jueves, noviembre 08, 2007

BOOGIE, SUCIO NEGRO






En Argentina aman al Negro. Bueno, lo ama un sector grande, porque ni a Bolívar lo ama todo el mundo. Tampoco a Gandhi o a la Madre Teresa de Calcuta, “aunque usted no lo crea”. En Argentina dicen que el Negro es una especie de hombre renacentista. Claro, es argentino. Pero más allá de esto, es verdad que el Negro era genial. Aunque debo confesar que nunca he sabido por qué a alguien que no era negro, le decían el Negro –que en paz descanse, por cierto. Pero está bien que le llamaran así. Negro es uno de los sobrenombres más respetables que alguien pueda tener, sobre todo si se consideran las virtudes de la entrepierna que se le atribuyen a los miembros de la raza. Si ti dicen Negro, pues vete a Choroní o a Holanda. Te auguro excelente futuro.

Lo primero que uno lee cuando busca la biografía de Fontanarrosa en su página WEB, es lo siguiente:


"De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro".

Sí, Fontanarrosa, humorista gráfico y escritor, me ha hecho reír durante años. Sus piezas gráficas son geniales. Pero también debo decir que el Negro me presentó a uno de sus mejores personajes: Boogie el aceitoso, un duro mercenario de tira cómica. Sí, Boogie es muñeco de tira cómica, no una novela ni una serie de novelas, ni tampoco de cuentos. Pero les puedo asegurar que la lectura de Boogie el aceitoso es negra, muy negra, profundamente negra. Y ahí, Fontanarrosa, sí que es muy negro. Es más, lo digo sin empachos: las pequeñas historias de Boogie el aceitoso, son para mí lo mejor que hay en literatura policial en América Latina. Porque entre las obras maestras del arte negro-policial están el gran Boogie y Fantomas, la amenaza galante, personaje inspirado en el original francés y después popularizado en México por editorial Novaro. Recordemos que en México, a los cómics, antes de la llegada del cómic, se les decía “cuentos”.

En la biografía que podemos encontrar en la WEB y en el libro que trae todas las historia de Boogie editado por Ediciones de la Flor, leemos que Boogie nació en 1972 -ya adulto acoto yo para decir que quien no tiene infancia puede que se vuelva maluco-, que es soltero, de domicilio desconocido y que entre sus señas particulares está la de andar todo el día con un cigarrillo en la boca. Su hobbie es coleccionar armas y dispararle a la gente desde la ventana de su apartamento. Su personaje favorito es Jack el destripador y el más odiado: el resto de la humanidad.

En alguna otra parte, Fontanarrosa nos dice que Boogie nació en pleno apogeo de las aventuras de James Bond. Pero Boogie no es inglés, sino americano, ni tampoco un agente especial con permiso para matar, sino un asesino, un mercenario que aprendió a matar en Vietnam y en Nicaragua. Trabaja para el mejor postor, sin mirar para los lados; persigue y mata judíos, negros, homosexuales y chicanos; y hasta protagoniza el aviso publicitario de la "44 Magnum de luxe". Pero no crean, a veces muestra su lado humano: es capaz de caerle a golpes a una mujer hasta dejarla hecha molicie con el sólo fin de aplacar un terrible ataque de histeria que a ella pudiera ocasionarle graves daños, y, sin rechistar ayudaría a un suicida al que el falta coraje para matarse. Tomemos en cuenta, y esto también lo dice Fontanarrosa en alguna parte, que aquellos tiempos eran los del fulgor cinematográfico de Harry el Sucio, aquel detective rudo protagonizado por el maestro de maestros, Clint Eastwood. Nuestro matón, más que James Bond, se parece a Harry, y también a los vaqueros que protagonizó Eastwood en las películas de Sergio Leone.

Por lo que podemos ver en los cómics, Boogie es rubio (rubio era Sam Spade a pesar de Bogart), fornido y con cara de pocos amigos. A veces anda en sobretodo y otras en guayaberas con estampados tropicales.

Un excelente trabajo de Judith Gociol que se encuentra en la WEB y también en la colección que menciono se puede leer lo siguiente:

“Seguramente Boogie casi no leyó libros en su vida, pero -de no haber nacido en una historieta- bien podría haber sido uno de los personajes del género policial negro (Boogie "¡sucio negro¡") que aparecieron en los Estados Unidos a partir del crack de la Bolsa de Wall Street, en 1929. El mismo tipo de violencia -urbana, callejera, hostil- que se acentuó en la sociedad con la crisis económica, permeó los relatos: el gangsterismo, el tráfico de droga, los manejos sucios en la policía, la corrupción.”

Este ejemplar aceitoso, es decir, al que todo le resbala, se mueve en un mundo similar, transitando las oscuras capas donde la violencia, el dinero y el poder se dan la mano. Sí, ahí está Boogie, amoral, frío, peligroso, dispuesto a hacer lo que se le mande a cambio de unos buenos billetes. Boogie está roto, en alguna parte del camino perdió el alma, y desde entonces el mundo le da igual. Pero es extraño: a pesar de ser un personaje detestable, uno como lector está allí, con él, sintiéndose seguro a su lado, sintiéndolo un amigo. Quizás, muy adentro, lo entendemos: el mundo es una mierda y nadie merece compasión, y, basados en esa oculta premisa que yace en alguna parte de nuestro espíritu, acompañamos a Boogie en sus aventuras. No obstante, sabemos que el mercenario impasible es un medio del autor. Boogie es la parodia, el ataque de Fontanarrosa a todo lo que está mal en la sociedad. Boogie está dentro de la porquería, como lo están los detectives de Hammett y Chandler. El recurso del crimen visto desde el criminal está llevado al extremo con Boogie, porque, al contrario de los protagonistas de Hammett y Chandler, Boogie es el asesino, el malo de la historia. Y nosotros, qué ironía, lo queremos.

En el film Apartment Zero (1988) de Martin Donovan encontramos a uno de esos asesinos a sueldo que estuvo en Argentina durante los tiempos de la dictadura. Jack Carney es un descendiente de aquel Boogie de los setenta. En La bicicleta de Leonardo (1996) de Paco Ignacio Taibo II (premio Hammett) también tiene vida un personaje similar. Se trata un ex combatiente de Vietnam y agente de la CIA que quiere recuperar el dinero de un cargamento de droga que le dejó a un búlgaro en la retirada de Saigón.

Pienso que estos personajes, directa o indirectamente, son herederos de Boogie; así como Boogie le debe mucho a James Bond, a Arsenio Lupin, a Harry el Sucio y a los detectives de Hammett y de Chandler.

Así que larga vida a Boogie el aceitoso. Y si a alguien no le gusta, pues a él le resbala, porque ya nuestro mercenario impertérrito se ha hecho de un lugar en la historia. Por lo menos, en mi historia literaria y humana. Ah, y a mi también me resbala si a alguien no le gusta.

1 comentario:

LuisCarlos dijo...

Pues a mí me ha gustado, Fedo. Aunque eso no te importe. El Boogie, y el Fontanarrosa son de lo más grandioso que tiene este continente.
La muerte del Negro todavía es un vacío grande que ni sus amigos (geniales como él) han podido explicar, cosa que se agradece, porque la revisita a sus textos, y a las miradas de sus otros lectores resulta un algo hermoso.
Me río y me seguiré riendo con Fontana, gracias por capturarlo.