
¿Se puede dejar de amar de la noche a la mañana? ¿Qué manto fue descubierto, qué rostros fueron develados? Quizás estamos hablando de un proceso lento, de una gangrena que poco a poco infectó el brazo del amor, la pierna del deseo. Quizás el médico del alma que aplicó la sangría dejó demasiado tiempo las sanguijuelas sobre la espalda de los enfermos. Quizá nunca hubo amor, quizás todo fue una pantomima de solitarios. Pero acabarse el amor, así como así, de la noche a la mañana… Quizás sí, quizás hubo bocanadas como filos, palabras deformes que no respetaron el pacto originario. El menosprecio, la incordia, la inquina.
El estar enfermo tampoco justifica. ¿Pero qué adolecían ellos? Él mostraba la verde costra del rasgo sicopático. Quizás el alejamiento temprano del nicho familiar, el consentimiento a distancia, la vida de niño rico en Caracas, las drogas, el alcohol. Ella, evidenciaba el liso metal de la obsesión, el milimétrico reloj atómico que acusa golpes de esquina en el pasado. Una infancia ruda, de un padre que nunca se atrevió a ser militar. ¡Cuánto nos duele el pasado!
Las sábanas no pudieron arropar el dolor. La noche fue hueca, y repitió por un largo pasillo insomne el eco de sus delirios. Él salió a la calle, evitando batir la puerta, huyendo del cliché de una historia barata y para no despertar al niño. Caminó en la oscuridad de la pacífica avenida, buscaba el aire de la noche, un bálsamo sobre las venas volcánicas. Los árboles intentaron acariciarlo, llenarlo de su sabiduría milenaria. Ella se quedó vacía en el silencio, ni siquiera lloró, ya no tenía lágrimas. El niño dormía en el cuarto, ajeno al abismo al que se habían lanzado sus padres. Él regresó, le dio la espalda en el lecho. No hablaron. Con los ojos abiertos en la oscuridad, veían lo que en aquel momento se mostraba cómo el destino más inmediato de su amor; una oquedad de dónde la luz se había dado a la fuga.
El estar enfermo tampoco justifica. ¿Pero qué adolecían ellos? Él mostraba la verde costra del rasgo sicopático. Quizás el alejamiento temprano del nicho familiar, el consentimiento a distancia, la vida de niño rico en Caracas, las drogas, el alcohol. Ella, evidenciaba el liso metal de la obsesión, el milimétrico reloj atómico que acusa golpes de esquina en el pasado. Una infancia ruda, de un padre que nunca se atrevió a ser militar. ¡Cuánto nos duele el pasado!
Las sábanas no pudieron arropar el dolor. La noche fue hueca, y repitió por un largo pasillo insomne el eco de sus delirios. Él salió a la calle, evitando batir la puerta, huyendo del cliché de una historia barata y para no despertar al niño. Caminó en la oscuridad de la pacífica avenida, buscaba el aire de la noche, un bálsamo sobre las venas volcánicas. Los árboles intentaron acariciarlo, llenarlo de su sabiduría milenaria. Ella se quedó vacía en el silencio, ni siquiera lloró, ya no tenía lágrimas. El niño dormía en el cuarto, ajeno al abismo al que se habían lanzado sus padres. Él regresó, le dio la espalda en el lecho. No hablaron. Con los ojos abiertos en la oscuridad, veían lo que en aquel momento se mostraba cómo el destino más inmediato de su amor; una oquedad de dónde la luz se había dado a la fuga.


8 comentarios:
Hermano, leo esto deseando que no haya nada entre líneas.
Leo esperando que toda la angustia y el pesar que siento a causa de estos párrafos, no sean más que el éxito de su autor, al intentar transmitir, o mejor dicho, trasladar al lector a otro mundo.
Un mundo de sensaciones y sentimientos, que desconocidos o no, se pueden tantear, se pueden vivir a través de estas letras.
Maestro, me ha conmovido usted.
Saludos
son líneas de la imaginación, viejo Lemur.
Salud
Igual que lemur, me llegó muy adentro esa angustia y pesar de tu texto. Quizás porque lo he sentido, quizás porque me lo han contado muchas personas amigas, quizás porque muchas parejas terminan en esa "oquedad de donde la luz se ha dado a la fuga".
Y a veces la respuesta no está en la muerte del amor, sino en el despertar de la fantasía que nos hemos creado.
Ahhhhhh... duro!
Hola. Muy bueno tu post. Ojalá los míos fueran al menos un 15% menos malos. Te invito a leerlos para que sientas pena por mí.
La loca de la casa!!!!
De la casa que se quedó sin luz
Un retrato de cualquier casa
Generaciones psicopáticas transmitiendo su sangre
Por ahora, se podría decir que a pesar de lo espeluznante, no es la historia más fea
En unos meses más de oscuridad, aparecerán heridas donde hay abismos.
Son nuestros fantasmas habituales
Y a mí que me pareció conmovedor...
No siento angustia, sino algo entre la melancolía y la ternura...
Puedo dar fe...de que a pesar de ser una historia producto de la imaginacion....se vive, en muchos cuartos las mismas letras.
Nunca lo he sentido... creo, pero en algun momento todos encontraremos , como dijo otro lector que la respuesta no está en la muerte del amor, sino en el despertar de la fantasía que cada uno se crea.
http://colecciondecachivaches.blogspot.com/
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