miércoles, noviembre 22, 2006

LOS DOS EMILIOS DE SAMUEL ROBINSON



Una noche soñó con vampiros que cruzaban el cielo. Y Emilio estaba allí, de pie. Era el otro Simón, aquel muchacho que había tomado bajo su cuidado, el experimento que había tenido que interrumpir por culpa de sus juegos conspirativos.

Emilio, plantado como un árbol ancestral en el medio de su sueño, era el niño Bolívar. Pero también era un hombre vampiro con máscara y capa de extraño aspecto. Su Emilio y el hombre vampiro eran un mismo ser. Ambos huérfanos, ambos millonarios, ambos necesitados de su ayuda, muñecos de paja sin cerebro y sin corazón.

Sonrió y se paró detrás del ser biforme. Se convirtió en su sombra, en su fuerza, en los órganos que le faltaban.

***

El joven Bruce soñó con un hombre oscuro que se paraba a su espalda. El hombre atezado lo llamó Emilio. Él giró rápidamente. Podía tratarse de un atacante. Pero al terminar la vuelta, la silueta aún estaba detrás de él. Miró al piso. Sus sombras eran una sola. Pero había algo extraño, algo nuevo en su sombra. Parecía portar una capa y unos extrañas prolongaciones salían de su cabeza. Eran un par de triángulos diminutos.

-Millonario y huérfano, eres Emilio –dijo el hombre.
-¿Qué quieres? –espetó su voz a aquella presencia invisible que cubría su espalda.
-Quiero que seas Emilio.
-¿Quién es Emilio?
-Si no te conviertes en Emilio te destruiré.

Volvió a intentar un movimiento para dejar al descubierto al hombre oscuro. Dio un salto considerable. Pero donde se suponía que debía estar el suelo, sólo encontró el vacío. Cayó y cayó, cayó sin cesar. Se preguntó cuándo se despertaría, cuándo se acabaría la pesadilla, pero no despertó. Su caída y su angustia fueron eternas.

***

Al día siguiente, Samuel Robinson dejó aquella playa solitaria. Caminó hacia la columna de humo. Volvía a Kingston, al mundo. Tenía por fin una idea clara, por fin aquellas partes separadas que lo habían conformado, todas sus lecturas, su vacío, su desapego, su particular manera de ver las cosas, se unían y tenían sentido. Él debía trabajar, debía socavar las bases del mundo para fundar uno nuevo, para hacerse dentro de él una historia, y borrar para siempre las sombras de su pasado.

***

El joven Bruce se despertó con una inquietud: quería ocultarse destrás de un antifaz. Pensó en el rostro de un vampiro cruzando el cielo nocturno.

3 comentarios:

Luis Barrera Linares dijo...

Estimado Fedosy, después de leer tus textos de hoy, acabo de abrirte un enlace en mi blog. Espero que estés de acuerdo. Gracias por tus comentarios recurrentes a mis dudas melódicas. Muy atractiva tu caja y sus callejones. Saludos, LBL.

Fedosy Santaella dijo...

Luis, el tuyo es un blog necesario. El enlance lo abrire yo por mi parte.

Saludos

Arcangel Vulcano dijo...

¡impactante, muy inquietante, sugerente! Me encantó...Saludos