miércoles, enero 03, 2007

LA RESMA

Nada más hermoso que una hoja en blanco. Mi papá siempre me traía hojas de la oficina. La resma completa, que es aún más hermosa. Me gustaba hacer trazos sobre ella. Abominaba de la delgadez de la hoja sobre la mesa. Mi delirio era la resma. Ese blando cobijo que me invitaba a imaginar, a crear sobre la nada.

Yo dibujaba entonces. Aún guardo esos dibujos. Se me ocurre que debería escanearlos, fotografiarlos. Esos dibujos de cuando yo dibujaba. Hasta hice un curso por correspondencia. Por ahí tengo los libritos también.

El hecho es que jamás le tuve miedo a la hoja en blanco. La hoja en blanco me llamaba. La hoja en blanco me amaba y yo la amaba a ella. Y la resma, la resma era el éxtasis, lo único por lo que valía la pena morir en aquellos años en que la muerte no ha tomado aún la consistencia de una derrota en nuestro panorama existencial.

3 comentarios:

Diego Rojas Ajmad dijo...

Y el Paraíso debe tener forma de papelería...
Feliz año, amigo.

Artecomestible dijo...

Ahhh, es lo mas romántico que he leído...eso es amor a primera vista, te revoloteaban las maripositas en el estomago.

Mil Orillas dijo...

El olor de la resma, Fedosy...


cariños mil