
Y el payaso Manganzón contó en la fiesta infantil:
“Cuando me voy a montar en un escalera mecánica de un centro comercial o de cualquier otro sitio público que hace gala de tecnología, siempre tengo cuidado. Si veo que delante de mí viene un gordo o una gorda, y nadie más va entre nosotros, me espero unos segundos para subirme a la escalera, lo que me coloca a unos diez escalones de aquel gordo. ¿Por qué? Muy sencillo, así evito que las nalgotas sudadas de aquel gordo o de aquella gorda queden frente a mi cara, y su orificio apretujado frente a mi susceptible nariz. ¿Nunca han pensando en esto? ¿No se han dado cuenta? Pues ya es hora de que despierten y abran los ojos ante la cruda realidad. No dejen que la contaminación ambiental sacuda sus membranas olfativas.
En cambio, si veo que lo que va frente a mí, es un culito de esos riquísimos, ¿qué hago? Pues me apresuro a quedar por lo menos a unos cinco o menos escalones de distancia, para que así mi cara y mi nariz queden allí, frente a ese paisaje frondoso. Si un culito así se tira uno, ¿a quién le importa? Sarna con gusto, no pica.
Ya saben, amiguitos, sigan consejo y lleguen a viejos.”


5 comentarios:
Peo es peo mi hermano venga del culo que venga!
Manganzón no parece pensar lo mismo. Pero ese es Manganzón que es todo un manganzón, mi hermano.
Si a ti te mataran y murieras...no se perdería nada.
Fedosy, tu recomendación de Calasso a sido un gran aporte a nuestro blog. Ya le dije a Silvia.
Saludos,
Eurídice
Gracias, Euridice, a la orden.
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