martes, febrero 16, 2010

Lynch, Aira y la idea



En el libro Atrapa el pez dorado, David Lynch dice lo siguiente: «Si te mantienes fiel a la idea, en realidad ésta te dice todo lo que necesitas saber». Se trata de uno de los pensamientos más interesantes que he leído en los últimos años. La importancia de seguir a la idea y de preguntarle si vamos por el buen camino me parece un concepto fundamental en la escritura de ficción, pues allí se encuentra una de las claves para llevar a buen término un texto narrativo. Hace algún tiempo escribí un cuento bastante largo que trataba sobre un marinero ruso en Puerto Cabello. Al final del cuento, el marinero moría. Una y otra vez yo leía aquel texto y no me gustaba. Sentía que algo estaba mal. Al final, me di cuenta de que mi marinero no debía morir. Todo lo contrario, él tenía que alzarse, como por arte de magia, de aquella zona de muerte en la que se había sumido, resucitar casi, y darle su merecido al malandrín de la historia. Una vez que hice ese cambio, todo fue una maravilla.

Lynch nos dice que uno sabe cuando se desvía. Algo te dice: «No, no; esto no es como la idea dijo que era». Es cierto, me ha pasado. Cuando escribí aquel cuento del ruso en Puerto Cabello, y cuando escribí también un cuento absolutamente realista que me pedía a gritos que le metiera un personaje jorobado que saltaría sobre los techos de las casas y se masturbaría sobre una cama que debía flotar entre galaxias. Y también hace poco, cuando pretendía escribir otro cuento igualmente saturado de realismo. Una vez terminado, el cuento me reclamó furioso la presencia de algo más, de algo más parecido a mí. Dice Lynch: «Empiezas en un lugar y, a medida que avanzas, vas afinando. Pero durante todo el proceso lo que habla es la idea. Llega un punto en que te parece correcto». La idea te habla sí, pero tal como dice Lynch, tú debes preguntarle. De hecho, la reflexión que nos ocupa en el libro de Lynch se titula «Pregunta a la idea». ¿Pero qué hay que preguntarle? Yo creo que debes inquirirle sobre la honestidad de lo que estás escribiendo. O mejor, pregúntale más bien si lo que estás escribiendo se parece a ti, suponiendo que tú seas honesto cuando escribes. Últimamente me ha dado por abordar historias realistas, dañina ocurrencia (hablo de mí exclusivamente), debo confesarlo y admitirlo. Pero uno es necio con sus errores, qué te puedo decir. Así, hace poco, con esta idea del realismo en mente, me puse a escribir, y a poco comencé a sentirme incómodo con el texto. Le falta, le falta, me dije, y ese sentido, recuerdo a César Aira en Fragmentos de un diario en los Alpes:

«Fue en esa oportunidad que se me ocurrió la idea de escribir una novela sobre un artista obligado a exiliarse, a viajar contra su voluntad, solo y desamparado, como tantos… Pero la idea de mi novela era que este desterrado en particular, por ser escultor debía viajar con la carga abrumadora de sus estatuas sobre los hombros».

Dice el narrador que terminó por no escribir la novela, pero que aquel proyecto frustrado le había ayudado para entender que allí estaba la explicación de su falta de éxito —digo yo más bien, la explicación de lo que lo diferencia de otros escritores. Pero vayamos al texto de Aira:
«Todos mis colegas novelistas que venden y ganan premios escriben novelas como la primera parte de este argumento que esbocé, sólo la primera parte: un exilado, con sus angustias, sus cambios de suerte, sus afectos, los problemas de adaptación, el contexto histórico. En cambio, para mí eso no es un argumento, no me sirve; no puedo empezar hasta no tener una “idea”, en este caso la idea bastante absurda y engorrosa, que echa a perder todo el realismo, de hacer que mi protagonista parta al exilio cargando sus enormes estatuas de mármol y bronce… ¿Por qué no hacerlo como los demás, si eso es lo que quieren los lectores? Es como una maldición. ¿Por qué tengo que someterme a este retorcimiento de la “idea”, del truco ingenioso, si sé que un escritor realmente bueno no la necesita?»

Más allá del éxito en ventas, de lo que le guste a los lectores o no, e incluso de la valoración de que un escritor «realmente bueno» no necesite los retorcimientos de la «idea», lo que deseo rescatar del texto de Aira es precisamente esa «desviación» de la idea que al personaje tanta angustia le produce. En mi caso, ese ir en contracorriente del realismo ha resultado mi verdadero camino. En los tres cuentos que referí, ese plus de la fantasía o de lo fantástico se me impuso, cuando, insatisfecho con el resultado, le pregunté a la idea y ésta me respondió que le faltaba algo más, algo Fedosy. Porque es así, cuando te acercas a la idea y le preguntas cómo va todo, ésta te dirá si ese texto se parece a ti o no. ¿Pero cómo llegas a saber si ese texto se parece a ti? Pues yo insisto en la honestidad del trabajo. Y luego están el tiempo y la práctica. La práctica constante dentro de la honestidad te llevará, con el paso de los años, a entender con mayor claridad las respuestas de la idea. David Lynch dice que hay que ser fiel a la idea. Y sí, ser fiel a la idea es ser fiel a uno mismo. Uno mismo es la idea.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta esto, me gusta David Lynch. Parece que todo va por ahí, ¡creerse a uno mismo! Parece fácil pero no lo es, hay muchos pequeños detalles involucrados (de acuerdo contigo: la honestidad, el tiempo y ¡la práctica! pero creo que hay otros ¿cuáles? seguiré pensando). Hay que trabajar ¡Duro!

Bea dijo...

Llegué a este post porque un buen amigo virtual, que siempre reflexiona sobre sus ideas lo "twitteó"
Leo esto unos meses después de haber conocido a Teofilo Jones, y ahora siento que lo comprendo mejor.
A veces, el ser "clones" nos aleja de la honestidad que le debemos a las ideas.

victor_marin dijo...

Interesantísimo texto, Fedosy.

En más de una ocasión se me ha presentado el mismo conflicto.

Sin ánimos de sonar demasiado "auto-ayuda" por eso es que es fundamental "conocerse a sí mismo" para eventualmente saber qué es lo que puedes crear con honestidad.

un abrazo

Celia dijo...

Gracias por esta entrada!
Una interesante reflexión.
Confío en que me será útil tenerla en cuenta a la hora de escribir.

saludos