Un día Malaspulgas, el gran sicólogo que sabía a ciencia cierta que en el mero centro de la mitad del medio del alma humana sólo había cuatro cucharachas caníbales devorando neuronas y trozos de espiritualidad, un día, Malaspulgas salió a la calle y notó que podía leer el pensamiento de los hombres.
Caminó varios kilómetros, llegó a la escuelita donde trabajaba, atravesó los pasillos, salió y cayó de rodillas en una plaza. Lloraba desconsolado y negaba con la cabeza.
¿Qué hacían todas esas personas pensando en las sonrisas de sus hijos, en lo escasa que era la quincena, en la película que iban a ver más tarde, rememorando tristemente la playa paradisíaca que alguna vez visitaron, un beso inolvidable, un chiste alentador; añorando las sábanas del cuarto, la lamparita de noche, el libro que se estaban leyendo, la serie que con tanta fidelidad seguían, saboreando las tetas de la vecina y la pornográfica que habían alquilado para el fin de semana, imaginando cómo le quedarían aquellos zapatos que habían visto en la vitrina del centro comercial, pensando en cualquier cosa, menos en cucharachas caníbales?
De pronto, todas las voces y todas las preguntas callaron. El universo fue una caracajada muda, y los ojos desorbitados de Malaspulgas vieron pasar cuatro cucarachas enfiestadas. Venían de tomarse unas birras en el Club Social “Los mata siete” y se dirigían a jugar dominó y a seguir dándole al codo en el bar “La cochina”.
¡Qué felicidad la de esas cucarachas!
viernes, julio 21, 2006
La felicidad de las cucarachas
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6 comentarios:
esta muy bueno tu post, nadie se detiene a pensar en lo que te acaba, solo pensamos en lo que nos impulsa a vivir, la sonrisa de los crios, el zapato que anhelamos, la cama calidad que dejamos y que pronto veremos, el beso que adormce nuestro pensamientos, el amor que dejamos atras y que esperamos volver a ver, y hasta las tetas de la vecina deseando toparnos hoy con ella, todas las cosas que pueden ser para vivir es lo que nos motiva a seguir, por eso ... para pensar en el mal cucarachido que nos carcome si hay que vivir hasta que nos devoren
Hoy para mi, "el universo fue todo una carcajada muda", como tu cuento.... como una cucharacha feliz, embuchandome de birras. No hubiera querido que fuese muda, pero fue muda y poderosa. No es que la vida sea bella. La vida es cruelmente bella. Te da la crueldad y da la belleza.
C. plateada
uppps
Fedosy: se me ocurre que este texto haría las delicias de Kafka. Aprovecho para invitarte a frecuentar mi blog, justo cuando te plazca: http://javiermirandaluque.blogspot.com/ Abrazo metamórfico, Javier Miranda-Luque.
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