miércoles, agosto 24, 2005

Yo soy Vidocq.


En Los crímenes de la calle Morgue (1841), el oscuro y deductivo chevalier C. Auguste Dupin, dice que la policía parisiense es muy astuta en sus investigaciones, pero nada más. Dice que no procede con método, "salvo el del momento", y sus sorprendentes resultados "se logran por simple diligencia y actividad". Más adelante argumenta:

"Vidocq, por ejemplo, era hombre de excelentes conjeturas y perseverante. Pero como su pensamiento carecía de suficiente eduación, erraba continuamente por el excesivo ardor de sus investigaciones. Dañaba su visión por mirar el objeto desde demasiado cerca."

Este Vidocq, referido en estas páginas de Allan Poe, tuvo existencia en el mundo real. Sin embargo, podríamos decir que también tuvo consistencia de personaje de ficción, porque Vidocq fue inventado por el mismo Vidocq, a través de sus memorias, a través de sus vivencias.
Eugéne François Vidocq, ratero, asesino, desertor, escapista, payaso, maestro del disfraz, espía, primer jefe de la Sureté y dectective privado, llegó a decir que contar todos sus éxitos sería abusar de la paciencia de los lectores. Sin embargo, abusó, y nos legó sus aventuras. En Memorias (1828) podemos leer:

"Yo nací en Arras (Francía); mis continuos disfraces, la flexibilidad de mis rasgos, y un singular poder de gesticulación, han traído duda sobre mi edad, no sería superflúo declarar aquí, que yo nací el 23 de Julio de 1775, en una casa adjunta a la que nació Robespierre diez y seis años atrás".

Arrebatado por la escritura, Vidocq nos cuenta: "Fue una noche oscura, la lluvia caía, el rayo reventaba, el trueno rodaba" La partera, medio hechicera ella, predijo que su carrera sería "turbulenta". Vidocq apela a lo sensacional, a lo mítico y a lo místico; aclara su edad como si estuviera revelando un gran misterio, nombra a Robespierre en una especie de predestinación geomántica, hace rodear su nacimiento de una atmósfera romántica indiscutible, y para finalizar le da un toque esotérico al asunto. Al escribir sus memorias, Vidocq se reinventa en el papel, pues había llevado toda una vida inventándose a sí mismo.
Desde muy joven se dedicó al delito. En algún momento desertó de la milicia, para continuar en la cochambre hamponil. Varias veces fue a prisión y siempre logró escapar; no es arriesgado decir que fue el más grande ancestro de Harry Houdini. Maestro del disfraz, lograba pasar largos períodos prófugo de la justicia. Entre sus múltiples oficios y disfraces, se encuentra el de payaso. Escapando de la ley, Vidocq se une a una tropa circense; pero otro payaso, celoso de su nuevo compañero, lo denuncia a la policía. Así, de cárcel en cárcel, de huida en huida, de disfraz en disfraz, un día Vidocq se le presenta a Monsieur Henry, jefe del departamento de policía. Le dice: "Quiero ser honesto, quizás usted pueda ayudarme. Yo soy Vidocq". Le propone usar sus habilidades y conocimientos del mundo facineroso para combatir el crimen. Henry no acepta, y ordena su encarcelamiento. Vidocq juega su última carta. Está bien, lléveme preso, pero si en el camino a la cárcel logro escapar y regreso acá, le estaré demostrando mis intenciones de reformarme, y usted perdonará mi condena. Henry acepta, Vidocq es llevado a prisión, y pocas horas después se aparece frente a Henry. Entonces comenzará la carrera policial de Vidocq. Primero como oficial encubierto sumergido en el bajo mundo. Luego, cuando es descubierto por los criminales, como jefe fundador de la Brigada de la Sureté, el primer cuerpo de inteligencia francés, cuerpo en el que por cierto militaban ex convictos reclutados por el ínclito jefe. Vidocq y su pandilla legal atestaron las cárceles de hampones, en una labor titánica nunca antes vista en Francia. Y aunque no fue un férreo investigador, introdujo muchos elementos de la investigación criminal, que hoy día parecerían esenciales, pero que para entonces no existían, como por ejemplo, llevar un registro de delincuentes. También fundará, con gran éxito, la primera agencia de detectives privados del mundo.
Eugéne François Vidocq fue leyenda en vida, unos lo admiraban, otros lo odiaban, entre estos últimos muchos policías celesos de su labor, que llegaron a decir que el ex convicto se inventaba casos para abjudicarse triunfos. Sin embargo, todos lo conocían. Su grito de guerra, el mismo que usara frente a Henry: "Yo soy Vidocq". Este hombre legendario será la fuente de inspiración de los escritores Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle en la creación de C. Auguste Dupin y Sherlock Holmes.
Se asegura que Poe inauguró el género policial, con tres obras fundamentales: Los crímenes de la calle Morgue, La Carta Robada, y El misterio de Marie Roget. Allí, Poe estableció las bases de lo que estaba por venir. Su personaje, C. Auguste Dupin, era un hombre de una mente penetrante y deductiva. De allí, que critique tan duramente a Vidocq, el astuto pillo que se pasó al lado de la ley. En Un gran policía de antaño, Alfonso Reyes refiréndose a Vidocq escribió: "(…) seguramente estas conversiones de pícaros en detectives no proceden tanto de la redención moral, como de aplicar el mismo afán de aventura y vida peligrosa al lado que ofrece, a la postre, mayores garantías prácticas de todo orden." Este ex delincuente afrontaba sus casos basándose más en el conocimiento del sub-mundo criminal que en el procedimiento analítico utilizado por Dupin, un procedimiento más cercano al método del eunuco Zadig en el Zadig (1748) de Voltaire. Pero, Vidocq, sin duda es una inspiración muy cercana para Poe, pues su fama el mundo recorría, y de hecho, Poe hace transcurrir su historia de calle Morgue en París, el centro de operaciones del legendario Vidocq.
En Sherlock Holmes, analítico e inglés, la huella del policía francés pareciera ser menos evidente. Pero no olvidemos que Holmes era un maestro del disfraz, tal como Vidocq. En El sabueso de los Baskerville, Holmes pasa más de la mitad de la novela disfrazado de pastor, mientras Watson a duras penas va tratando de desentrañar el misterio. En La aventura del hombre del labio retorcido, Watson se consigue en un antro a un Holmes disfrazado de fumador de opio, "muy enjuto, muy arrugado, encorvado por los años", y en Las aventuras de un escándolo en Bohemia, Watson nos dice:

"Eran ya cerca de las cuatro cuando se abrió la puerta y entró en la habitación un mozo de caballos, con aspecto de borracho, desaseado, de patillas largas, cara abotagada y ropas indecorosas. A pesar de hallarme acostumbrado a la asombrosa habilidad de mi amigo para el empleo de disfraces, tuve que examinarlo muy detenidamente antes de cerciorarme de que era él (Holmes) en persona."

De la 221 B de Baker Street, pasemos a Francia. Allí, la presencia de Vidocq es mucho más fuerte. Balzac, que conoció a Vidocq, se inspira en él para perfilar los personajes Corentin, Peyrade y Vautrin, según nos cuenta Alfonso Reyes. Gaboriau tiene a Lecocq, expresidiario. Lecocq, gallo clon de Vidocq. En Los indignos orígenes de la novela policial francesa, el sicólogo argentino Pablo Cazau cita a Fermín Fevre, y nosotros, lo citamos a él: "(Lecocq) tiene no sólo la misma terminología que el legendario Vidocq, sino sus mismos métodos. Como él, se disfraza, observa y reune pruebas." Pierre Ponson du Terrail tiene a Rocambole, elegante bandido, y Maurice Leblanc a Arsenio Lupin (Arsenio Lupin, caballero ladrón), hampón metido a detective.
De Vidocq hay varias películas. La más reciente, titulada simplemente Vidocq (2001), está dirigida por el recién estrenado director Pitof, quien se ha desempeñado sobre todo como director de efectos visuales de films tales como Los Visitantes, la Ciudad de los Niños Perdidos, Allien: Resurrection, Axterix y Obelix contra el César, y La Mensajera: La historia de Juana de Arco. El film de Pitof, con Gerard Depardie en el papel de Vidocq, está cargado de acción, misterio y terror, en la mejor tradición francesa. Se nos muestra un Vidocq muy cercano al que él mismo describiera en sus memorias, pero desde una perspectiva de carácter, mas no de fidelidad en cuanto a las memorias. En cambio, Un escándolo en París (1946), dirigida por Douglas Sirk, sí se ciñe más a lo escrito por Vidocq, y nos narra un largo trecho de la vida del hombre, pero se detiene en una historia de amor. Existen dos películas anteriores a este film, otra posterior y una serie de televisión francesa llamada Las nuevas aventuras de Vidocq (1971). En Francia, claro está, a Vidocq lo conocen muy bien y lo admiran.
Existe también un sociedad que le hace honor al famoso policía: La Sociedad Vidocq. Se encuentra en Filadefia, y está conformada por 82 miembros (uno por cada año que vivió Vidocq), crimólogos e investigadores forenses, cuya misión es ayudar a resolver casos complicados. Su lema: Veritas Veritatum. Quizás Vidocq nunca habría dicho tal cosa, como dijo Dupin, carecía de la educación suficiente. Él estaba más interesado en gritar: "Yo soy Vidocq". Ese era su verdadero lema.

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