martes, agosto 23, 2005

Armando José Sequera, escritor para niños crecidos.



Quizás fue mi papá quien trajo el librito a casa. O quizás lo compré yo, atraído por tan llamativo título en aquella pequeña pero inolvidable librería del Drugstore en Chacaíto. Ya no lo recuerdo. Sí tengo muy clara esa sensación de estar descubriendo un universo nuevo y hasta entonces desconocido, en la medida que me adentraba en las palabras, en esas palabras certeras, concisas, pulidas, brillantes, rítmica y dinámicas. Claro, esta halagüeña enumeración pertenece al presente; para aquel momento, a mis quince o dieciseis años, no tenía adjetivos para hacer enumeraciones. En mi cerebro simplemente llovía el encantamiento de letras que configuraban las líneas, los párrafos, los cuentos de Escena de un Spaguetti Western de Armando José Sequera. Aquella lectura me divertía, me fascinaba, iluminaba oscuridades en mi mente, y me hacía sentir un escozor en las manos: la enfermedad de la escritura. Con arrobamiento místico leía y leía, y cuando no leía, revisaba el libro, de arriba abajo, por delante, por detrás, olía sus páginas buscando entrever no sé qué otra cosa. Extrañamente, la editorial fue un detalle en el que me fijé – porque, creo yo, a esa edad las editoriales son lo de menos. Se trataba de la editorial Oox, la misma que publicaba a Otrova Gomas, a quien también había leído, para entonces buscando tan sólo una sonrisa o una carcajada (hoy día es igual, pero cada vez le descubro más seriedad de escritor - y que me perdone por esto). La presentación del librito la hacía, por cierto, el mismísimo Otrova Gomas (quien sospecho, tiene sus más avariciosos y terroríficos intereses centrados en la editorial). Dice Otrova Gomas:

"Para mucho lector ocasional y ciertos jóvenes incapaces de leer, este libro, más que un libro resultará un programa de televisión, y aún más, un grato programa dominical en el cual el clásico western macarrónico pasa a tener la dimensión de una excelente obra de humor".

De acá quiero destacar dos cosas importantes. La primera: Otrova Gomas nos engaña diciéndonos que este librito puede resultar ligero, como un programa de televisión dominical "para mucho lector ocasional y ciertos jóvenes incapaces de leer". En segundo lugar, el autor concluye que el libro puede ser percibido también como una excelente obra de humor. Pero no aclara, no especifíca en qué tipo de lector sucede este pase de ilusionista. Supongo entonces, que tal supremo truco, ha de suceder ante los ojos de cualquier lector, hasta frente al joven incapaz de leer; porque quizás, la mejor obra de humor, es la que la que, precisamente, no lo parece, y es leída como un pasatiempo que da risa.
Unas líneas más abajo, el excelso vago, llama y define a Armando José Sequera: "humorista de primera línea, en el cual, la finura de la gracia sólo es superada por la gran capacidad narrativa del autor". Y más adelante: "Armando José Sequera, logra sintetizar con maestría en las breves palabras de cada cuento, toda la esencia de lo que de por sí ya es una formidable parodia de las aventuras en el lejano oeste americano"; esto en referencia a los spaguettis western, filmes de muy bajo presupuesto, concebidos por productores y directores italianos (en específico Sergio Leone), y filmados en España a mediados de los años sesenta. Estas películas terminaron convirtiéndose en el paradigma del film de vaqueros, y al mismo tiempo, en la "parodia" más fabulosa del mismo. Pero lo que más no interesa de todo esto, es el hecho de que Otrova Gomas, en pocas palabras, en un prólogo mínimo, nos da la guía, los primeros pasos para comprender la literatura de Armando José Sequera.
En fin, confudido por esta trampa cazabobos montada magistralmente por ambos escritores bajo el amparo de editorial Oox, me vi equiparando a Otrova Gomas y Armando José Sequera. Los sentía iguales: ambos eran humoristas, ambos escribían para hacer reir, ambos se divertían con la escritura. Después, en otro tiempo, en los pasillos de Letras quizás, los olvidé, y quizás los consideré poco valiosos. Ahora, alejado de aquellos pasillos y de cierta gente non grata, debo confesar, fui injusto en mi menosprecio inconciente. Son diferentes sí – pues cada quien ha abordado distintos caminos del humor-, pero los iguala su humilde y "aficionada" (si me permite Monterroso) altura de grandes autores. Pero también son iguales, porque quizás escriban para hacer reir, pero también para hacerte pensar, para sacarte de este mundo, para entretenerte, y sobre todo, para divertirse ellos mismos, para salvarse sin muchas complicaciones ni intensidades… en fin, para todo para lo que la verdadera literatura sirve. Recordemos una vez más a Augusto Monterroso: "Escribir novelas, cuentos o poesía no es una ocupación seria. Por lo contrario, es una locura o chifladura que habría que disfrutar como tal para que los demás puedan recibir parte de ese goce".
Pero esta evocación no estaría completa sino retrato también una imagen externa: la mía, sentado frente a una entreñable Apple IIc, escribiendo escribiendo, inspirado por la escritura de Armando José y de Otrova. Los vaqueros que iban cuesta abajo en la rodada y a los que no se les caía el sombrero, se me transformaban en vampiros tropicales que se tomaban una piña colada a la luz del día y conversaban tranquilamente con turistas estupefactos. Escribía cuenticos, breves, simpáticos, fatalmente inocentones - y ya desaparecidos. Se me mezclaban los textos de Escena de un Spaguetti Western con un episodio maravilloso de El Terrorista (una vez más: ediciones Oox) de Otrova Gomas, donde el protagonista debe ir a matar a un grupo de vampiros en Transilvania. Yo copiaba estilo, copiaba temáticas, copiaba en mi admiración.
Hoy día, he vuelto a la relectura de ambos autores. Hoy día, me parecen realmente portentosos. Otrova Gomas, como escribe Luis Britto García, afortudamente cumple la hazaña de "ser ignorado por la crírtica ignorante". A Armando José Sequera, se le ha reeditado (excelente la recopilación titulada "Mosaico", de ediciones "El otro, el Mismo", coordinada por Víctor Bravo), y ha sido reconocido y premiado con una justicia paradójica: se le premia como escritor infantil o juvenil (nacional e internacionalmente, con un Casa de las Américas, y un diploma de honor IBBY incluídos).
El mismo Sequera se reconoce como escritor "con la tarea de escribir para el futuro". En una ponencia del año 2001, titulada: "Sobre la literatura infantil venezolana y sus autores (que los hay)", hace la defensa de la escritura infantil en Venezuela, se ubica dentro de ella, afirma la existencia de un movimiento actual de autores con su "propia personalidad y estilo literario", y hace una observación fundamental:

"Nos unifican, además, los criterios acerca de lo que hacemos, pues tenemos conciencia de que la literatura para niños y jóvenes es simplemente literatura, sin adjetivos ni complementos. De hecho, la mayoría publicamos obras para niños o jóvenes y también para adultos".

Importante es la noción que anota Sequera sobre la literatura, "sin adjetivos, sin complementos". Más adelante dice:

"En este sentido, es bueno aclarar que procuramos hacer literatura antes que nada, algo que suena pecaminoso e irreverente a quienes mantienen intacta la noción según la cual nuestros niños son retrasados mentales en potencia y requieren de la muleta ilustrativa hasta unas horas antes de su jubilación, décadas más tarde."

Aquellos niños o aquellos jóvenes que lean a Armando José Sequera, están leyendo lo mejor de la literatura venezolana, y cuando crezcan, ojalá lo sigan leyendo, porque sabrán y reconocerán su calidad literaria, su libertad absoluta por encima de las modas. Pero insisto, Sequera – sobre quien este texto versa, aunque Otrova Gomas se me haya coleado -, es mucho más que escritura infantil o juvenil. Sus versiones –muy particulares- de cuentos policiales, como Cuatros extremos de una soga o La ubicua muerta de Madame Charlotte, son relatos perfectos, obras maestras.
Como ya acoté, Sequera parece haber tomado otro camino en el difícil arte del humor en referencia a Otrova Gomas. El humor que el segundo maneja es más perverso, más cercano a la propuesta antropofágica de Swift para acabar con los niños pobres de Irlanda, y a la melancolía malvada de Maldoror del Conde de Lautréamont. Armando José Sequera, por su parte, también se ha hundido en profundidades complejas y peligrosas (y a veces también perversas, aunque este lado poco lo muestre): ha buscado humor en las profundidades –¿o superficies?- iluminadas de la mente infantil. Sequera trabaja ese aspecto del humor aparentemente simple e inocente, breve y de una ternura tan humana que toca lo angélico; un rayo de preclaridad engendrado en la mente del niño que te da un lepe en la frente, te "ilumina" y te hace decir: "¡pero caramba, porque no había visto el mundo de esta manera!". Llegar a captar esa visión, convertirla en humor, comprenderla, expresarla correctamente, es tan difícil como inventarse una insólita máquina de torturas. Y ya lo dijo el mismo autor: se trata de literatura, simplemente.
Para terminar, leamos el cuento Arco iris muerto del libro Teresa (ganador del premio "Canta Pirulero" 1998):

Un día, un carro se detuvo frente a nuestro edificio por un problema en el motor y, para que anduviera de nuevo, le cambiaron el aceite.
Cuando el carro se fue, quedó en la calzada un pequeño pozo de aceite que con el sol cambiaba de colores.
Al rato, cuando Teresa llegó del kinder, se quedó parada frente a donde estaba el aceite y después de contemplarlo con asombro durante unos segundos, dijo: "¡Mira, mami, qué cosa tan triste: un arco iris muerto!"

Un cuento para niños, sí, para el niño – y disculpa, lector, lo ridículo – que todos llevamos por dentro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

sinceramente desconocia a este maravilloso autor, pero desde que en la universidad me toco realizar un trabajo sobre él me he interesado en conseguir sus obras que terminaron siendo para mi, como un respiro para el alma y un alimento para el corazon, ¡es verdadera literatura!. Y en el caso de la literatura infantil,es la mejor opción que existe para llevar al aula. Recomiendo "un mundo de colores", "teresa" y "mi mamá es más bonita que la tuya". Su lectura es tan amena que la puede disfrutar tanto el niño como el adulto!!!

Anónimo dijo...

es kalida pero teresa nunca va a crecer??

Santandher dijo...

MI HIJO ME CONTO QUE LEYO UN CUENTO QUE HABLA DE UN HOMBRE QUE LE QUITARON UN PIE Y UN PORTERO, Y QUE LE MATAN A LA MADRE, TENDRE QUE LEERLO PERO DE ENTRADA NO ME PARECEN LA MEJOR ESTRUCTURA DE UN CUENTO, SOBRE TODO QUE LE MATEN A LA MAMA, QUE FRUSTRACION TAN GRANDE