jueves, enero 22, 2009

LIBROS PRESTADOS






Recuerdo que en la universidad presté Bajo el volcán de Malcolm Lowry. No lo vi más, pero tampoco lo reclamé, pues a la joven que le presté esta maravillosa novela tenía fama de bruja, y con las brujas uno no se mete ni tampoco se les pide que duelvan libros. También recuerdo que una vez llevé a un viaje de trabajo El largo adiós de Raymond Chandler. Íbamos camino a Guatemela en una línea área centroamericana de esas que más bien parecen autobuses. Durante el vuelo, me cambié de puesto y me fui a sentar con un compañero de trabajo, que estaba en la parte trasera del avión, más cerca de los sobrecargos y el licor. Ahí estuvimos bebiendo y conversando hasta que el capitán nos informó que había problemas con el tren de aterrizaje. Que el tren de aterrizaje "no aparecía", así dijo, y luego agregó que tendríamos que aterrizar sobre espuma en la pista o sobre el mar. Parecerá mentira, pero en lo primero que pensé fue en mi novela, que estaba por allá sola, abandonada, sin nadie que se dignara a darle, por lo menos, un breve adiós. Cabe decir que al cabo de unos minutos de tensión pasó un señor con un destornillador. Mi compañero y yo lo vimos levantar una tapita en el piso para luego empezar a darle trancazos a algo metálico. Poco después se escuchó ese sonido típico del tren de aterrizaje cuando baja. Todos suspiramos, y el hombre, quizás el copiloto del avión, regresó a la cabina. Al rato aterrizamos en el aeropuerto de Panamá, rodeados de camiones de bomberos y ambulancias. De salida me reencontré con mi novela. Sentí como si me hubiera reunido con un ser amado que hubiera estado pedido por años. En fin, yo creo que ese día estuve a punto de prestarle mi libro -y mi alma-, a la muerte, o si prefieres a La Muerte. Y no creo que ella hubiera tenido intenciones de devolverme nada. Ni mi libro, y mucho menos mi alma.

1 comentarios:

Álvaro Rafael dijo...

Tal vez la mejor forma de perder un amigo es prestándole un libro.
En estos casos, prestarlos-alejarse de ellos pareciera que es la mejor forma de perder la vida.