino dentro de nosotros y, en todo caso, por detrás de la multitud enloquecida y engañada. A la luz del enfrentamiento con el mundo musulmán, Hiccup representa un punto de equilibrio, un acercamiento, una mirada diplomática y de diálogo que busca el acercamiento con aquellos otros seres humanos que tanto deforman los medios de comunicación y la ignorancia generalizada. El gringo (e incluso el venezolano) que piensa que todos los árabes son brutos, fanáticos y que siempre andan con turbantes y barbas, desconoce los alcances, la altura y las maravillas de la ancestral cultura del Medio Oriente. No se respeta porque no se sabe, se teme porque se es ignorante. A los ojos de nuestras tan vapuleadas taxonomías políticas, Hiccup pudiera ser considerado por los más obtusos como un «Nini». Pero no, Hiccup actúa, Hiccup acerca, es el verdadero hombre de acción que ciertamente podría cambiar nuestra horrible realidad. El malo no es el desempleado de Petare que vive de la panacea gubernamental, ni el bueno la gente «buena» del Este de Caracas. Esa gente «buena», por cierto, que en muchas oportunidades es ciega a la tragedia del Otro, o que incluso desprecia sin miramientos. Al caso viene una anécdota de Jacobo Borges que conocí recientemente. A su vuelta de Francia, el artista cuenta que se fue a la plaza Pérez Bonalde de Catia, y allí, junto con Cabrujas y otros artistas de la época, comenzó a conversar sobre su viaje. En cierto momento, a Borges lo llama un hombre elegante que está allí en la plaza; un hombre habitué de la zona pero que nunca les ha dirigido la palabra. Borges se acerca y el elegante le pregunta si ha viajado. El artista de El Cementerio responde que sí. Entonces el elegante le dice: «Tú podrás viajar todo lo que tú quieras, pero nunca podrás hacer esto». Entonces el hombre emperifollado saca un peine y comienza a pasárselo suavemente por su cabello liso y lleno de gomina. Jacobo Borges relata que observaba aquello perplejo y arrobado al tiempo que pensaba que él nunca podría hacer lo mismo, porque él tiene pelo chicha, pelo de negro, tal como el mismo Borges lo define. Disculpen el desvío, pero cosas así nos llevaron a tener el país que hoy tenemos. El enemigo, una vez más, está dentro de nosotros. El enemigo es la soberbia que nace del miedo y la ignorancia; no la temida multitud de dragones salvajes que nos atacan despiadados y cargados de odio, esa otra gente «buena» o «mala», según se mire. El monstruo mayor, llámese como se llame, es quien mueve los hilos. Ese monstruo podría nombrarse, cómo no, imperialismo y capitalismo salvaje, pero también socialismo del siglo XXI, ambición, radicalismo religioso, poder corrupto, ignorancia, intolerancia, y finalmente, miedo. Lo fundamental acá es el enfoque que nos regala Cómo entrenar a tu dragón. Los malos no son la multitud engañada, los ejércitos que se enfrentan concitados por aquel enemigo mayor. Esto Cameron no lo comprende, ni tampoco quizás lo acepte. Para Cameron hay buenos y malos a secas y en masa; no existen los matices. Cameron se queda en el cliché de siempre: sí, ser de izquierda siempre ha sido cool. Cómo entrenar a tu dragón se entretiene en las vuelcas de tuerca por el gusto de hacer algo diferente, pero sobre todo, de enviar un mensaje sincero, sensato y profundo. Erradicar la intolerancia, comprender al otro, acercarse, es el camino menos sangriento hacia la paz. A la paz con ese Otro que no es Otro sino yo mismo, mi parte complementaria, y a la paz incluso entre quienes, por los momentos, se consideran partes de un mismo bando. Hiccup, por ser un vikingo diferente, un vikingo incluso que conoce las debilidades del supuesto enemigo sin haber utilizado la fuerza, es considerado un traidor. El punto de vista diferente, la libertad de pensamiento, es incluso condenada por tus «iguales», por la gente de tu propia especie. Nada más absurdo, irreal, perverso y cargado de ignorancia. Ese otro camino que propone Hiccup es más arduo y requiere de paciencia, pero también de inteligencia, sensibilidad y sensatez. De eso carecemos mucho hoy en día.
En fin, quizás cuando dejemos de hacerle caso a los James Cameron del odio, empezaremos a vivir en un país mejor, y en un mundo más amable y placentero.
4 comentarios:
¡Qué buenos comentarios! Por mi parte, estoy completamente de acuerdo, Don Santaella. "Como Entrenar a tu Dragón" es una película que ciertamente fomenta un enfoque de tolerancia y no violencia, también de escepticismo y observación ante los prejuicios y "costumbres" de la mayoría. Me pareció excelente película para cualquier edad, de las mejores películas que he visto en cuanto a ese tema. La ví solo en 2D, pero seguramente la volveré a ver, tanto en 2D como en 3D. Realmente muy buena.
¡Tienes tanta razón en tus apreciaciones!
“Erradicar la intolerancia, comprender al otro, acercarse”.
Yo acotaría, que también juega un papel importante, en ese cambio de conciencia, el hecho de tener el valor de defender el punto de vista propio, aunque sea diferente, para poder hablar de libertad de pensamiento; pero sin obligar al otro a que piense o actué igual que uno (en tanto eso no nos afecte de manera negativa) y sin mancillarlo por pensar como le dé la gana.
Sé que es un tema muy delicado y que pareciera una utopía.
Que todos nos aceptemos con nuestras diferencias y convivamos con ellas en armonía, es un tema peliagudo. Porque, creo entender de tu texto, que no se trata de buenos o malos, de blancos o negros, de dragones o vikingos; sino de convivir sin anular al otro.
Entra en juego entonces, esa premisa de ética que dice “Mi libertad acaba donde comienza la tuya”.
Claro que quiero vivir en un país, en un mundo mejor; sólo que el ejercicio de libertad y de respeto, debe partir desde el individuo para llegar al país. Es decir revisándonos individualmente, porque muchas veces no nos percatamos que ante la reprobación de lo que consideramos cercenador de libertad, actuamos igual.
Por ejemplo, el que rechaza el lenguaje procaz de algún mandatario en sus presentaciones ante los medios, pero se refiere a él en ese mismo lenguaje.
El que pide a los cuatro vientos libertad de expresión, pero es un dictador con su familia.
Al que le gusta un tipo de música determinada, y descalifica a sus amigos por escuchar otros estilos. Porque, en la medida en que expresemos nuestras opiniones descalificando las de los demás, estamos cercenando su libertad y además lo irrespetamos como individuo.
Son cosas tan simples como un cantante, una bebida, la ropa, el peinado, el estilo de vida, que están supeditadas constantemente a que otros quieran imponer sus criterios sobre los nuestros, y si no tenemos el valor de defender nuestra individualidad seremos arreados como borregos en manadas.
Pero más allá de eso, si no somos capaces de corregirnos como individuos, para no cometer el error de tratar de imponer nuestra voluntad no podremos, “comprender al otro ni acercarnos”.
Cuando vi la historia de Hiccup, su gente y los dragones, también pensé en lo malo que es Avatar: ¿Cómo con tanto presupuesto fueron tan incapaces de hacer un guión decente (ni siquiera bueno)?, me preguntaba.
Ahora te leo F, y la respuesta cobra otras dimensiones: Es que para ellos eso es un buen guión porque así son sus cabecitas (Cameron), de buenos y malos, de izquierda y derecha, sin medias tintas.
Cómo entrenar a tu dragón es un regalo valioso de esos que provoca atesorar y compartirlo con tus hijos.
Me gustó mucho el análisis de "cómo entrenar a tú Dragón", por ende veré la película lo antes posible. Sin embargo me parece que la crítica a "Avatar" es tan radical, que no puedo estar de acuerdo. Una vez más cada quien ve lo que quiere ver, ya que no hay forma de engavetar lo que a mí me gustó de esa película en el archivo de la izquierda o en el archivo de la derecha, en el bueno o en el malo.
Ojalá los seres humanos fuésemos capaces de sostener la mirada frente a frente para simplemente decirle a alguien "te veo".
No hace falta llegar al extremo de amar a todo dios, porque ni siquiera los dioses son capaces de hacerlo. Simplemente es comprender y respetar. No hace falta tener un puerto USB en la coleta para conectarnos con los demás seres vivos... Los ojos son más que suficiente, pero aún no lo entendemos. ¿Es la derecha o es la izquierda, la qué tiene la sensibilidad de pedir perdón a un ser vivo que fue sacrificado para que otro siga viviendo gracias a sus nutrientes?. ¿Es la derecha o es la izquierda, la que respeta el sano equilibrio de la naturaleza, la que valora el legado de sus ancestros?, ¿Los indígenas entienden de derecha o de izquierda? si es así bien por ellos, por qué a mí ese tópico ya no me interesa. Lo que me interesa es que la mayoría entiende de lugares comunes y si el respeto y la tolerancia vende, me meto de lleno en ese negocio...
¿Qué la violencia sigue siendo la tónica de las películas?. Después del estreno de avatar salió la noticia en el periódico de que unos militares bombardearon terrenos indígenas para desplazarlos. Ha pasado desde hace mucho y por lo visto seguirá pasando, porque "eso" es un lugar común al que nadie le hace caso.
Respeto mucho cuando un profesor me indica que en mis escritos existen lugares comunes, trataré de corregirlo. Pero si existen lugares comunes es porque a la gente le encanta regodearse en ellos. No hemos evolucionado lo suficiente para dejarlos atrás. No en vano fue un refrito de rambo el que se llevó el Oscar a mejor dirección. Sin embargo se rompió el estereotipo: Una Mujer fue la protagonista de ese insólito acontecimiento.
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