Sepan lo que le pasó a Sinseso ayer. Resulta que nuestro querido amigo se encontró con que se le estaban acumulando las bolsas de basura en casa, y ya era hora de botararlas. Su mujer estaba de viaje, y él, como buen varón domando actúa sólo bajo sus órdenes. Pero ya eran demasidas bolsas en el rincón del lavandero y le preocupaba que su hijo Joaquín fuera a enfermarse por culpa de su negligencia.
Así que Sinseso salió a botar la basura. Estaba en interiores y con una franela que no sabía cómo carrizos había llegado a su casa y que decía POR AHORA (la usaba mucho porque era fresca, liviana). Como era sábado en la tarde y el bajante quedaba ahí mismo, no le dio importancia a su facha, abrió la puerta y subió las escaleras, vía el bajante.
Mientras arrojaba la segunda bolsa, escuchó que la puerta de su apartamento se cerraba. Tardó unos segundos en comprender. Unos segundos en los que se quedó como un robot desconectado con la bolsa en la mano. ¿Qué había pasado? Simplemente que su hijo Joaquín, que ya tenía un año, que caminaba y además tenía la manía de cerrar todas las puertas, le había dado por cerrar ésta. Y claro, Joaquín sabía cerrarla, pero no abrirla. Así que Sinseso tardó unos treinta segundos en comprender, pero al final lo vio todo clarito: se había quedado fuera de su apartamento, en interiores, con una franela que decía POR AHORA, y su hijo estaba adentro, absolutamente solo. Cualquier cosa podía pasar.
Presa del pánico y olvidando la vergüenza, Sinseso bajó hasta donde la conserje, la cual pegó un grito y cerró su puerta al verlo. Sinseso insitió y le suplicó que llamara a los bomberos (un cerrajero tardaría demasiado), que su hijo se había quedado dentro de su apartamento y él, su padre, afuera y sin llave.
Así que Sinseso salió a botar la basura. Estaba en interiores y con una franela que no sabía cómo carrizos había llegado a su casa y que decía POR AHORA (la usaba mucho porque era fresca, liviana). Como era sábado en la tarde y el bajante quedaba ahí mismo, no le dio importancia a su facha, abrió la puerta y subió las escaleras, vía el bajante.
Mientras arrojaba la segunda bolsa, escuchó que la puerta de su apartamento se cerraba. Tardó unos segundos en comprender. Unos segundos en los que se quedó como un robot desconectado con la bolsa en la mano. ¿Qué había pasado? Simplemente que su hijo Joaquín, que ya tenía un año, que caminaba y además tenía la manía de cerrar todas las puertas, le había dado por cerrar ésta. Y claro, Joaquín sabía cerrarla, pero no abrirla. Así que Sinseso tardó unos treinta segundos en comprender, pero al final lo vio todo clarito: se había quedado fuera de su apartamento, en interiores, con una franela que decía POR AHORA, y su hijo estaba adentro, absolutamente solo. Cualquier cosa podía pasar.
Presa del pánico y olvidando la vergüenza, Sinseso bajó hasta donde la conserje, la cual pegó un grito y cerró su puerta al verlo. Sinseso insitió y le suplicó que llamara a los bomberos (un cerrajero tardaría demasiado), que su hijo se había quedado dentro de su apartamento y él, su padre, afuera y sin llave.
Pasados quince minutos llegaron los bomberos con su parafernalia y su corneta escandalosa. Todos los vecinos del edificio salieron a averiguar qué pasaba y terminaron viendo a Sinseso en interiores y con aquella franelita. Muchos lo miraron feo (los que se fijaban en la franela), y alguna que otra dama madura con cierta lubricidad (las que miraban el bulto.)
Cuando los bomberos abrieron la puerta, Sinseso pegó una carrera y encontró a su Joaquín en el baño. Todo el papel higiénico estaba regado por el piso (el usado y el sin usar), y Joaquín jugaba de lo más feliz con el agua de la poceta. Al llamarlo, el chiquitín volteó y se sonrió. A Sinseso, aquella sonrisa, le devolvió el alma al pecho.
Cuando los bomberos abrieron la puerta, Sinseso pegó una carrera y encontró a su Joaquín en el baño. Todo el papel higiénico estaba regado por el piso (el usado y el sin usar), y Joaquín jugaba de lo más feliz con el agua de la poceta. Al llamarlo, el chiquitín volteó y se sonrió. A Sinseso, aquella sonrisa, le devolvió el alma al pecho.
***
Moralejas varias:
* Siempre lleva las llaves de tu casa contigo cuando vayas a botar basura.
* No salgas en interiores al pasillo, no vaya a ser que una vecina fea te bucee.
* Usa franelas ovejita sin frases politiqueras.
* Y no te olvides de bajar la poceta siempre que la uses, si no quieres que tu hijo termine jugando con un submarino. ¡Asco!



8 comentarios:
¡Santo Dios! Fafrifio Sinseso puso la torta hasta lo más hondo. Lo peor es que en este mismo instante debe estar otra vez en interiores y a punto de salir a botar otra vez la basura... Al menos, compadre Sinseso, métase las llaves allá en los rincones para que los bomberos no tengan que volver a tumbarle la puerta.
Hard.
Sin seso, pero con pudor; combinación nada envidiable.
Saludos, Maestro.
Probablemente, mientras Sinseso tecleaba sus recién ocurridas desventuras en la computadora, Joaquín se merendaba los cosméticos de mamá. Así son ellos.
Refuerza la moraleja de las llaves; hay que ser paranóico y obsesivo con las llaves.
Y en cuanto a la pantaleta, el machismo toca hasta eso, una mujer no podría de ninguna forma salir en panty a botar la basura, sea como sea ella.
Agradecida por haberme reído tanto.
Otra moraleja:
*Si tienes un niño de casi un año, déjalo en su corral.
Esta cuestión me ha matado de la risa!
--Escribo desde el más allá.
Saludos, estimado. Una sugerencia para los Hermanos Chang (Aprovechando su fábrica de pantaletas):
Interiores con bolsillo (Para las llaves, no para el bulto...)
Franelas con bolsa de Canguro (no bulto, ese va en los interiores. Tampoco para la basura, es para Joaquincitos...)
Bolsas de tela de franela (En casos de emergencia, se vacían y se usan como falda...)
Yo creo haber visto esos interiores, en un capítulo de MacGyver. Pero no recuerdo qué se sacó del bolsillo...
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