Pero todo esto nos lleva siempre hacia la escritura, y a determinadas afirmaciones de mi parte. La primera: yo soy un escritor que cuenta historias. Ya lo dije, me gustan las palabras, la lengua, su poesía; pero no soy un autor de trabajar exclusivamente con el lenguaje. Soy un contador de historias, un montador de estructuras. De aquellos primeros años me quedó esta enfermedad. En la escritura e incluso en la lectura. Un libro que se tarde en contar la historia, que se complazca demasiado en las palabras, me cansa y me aleja. Por lo general, intento buscar un equilibrio entre la palabra y la historia. Soy también lector de poesía, y me gusta jugar con las palabras, retorcerlas, iluminarlas si puedo, pero al mismo tiempo busco contar una historia de una manera directa y sencilla. En esa búsqueda del equilibrio ando.
Por otro lado, la mayoría de aquellas lecturas, me llevaron por caminos repletos de imaginación, de fantasía, de magia (ya lo dije, la magia es un virus). Así que acá viene la segunda afirmación: me fascina escribir historias ligadas a lo fantástico, al surrealismo y a lo ilógico. Parto con frecuencia de la realidad, pero intento convertirla en algo más, en algo extraño, oscuro y al mismo tiempo luminoso. En ese sentido soy muy cortaziano, y también un seguidor del concepto de extrañamiento de los formalistas rusos. La literatura para mí es un descontextualización de la realidad, que a su vez busca descubrirla, mostrarla en su plenitud. El absurdo como recurso, como herramienta, me resulta muy atractivo. Y por esta vía, llegamos a una tercera declaración: me gusta también escribir con humor (o al menos lo intento). Hubo, de aquellos primeros años, dos escritores que me marcaron: Otrova Gomas y Armando José Sequera. De igual modo, tengo una profunda deuda con La antología del humor negro de André Bretón, que me llevó a los surrealistas, a Alphonse Allais, a O. Henry, a Alfred Jarry, y de allí a Saki y a Bierce, entre otros. El humor es un arma poderosa, una herramienta de ataque que te permite entrar en el mundo, y destapar las ollas de la estupidez.
Cuarta declaración: no estoy hecho sólo de literatura. También estoy hecho de cine y de cómics. Hay gente que me dice que mi escritura parece una película, otros también me han comparado con el lenguaje del cómic. Debo decir que me siento halagado con esos comentarios. Incluso he estudiado algunas técnicas de escritura de guiones que luego he aplicado mi escritura literaria. Todo esto forma parte de un todo con esa escritura donde busco contar historias que atrapen al lector. Ahora, hablar de mis influencias cinematográficas sería muy arduo. Pero nombrar a algunos ayuda: David Lynch, Alfred Hitchcock, Federico Fellini, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Francis Coppola, Woody Allen, Harry Kümel, Quentin Tarantino, Clint Eastwood, Carol Reed, Werner Herzog, Win Wenders, y el más reciente cine de horror de Asia.
Eso es todo por los momento, gracias.
2 comentarios:
cine, cómics, literatura y más cosas ¿no?
Se escribe lo que se es(y viceversa). Estilos aparta, encuentro mucha coherencia en tus listas. Stephen King es un maestro, a pesar de que a algunos les puede parecer de segunda (porque no lo han leído).
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