martes, abril 10, 2007

HOLODOMOR



Ayer comimos rata, antes de ayer también, y lo mismo hace dos semanas. Estoy harto de las ratas. Ya me van a salir bigoticos, una cola larga y pelada, y me va a empezar a gustar el queso (el cual detesto). Aunque estas ratas, con esta hambruna, tienen tiempo que no prueban ningún producto lácteo, y yo con esta inanición, no tendría problema en comerlo, si lo hubiere.

Le dije a Iván que estaba harto ya, que está bien que uno se vea obligado a comer cualquier cosa, pero que hay que cambiar el menú de vez en cuando. Iván vociferó, como siempre vocifera, la frase de costumbre: “Dile esa vaina al hijodeputa de Stalin”. Yo lo mandé a la mierda, lugar cada vez más complicado de conseguir, porque si no se come, no se defeca.

Salí a la calle a cazar algún perro. No es fácil encontrar uno en estos días. Antes, al principio, había de sobra. Los amantes de las teorías de la conspiración dicen que los kulaks se los llevaron todos. Yo, que alguna vez fui seredniak y que pude conocer a uno que otro kulak de cerca, doy fe de que a los kulaks no le gustan los perros –prefieren los gatos, que son más finos. Hay quien dice que a Stalin sí, pero no me imagino a Stalin saliendo a cazar perros por toda Kiev. Stalin no hace esas cosas. Las hace peores. Esta colectivización de la agricultura, por ejemplo.

A veces me pregunto si a Vladimir le va mejor en Siberia. Él lo dijo, con insistencia lo decía. “Stalin lo que quiere es matarnos a todos”. Se lo llevaron por andar utilizando pleonasmos. Eso de poner en una misma frase el nombre de Stalin y el verbo “matar” es sin duda un pleonasmo. En fin, su recurso literario parece que causó sensación entre los del gobierno. La gente que lo vino a buscar estaba tan ansiosa de que mi amigo se fuera de vacaciones que ni lo dejaron hacer las maletas. Un viejo chiste dice que los ucranianos nos vamos de vacaciones a lugares más fríos aún. Porque nos gusta el frío, claro. Los cosacos ucranianos siempre fueron unos tipos rudos, amantes de la vida austera. A lo mejor nos viene de allí.

Total que Vladimir estaba tan emocionado con su partida que no se despidió de nadie. Las malas lenguas dicen que se fue de noche para que nadie le pidiera cosas. Ya sabes, cada vez que alguien se va de vacaciones, sale un pendejo con alma de bednyak a hacer un encarguito. Tráeme conserva, tráeme un grillete, tráeme esa franela tan bonita que dice “I luv Siberia”. Comprendo a Vladimir, la gente es un fastidio. Yo también me hubiera ido sin despedirme.

La noche de su partida debió de haber sido igual a esta. ¡Qué fría noche, qué solitaria! Ni siquiera hay ratas. Mucho menos perros. Pero yo tengo hambre, demasiada hambre. Voy a tener que hacer lo que no he querido hacer hasta ahora. Sólo tengo que aguardar en una esquina. Sólo tengo que esperar que pase otro que también salió a buscar una rata o un perro. Debe ser alguien más flacuchento que yo. Quiero un combate corto. Sé que existen otras teorías. Otros dicen que mejor es jugársela con alguno que tenga más carne. Mientras más carne, menos la necesidad posterior. Pero ésta es mi primera vez. Mejor no me arriesgo con nadie más grande, ni con más carnes. Un niño, un niño puede ser. Tengo hambre. Dos niños. Tengo mucha hambre. Tres niños... No, ya tres niños es una pandilla. Una pandilla de niños es peligrosa. Ya he escuchado hablar de esos grupetes. Los recuerdo trabajando duro, sacando el trigo de la tierra, cargándolo a los graneros. Los niños en pandilla, son como una manada de lobos.

Me oculto en una calleja. Me pego a una pared. Ahí estoy cuando siento que algo moja mi pierna. Bajo la mirada. Es un perro, escuálido, silencioso, de ojos grandes y tristes. Me ruega, me suplica. Ya sabes, el hambre despierta ciertas dotes especiales en los seres humanos. Pareciera que abriera ciertas puertas a la búsqueda de algún mendrugo, y la dejara abierta al salir (al no encontrar nada). Una de esas puertas da paso a los cuartos donde dormía la telepatía. Sí, ahora soy telépata, y puedo escuchar lo que el perro me está diciendo. Me está pidiendo que lo saque de esta patética vida, que ya no aguanta, que anhela que su muerte tenga un sentido. Suspiro aliviado, y le doy un tubazo en la cabeza.

Voy con mi perro al hombro. Sonrío, casi brinco de la emoción. Por un día más, he evitado convertirme en un caníbal. Ya me tocará, tampoco me preocupa mucho el asunto. No te creas.

Tengo hambre, coño, mucha hambre. Hoy por lo menos no comeré rata. Patica de rata, panza de rata, cola de rata... A lo lejos, puedo escuchar la voz -o el pensamiento- de Iván… “Dile esa vaina al hijodeputa de Stalin”.

4 comentarios:

Artecomestible dijo...

Dios, me puso los pelos de punta.
tus cuentos son grilletes que uno arrastra con una bola pesada en el pie, no me dejan moverme.
Besos
Carolina

Lemur dijo...

Di una primera lectura, un vuelo rasante como dicen. Me llamaron la atención las nuevas y extrañas palabras: "Kulak", "Serednick", "Bednyak".

Sin entender ni una "K", me dije "Fedosy Tolkien, pues". Pero gracias a mi ignorancia, esa que me obliga a pelar siempre por el diccionario o por la Internet (en este caso fue Internet), y después de una segunda lectura, pude ver la luz al final del relato.

Maestro, usted siempre tan incisivo...

joaquin dijo...

que maravilla broder!!!

Ivan Denisovitch goes Rat King!!!!

Anónimo dijo...

Dios.. comprendo que quieres escribir un cuento. Pero sabes que está basado en una brutal realidad. Mi familia sobrevivió porque vivía en Kyiv, una de las ciudades a donde llegaban arrastrándose los campesinos moribundos.. Mi madre tenía 16 años.. les daba pedacitos de pan (que era lo que se conseguía).. Fué demasiado fuerte y éso sucedió en "época de paz". Fueron varias hambrunas, pero ésta fué programada. Además de destruír las cocinas, matar pájaros y animales, regar sal y demás en las tierras, decomisar toda la comida, poner a los niños con lonjas de pan mojadas en kerosén para agitarlo ante ingenuos periodistas que pasaban en coches por aldeas.... se llevaron a dicen un millón a bosques y los abandonaron, otros fueron deportados a Siberia.. otros simplemente asesinados .. Pero la idea era "castigar" a los agricultores por no someterse a la colectivización. Era eliminarlos por un método que podría parecer "natural"...

Por eso se llama Holodomor (Genocidio por Hambre) Fueron varios los ejecutores de las órdenes del asesino que no toleraba a una nación indoblegable.

Cuando al degenerado Kaganovich le preguntaron a los noventa y dos años o algo así si no se arrepentía de haber cumplido las órdenes de Stalin, dijo "Si, me arrepiento de no haber podido exterminar a TODOS los ucranianos". Me enfermé cuando ya yo, siendo una adulta de 30 años supe algunos detalles que mi madre me entregó por escrito.. (ella rompió esos escritos..) Pero los últimos años lloró todos los días por éso y por todas las monstruosidades de lo que en realidad fué un exterminio de décadas...
Todavía es una pesadilla para mí, que nací en latinoamérica y no lo viví... Imaginense para quienes vivieron esos 500 días viendo morir gente, de forma brutal, cruelísima.

Es un cuento.. pero hay que aclarar que fué realidad. Que nunca se sabrá cuántos murieron de manera tan terrible y lenta viendo morir a los suyos.
Ocurrió, y la realidad es que se estiman entre 10 y 15 millones de ucranianos muertos de manera lenta y aquéllos que en medio del horror aún tenían algo de fuerza eran forzados a enterrar a los muertos en fosas comunes hasta que les tocaba a ellos... En las calles había muchos muertos y otros otros muriéndose... 25.000 diaríos murieron en esos días.
En "época de paz", 1932-33...
Que nadie se engañe creyendo a quienes lo niegan. Que la historia la escriben los vencedores.