miércoles, septiembre 28, 2005

Perder el tiempo de la mejor manera.



Cada vez que nos vemos en el ascensor, respondes a mi amable pregunta sin titubear, siempre con las mismas palabras. Me dices que estás ocupado, ocupadísimo, full de trabajo, y lo dices con orgullo, con importancia, hasta con cierto tono de soberbia. Y te lo juro, de verdad que te lo juro, que has logrado tu cometido. Me has hecho sentir mal, amigo, me has hecho sentir el ser más inútil, el más vago, el más inservible, el más perdedor, el más obeso de los gusanos echado al sol de este gran planeta sobrecargado de oficinas que no cesan. ¡Qué importante puedes llegar a ser porque estás ocupado! Más de una vez alguien lo ha dicho: “No, fulanito, ésa es una persona muy ocupada”, lo que quiere decir: “Fulanito es alguien muy importante que gana mucho dinero”. Te confieso, amigo, que te he visto acelerado, nervioso, como inquieto porque el ascensor no puede ser más rápido, sólo pensando en la reunión urgente que te espera, y he querido ser tú, te lo juro. No puedo describir la zozobra que me has dejado. Luego que te vas, que me dices adiós así rapidito y sales corriendo, yo empiezo a revolucionar mi mente, a buscar cosas qué hacer, impelido por la urgente necesidad de sentirme ocupado, de sentirme importante. Luego de un rato de buscar sin éxito una ocupación realmente importante, me estreso, me estreso porque descubro que no tengo nada qué hacer y, llegado a este punto, me deprimo. Soy, mi amigo, un inextricable perdedor de tiempo. No hay manera de romper este maldito embrujo, no hay manera de que yo no deje de perder el tiempo. Ahora mismo lo estoy haciendo, ahora mismo pierdo el tiempo escribiendo esta vaina. ¿Qué te parece? ¡No tengo remedio!
Sin embargo, y para justificar mi soberano fracaso, quisiera pensar de otra manera. Quisiera pensar que perder el tiempo no es cosa mala. Que perder el tiempo, además, es relativo. Sí, el otro día una conocida virtual (¡ay, los blogs, otra manera de perder el tiempo!), me hizo reflexionar sobre esto. Sí, amigo, déjame creer que perder el tiempo es algo relativo, y que, al comparar la pérdida del tiempo propio con el ocupado itinerario de otros, mi fuga de tiempo no queda tan mal parada. Es cuestión del cristal con que se deja pasar la luz de ese tiempo. Yo, por ejemplo, prefiero perder el tiempo leyendo La historia interminable, que andar muy ocupado viendo cómo cada día acumulo más poder sobre los demás, ¿me explico? Yo prefiero, y lo digo de verdad, perder el tiempo leyendo Corín Tellado, que saturar mi tiempo intentando propagar el odio entre hermanos a través de cualquier medio de comunicación. Prefiero perder el tiempo viéndole la carita a mi hijo de cuatro meses, que andar diciéndole a la gente en los ascensores con los ojos desorbitados que estoy muy pero muy ocupado. Perder el tiempo, definitivamente, es relativo. Y estar ocupado también es relativo. Recuerdo una anécdota de un vecino que veía a otro vecino recostado en una mecedora en el jardín y le preguntaba: “Con que descansando, ¿no?” Y el de la mecedora respondía: “No, trabajando”. Quien respondía era un desocupado poeta ocupando el tiempo de la mejor manera; aunque también podríamos decir que era un ocupado poeta perdiendo el tiempo de la mejor manera. Paradójico, sí, y algo enrevesado el asunto, pero es que a mí me gusta perder el tiempo con estas menudencias. Y quién sabe, posiblemente yo me muera de un infarto, y tú no. Salud, amigo, salud.

5 comentarios:

Estrellita porno en decadencia y su pentagrama dijo...

F:

1. Es raro eso de hablar en los ascensores. A lo más uno tiende a bajar la mirada o bien pegarse como babosa a los extremos.

2. Lo único "ocupado" en un reducto así es el aire y siendo esta de por sí escasa cualquier "aire de..." que pretandamos darnos carece de sentido

3. Cuando un ascensor cuenta con música es siempre tan horrible como la que se propaga en las salas de espera de abogados o dentistas.

4. El "certamen Cada día un libro" es a mi juicio de soberana importacia. Entonces queda anulado aquello de "fracasado"

5. Por fin ampliaste la cobertura de comentarios - te llegó el email? .-En fin.


5.1: Luego de leer el enunciado que has puesto para describir mi blog me ha invadido el pánico creativo. Definitivamente no estoy a la altura.

Martha Beatriz dijo...

Bueno amigo, la perderdera de tiempo sirve hasta para hacer que le busquemos las cinco patas al gato :-) Pero bien bueno, sigamos perdiendo el tiempo así, a nuestra manera..y como tú, asumamos el lujo que nos damos cuando escojemos pasarlo así. Un abrazo.

JOSE SANCHEZ ZOLLIKER dijo...

No todos puede pasarla como quieren, y si estar estressado es símbolo de éxito, ya se donde concentrarme, jeje

cereza plateada dijo...

¿Sabes que tu tienes total derecho a perder el tiempo?. Le dijo una vez alguien a alguien. Y yo me quedé pensando. Me pareció tan bueno. Así que desde ese entonces decidí; algunas veces hacer mucho y otras veces nada.

alejandro dijo...

Algo
VICENTE VERDÚ
Mi amigo chino, el doctor Kang, me hace ver que la felicidad no procede de poseer mucho dinero, mucha salud o mucho amor. Tampoco la dicha se consigue teniendo poca salud, poco dinero o poco amor. La circunstancia ideal sería aquélla en la que se conjugara algo de amor, algo de salud y algo de dinero. Si se desea agregar cualquier otro elemento, su dosis siempre deberá ser no superior ni inferior a algo. El algo es la ración áurea, el canon ideal que conduce seguro a una recompensa óptima. Contra la idea, muy occidental, según demuestran los negocios, de que lo colosal es el cenit del deseo, el doctor Kang propone la sabiduría oriental que sopesa, en el trasparente aforo del "algo", la medida insuperable de las cosas. Nunca existirá pues, tampoco, la pretensión de ser extremadamente virtuoso en nada particular, ni de rechazar en absoluto un vicio determinado por el que sintamos especial cariño. La salud es buena, pero una salud exultante es ofensiva y peligrosa y decepcionante. De la misma manera, el personaje muy rico resbala hacia la vulgaridad o la desesperanza; y, otro u otra, desaforadamente enamorados se despeñan en el ridículo o en el suicidio. La verdadera felicidad exige medida, disciplina y tino: una sabiduría muy cierta, alta y elegante. El alma funciona en la filosofía occidental como una especie de artefacto del que se espera la consecución de las cosas más enormes y estrafalarias. La mente preferida en oriente, por el contrario, es parecida a una luz natural y no halla otra cima que una visión limpia y acompasada. Un bodegón, por ejemplo, donde las frutas posean un brillo y un peso diáfanos y cuyo sabor, al cabo, ni fascine ni envenene. Sino que sirva para comer, gratificarse y procurar al estómago la culminante felicidad de algo.