sábado, diciembre 15, 2007

LOS HUMORISTAS NEGROS



Me gustaría conocer más a Enrique Jardiel Poncela, y con esto no quiero decir que dentro de poco me suicidaré ni nada por el estilo (el caballero Jardiel Poncela nació empezando el siglo XX y murió en 1952). Me refiero a que gustaría leer más sobre él. En casa tengo ¡Espérame en Siberia, vida mía! aún sin leer, y por ahí cargo un librito del que me he leído una gran parte, lo que me ha bastado para considerarlo un genio de la literatura y del humor. Ah, y cuando digo librito es librito, porque se trata de un ejemplar pequeño titulado Para leer mientras se sube el ascensor (selección de escritos breves), publicado por editorial Aguilar en 1977 en la colección Crisol literario, que estaba constituida por libritos de formato pequeño y no me pregunten las medidas que no soy editor.

Pero volvamos al maestro humorista.

Sé que Enrique Jardiel Poncela es español, madrileño, que un día dejó el periodismo para dedicarse a la literatura (lo que lo convierte en un héroe para todos), que por 1932 anduvo en Hollywood, contratado por la Fox para escribir películas, que vivió en Francia y en Argentina, que en 1938 vuelve a Europa, que huía de la guerra, que en San Sebastián encontró cobijo, que el 39 está en Madrid, que escribió un montón de obras de teatro, que era huraño, que no soportaba ni a los rojos, ni a los fachas, ni a nadie que no fuera él mismo y de vaina; que la crítica nunca lo entendió muy bien, o por lo menos, no totalmente; que junto con autores como Antonio de Lara, Tono, Edgar Neville, José López Rubio y Miguel Mihura, lo incluyeron en la llamada “generación de humoristas del 27” ; y que, precisamente, fue un gran escritor que renovó el humor en su país, inyectándole mucho de juego surrealista, ilógico e inverosímil a lo que escribía.

¿Y a qué viene todo esto? Viene a que entre las tantas maravillas que escribió el maestro Jardiel Poncela, se encuentran varios relatos detectivescos donde Sherlock Holmes es el protagonista. Es decir, Jardiel Poncela escribió pastiches, en este caso historias inspiradas en Sherlock Holmes, escritos por cualquier otro autor que no sea Conan Doyle, y que se comen con los ojos.

Estos pastiches fueron publicados en revistas varias a finales de los años veinte y luego recopiladas en un libro que pretendió ser una novela, o algo por el estilo. En algún momento, a este concentración de textos se le llamó Novísimas aventuras de Sherlock Holmes, luego Los 38 asesinatos y medio del castillo Hull y luego Los 38 asesinatos y medio del castillo Rock, para luego volver a convertirse en la misma cantidad de asesinatos pero de vuelta a Hull. Es decir, la historia misma de estos relatos o de esta novela, ya es un pastiche.

Según tengo entendido, gracias al señor José F. Colmeiro en La novela policíaca española, cuando en España al género policial se le ignoraba en los círculos cultos por incomprensión o por falta de talento para escribirlo, Jardiel Poncela estaba allí, echándole mano a través del humor.

No podemos decir que estas breves historias de Sherlock Holmes son policiales en el más amplio sentido de la palabra. Pero, ¿acaso son policiales en el sentido estricto del género las novelas de la incomparable o solamente comparable con Dostoievsky, Patricia Highsmith? ¿Es totalmente policial o negra Bengala de Israel Centeno, o La otra Isla de Francisco Suniaga? Acusarán a Jardiel Poncela de frívolo, de juguetón, de superficial; dirán que nada tenía que ver con su sociedad esos pastiches. Está bien, que digan lo que quieran. Yo creo que Jardiel Poncela estaba abriendo caminos, mostrando nuevas vías para el humor e introduciendo el género policial, así fuera a través de Conan Doyle y no de Hammett o de Chandler o de McBain. Estaba diciendo: en el género policial también cabe el humor, usémoslo, que podemos hablar de nuestra sociedad a través de esa mezcla. Porque el humor y el policial, se dan la mano, porque son herramientas de ataque a lo que está mal en la sociedad. El humor es un ataque. El policial es un ataque.

Muchos años después, la influencia de Jardiel Poncela llegará a Venezuela. Estará allí, en un autor de literatura venezolana que ha sido mirado con malos ojos por los representantes más altos del status literario: Otrova Gomas se llama nuestro hombre. Una de sus novelas, El caso de la araña de cinco patas, es un portento literario, cargado de humor y literatura policial. Sospecho aquí la lejana enseñanza del maestro, y no lo digo al aire, sino que incluso, en una entrevista que le realizó Roberto Echeto, el mismo Jaime Ballestas dice que no suele leer humor, porque alguna vez notó en algunos textos suyos la influencia clara de Enrique Jardiel Poncela. Pienso que, aunque estaba hablando de El hombre más malo del mundo, en El caso de la araña de cinco patas también está presente el legado de Jardiel Poncela: en el policial, en el humor. No obstante, la novela de Otrova Gomas se separa de sus orígenes y los supera, pues en ella, el protagonista no es un caballero inglés ocioso y drogadicto, sino un detective anónimo, más cercano al tipo duro norteamericano, y las acciones no se desarrollan en una país ajeno, sino en una metrópolis caribeña con una sociedad hundida en sus propias miserias. El caso de la araña de cinco pata, es una obra más que realista, hiperrealista. Eso es el humor, el humor lleva la realidad a sus extremos. Cabe aquí recordar la frase de Augusto Monterroso: “El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias.” Pues bien, la novela de Otrova Gomas, está montada sobre los andamios de la hipérbole, de la exageración. En El caso de la araña de cinco patas todo se vuelve más grande, más horrendo, más corrupto con el único fin de quitarle la máscara a los oscuros rostros del poder. Es increíble, uno la lee, y se da cuenta que todo sigue igual, que aún debe existir en alguna parte de Parque Central el archivo de las promesas electorales, que el poder no cambia, que la corrupción es un mal endémico en el alma de los hombres, que el mundo está jodido.

Así que ahí los tenemos. En los predios españoles, hace más de 80 años, Jardiel Poncela innovó desde el humor en su país, utilizando el policial en un momento en que no se le estimaba, atacando, atacando siempre, haciendo literatura alternativa, disparando desde la periferia a una sociedad que no quería mirar las nuevas propuestas, que pretendía mantenerse yerta, en el pasado. Por nuestro lado, acá en Venezuela, está Otrova Gomas, fajado también. Usa el policial y el humor, dos armas de las mejores para disparar contra el mal, y con ellas hace una novela realista-realista, realista al cuadro, o más bien hiper-hiper-realista, y les da duro a todos, a los malos que se quieren hacer pasar por buenos, y a los que se creen buenos y no saben que son peores que los malos.

5 comentarios:

pachamama dijo...

Quien pudiera volver a leer “El caso de la araña de cinco patas”!!!!! La leí hace tiempo y, a pesar de mi mala memoria, la recuerdo... Recuerdo que me encantó, que me dejó impresionada, que es una de las mejores novelas venezolanas que he leído, que nunca entendí porque casi ningún profesor de literatura tomaba en serio a Otrova Gomas, etc. Me alegra mucho leer sobre él aquí.

Hay otro español que junta humor y policial, Eduardo Mendoza. Has leído alguno de sus libros en los que sale un personaje espectacular que se escapa de un manicomio y se dedica a investigar todo tipo de casos (“Las aventuras del tocador de señoras”, “El secreto de la cripta encantada” –creo- “El laberinto de las aceitunas”)?

Saludos!!

Fedosy Santaella dijo...

Todavía se consiguen los libros de Otrova Gomas por ahí. No en grandes cantidades, pero he visto. También los puede pedir en su pàgina WEB. Muchas gracias por el dato de Eduardo Mendoza.

Saludos y seguimos.

LuisGui dijo...

¡Hola, señor! Excelente artículo, como siempre. Continúo mi batalla literaria, con algunos frutos aquí y allá. Estoy pendiente de enviarte correspondencia pronto. Felices fiestas. Un abrazo.

Diego Rojas Ajmad dijo...

Fedosy: estas reflexiones tuyas me alentaron comprar en una venta de libros usados el libro "Amor se escribe sin h". Recién acabo de terminar su lectura y de verdad que ese tal Jardiel Poncela se las traía. Conocía el humor de Wenceslao Fernández Flórez, pero las locuras de Jardiel son superiores. Un aire a Groucho Marx me quedó en los párpados...
Saludos.

Diego Fdez. Sández, autor teatral dijo...

Un genio, Jardiel Poncela. Animo, a quien no las conozca, a leer también sus comedias.