lunes, abril 28, 2008

Hasta que el agua la rebasó




Fue una noche lejana. La mujer caminaba por la orilla y yo me había escapado de la casa de mis tíos y me había ido a ver cómo era el mar de noche. ¿Nunca te dio curiosidad el mar de noche? Es otra vaina, es diferente. No sé cómo, pero es otra vaina. Da miedo, pero también te llama y te hace algo en el pecho, como si te lavara por dentro. Así que yo estaba ahí, mirando el mar, cuando vi a la mujer. Ella no se dio cuenta de mi presencia. Estaba y no estaba la mujer. Era como un fantasma. Pudo haber sido un fantasma. Sólo sé que yo me encontraba a cierta distancia, invisible quizás gracias a mi tamaño, la noche y la distancia, cuando la vi quitarse la ropa. Su cuerpo era hermoso. Su cabellera larga se movía con el viento. Luego, entró al mar. Caminó y caminó, hasta que el agua la rebasó. Se la tragó el mar, se la tragó la noche. Me quedé esperando un largo rato. Pero ella no volvió a salir. Yo me asusté mucho y me devolví a la casa de mis tíos. Pasé toda la noche sin dormir. Al día siguiente, nadie dijo nada. Nadie habló de una ahogada ni contó que una vecina había desaparecido. Nunca supe qué pasó esa noche. Es más, como te digo, no sé si fue un sueño o qué. Pero siempre, en noches como éstas, me viene esta historia a la mente.

2 comentarios:

LuisGui dijo...

¿Sabes? Me hizo pensar en la laguna del cuento de Miriam...
Pero me gustó mucho su simplicidad y la atmosfera que transmite.
Genial.

Fedosy Santaella dijo...

Hola, Luis Guillermo. Muchas gracias por el comentario. Ahora que lo dices sí tiene algo de la laguna de Miriam. Este cuento forma parte de una novela, es una covnersación que tiene un personaje con el protagonista y lo escribí por allá por el año 2006.
Seguimos, durex y larga vida al vino de Erszebeth.